Mitopoética evolutiva, taxonomía literaria, criptozoología lírica y metapoiesis biológica del calamar gigante1
BALAM RODRIGO
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Ars decápoda quinta
[La poesía es el Kraken literario: ni el método, ni las categorías, ni el canon, ni la academia, ni la cursilería, ni la estupidez, ni género escritural alguno alienado por las cadenas del sesgo o el circo del espectáculo podrán domesticarla.]
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Justificación cefalópoda
[Decamórfica su carne invertebrada, décimos los tejidos celulares del Kraken, su rojo y sagrado manto, su bioluminiscente y mimética piel que se eriza y trasmuta de color para adaptarse al paisaje cambiante de su ecológico nicho; así también el corazón del poeta, mimético y mutante a semejanza de la palabra, cuyo latido y cuya piel de lenguajes se adaptan a su entero o medio ambiente al simular atmósferas, semejar imágenes, imitar otros mitos y cantos, tal como el Kraken canta por la piel cromatofórica y escribe signos ilegibles en el agua oscura con sus fotóforos, así como el humano índice tatúa sonidos en la arena atravesando de diestra a siniestra las diez versiculares sílabas del Kraken al escribir: Architeuthis dux : Lux est umbra Dei, inequívocos símbolos de su homínida animalidad cuando late música desde su cardio al retrotraerse y conocer la decígrada carne de la lujuria o comer, en comunión teofágica, los tejidos del sagrado manto del Kraken, deidad en ángel décimo arrancado a la faz de las tinieblas acuáticas, doble requinto de tentáculos para tocar la música de las celestes aguas con su campanular cuerpo de litófono y divino banjo tañido en sus diez cuerdas por Él: hierática sonata en décima y última luz. El Homo sapiens se mira en los inéditos y especulares ojos del Kraken, los más grandes y complejos del reino Animalia, que evolucionaron como la lengua y el corazón del poeta para ver con mayor eficiencia en el abismo, adaptación biológica y poemática para cazar mejor a sus presas de verso y prosa en la espesa turbidez de la sangre, ahí donde toda poesía es bioluminiscente y mimética como la piel del Kraken, escritura decamórfica que mana desde la lengua cefalópoda y late chorros de tinta negrísima para escapar de sus depredadores, aquellos que intentan hachar la decasilábica carne del cálamo de mar, es decir, borrar, talar de la escritura, del arte, el logaritmo a la décima potencia de una poesía sin mandamientos, sin géneros, sin ataduras, como aquella cifrada en el corazón molusco de quien tatúa los ojos con los versos y los signos abisales apresados en estas páginas por los tentáculos y la tinta decimal del Kraken.]
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Hipótesis invertebrada
[Ninguna lengua. Y en el lugar de la boca, diez mil ventosas llenas de picos, diamantes, piedras de amolar y afilar el viento. Ninguna lengua. Y en la cavidad sin nombres ni palabras, desyerbada ya de sargazos, gritos y fonemas, brillan diez tentáculos rojos, diez ramas cuya inflorescencia es ramillete de ventosas recién nacidas y esmeriladas sobre adiamantada roca de sal. Ninguna lengua. Sólo un relámpago de carne partido en diez báculos de luz, tentáculos que aprietan el aire, que asfixian las voces, que estrangulan las palabras, las domeñadas palabras, las amansadas palabras, las inútiles palabras. Lengua que no es lengua, relámpago líquido, lengua múltiple, décima lengua, lengua líquida, lengua Kraken, poeta: carne que habla.]
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Mitopoética I.
Decapitó y tomó la cabeza de la Gorgona, luego besó cada una de las lenguas de serpiente de su múltiple boca y le arrancó un grito de piedra. Estiró las diez largas serpientes de su cabello y las rasgó como quien rasga diez velos, como quien tañe salvajemente una cítara de cuerdas vivas. Una decena de gritos salió de la única boca en cabeza de guitarra, Gorgona de requinto doble, gemelo. Sordo en decenas por el aullido musical, arrojó la cabeza a los confines del mar, y el mar gritó con boca de maelström, engullendo la cabeza inerte de Gorgona que abrió las dos bocas de sus ojos y mordió la cabeza del mar hasta arrancarle sus lenguas de espuma. Algo como un cetro rojo de diez brazos emergió de aquel lugar donde se ahogaron las ofídicas lenguas de Gorgona (Figs. 18-19). Así nació el Kraken, decapitada cabeza de gallo con diez plumas, cercenada cabeza de la serpiente emplumada, dios decapitado en líquido inframundo por diez afiladas lenguas de obsidiana, ahogada cabeza de Caravaggio que desciende a los abismos de tinta y sus diez oscuros gritos revolviendo lo profundo del mar. Kraken, máscara de Dios, décima circuncisión del corazón de la locura: Kraken, decápodo corazón de mar.
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Mitopoética X.
Piénsese en las raíces del árbol Yggdrasil. En sus nueve ramas cósmicas que lo abarcan todo. Piénsese en las matemáticas del sistema decimal castradas, con una cifra o rama quebrada: nueve testas. Piénsese en la cabeza de la Gorgona, decapitada por Perseo. La cabeza de Medusa no es otra que la rama faltante al Yggdrasil hasta sumar una decena de ramas, una decena de falos, una decena de lenguas, decandra. Talar el Yggdrasil con el hacha de la lengua, decapitar su cabeza de nueve ramas más otra. Invertir el árbol talado, desangrado, y dirigir sus ramas hacia el cielo para estrujar las galaxias con manos de madera y contraerlas en apretada vía Láctea hasta ordeñar su negra luz. Piénsese en una rama de mar, en la raíz del océano, en el Kraken extendiendo sus apéndices y ventosas hacia el cielo. Piénsese en talar o decapitar, en castrar, en arrancar la lengua. Para callar al poeta habrá que arrancar cada una de sus diez lenguas, matar al Kraken dormido en la ventosa espiralada de su boca o talar las nueve ramas más una que le crecen desde el árbol del pecho hasta el mar de salivas del cielo: huracán categoría diez, pequeña deidad decápoda que no puede silenciarse al igual que el mar, que el Kraken, que los diez relámpagos que no cesan de manar luz y oscuridad desde su boca].
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Metapoética 4. (Primer tentáculo y maza)
Un alado y onírico clavo atravesó la cabeza párvula del que escribe y la clavó para siempre al madero de la poesía.
Los versos de su ejercicio poético están escritos con afilada lengua en el abismo, su visible y único cuaderno.
Sabedor de que una vez escrito el poema no existe más y su rumor primigenio se ha perdido, el poeta de naturaleza reflexiva y antilírica bien sabe que el poema es pájaro inasible, vuelo enjaulado, música sorda, filosófica brújula para extraviar el rumbo.
Apólogo de la derrota como cualquier antipoeta, el tatuador del humo escribe no con la punta del grafito, sino con el extremo otro del lápiz hasta borrar su rostro y el tuyo, y de paso borrar con saña y crudeza la escatológica soberbia de los poetas.
Ciega faena de inteligencia verbal, astilla para el miope ojo de los líridas, testamento paradójico y contundente del que taja el aire con sencillez sobre la vacuidad de las borrosas y desnudas manos del lector.
Frente a vos estos pedazos sangrantes del mundo cincelados con tinta indeleble sobre la lápida blanca de las páginas: contrapoema
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Kraken fractal I.
Pienso en un vórtice, remolino entre la mansa carne de las aguas, vortex.
Un remolino en altamar es maelström de carne líquida: Kraken: torbellino de tinta, paradoja espiralada que paletea con remos en decena la turquesa espesura del fondo marino y desata fractalmente el caos: galaxia mínima, huracán máximo.
Espiral fragmentada, fracturada, soñada por Isaac Newton y Benoît Mandelbrot quizá en forma de una jibia o sepia gigante que se enrosca sobre sí misma apretando sus podos o remos de carne hasta enroscar el agua y la lengua fractal de quien lee o escribe: espiral.
Al observar con detenimiento el inicio de cualquier remolino —óvulo de vórtice— hallaremos que el embrión de Kraken es objeto fractal, organismo de carne inmersa en fractalidad, conjunto metafórico de diez armados brazos que goza de autosimilitud a cualquier escala, sobre todo a escala literaria: animal rúnico y metamórfico.
Si incrementamos el conjunto de diez brazos más la cabeza y los ojos que hacen del cefalópodo una estructura u objeto fractal de células, hallaremos el mismo patrón en una lejana galaxia y su remolino de luz y gravedad que será devorada en el futuro —aunque se aleje a la velocidad de la luz— por la materia oscura.
A escala mayor, el Kraken fractal no depende del observador para ser en sí, únicamente al incrementar su figura al doble, que es igual a la metáfora inicial.
Metáfora tridimensional y autosimilar al vórtice, a la galaxia, al poema enroscado en cualquiera de las ventosas múltiples del Kraken, a su melena neobentónica, a su manto que se enrolla desde el pensamiento embrionario de la deidad, enroscado en la tinta que escribe en torno al caos, líneas que se curvan en letras que semejan espirales, que son fractales, que son hipótesis de lenguaje. Poesía: Kraken fractal
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Kraken fractal III.
En un mundo como el nuestro queda poco espacio para lo salvaje, para el misterio, para el asombro.
La informática y el mundo virtual han transmutado el conjunto de símbolos y reglas que utilizamos para representar datos numéricos, el sistema decimal de numeración —Kraken matemático—, en una triple combinación de sistemas: binario, octal y decimal.
La conjetura derivada nos muestra que el animal humano es un objeto binario, bípedo, que se encuentra extraviado en la vacuidad del amor narcisista —náufrago del finito mar de su ego— y se posiciona siempre frente al espejo múltiple del odio, uniendo sus dos manos pentadáctilas, quíntuples, para multiplicar la amargura —y no el ágape— por diez; el sistema octal es alegoría zoológica de los octópodos tanto como concentración espiritual del dharma hinduista al extender, siglos después, sus ocho apéndices en el noble sendero óctuple del Buda: perfectos entendimiento, pensamiento, palabra, acción, modo de subsistencia, esfuerzo, atención y concentración (tríada de sabiduría, moral y meditación); y según el conocimiento poético del mundo, el tercer sistema es el decimal, proyectado en el sistema binario más el sistema octal.
Por tanto, la imagen que podemos inferir es la de un octópodo azul o dorado devorando al Homo sapiens más la proyección doble de la cuadratura de los apegos y el sufrimiento suyos.
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Discusión (decápoda y biocéntrica)
I.
Hemos querido domesticar a Dios en la vana repetición de plegarias y palabras vacías, con oraciones aprendidas y masculladas sin sentido; hemos intentado domesticar al mar con dragas, puertos y diques, y el océano mar, apenas con el leve bostezo de un tifón o huracán, nos grita dulcemente que no pueden domarse las crines del agua ni el viento; ni domesticar la lengua en el lenguaje, el amor en la pornografía que vende impalpables imágenes sin carne, carne molusca que se pudre sin palabras bajo paletadas de horror y temor.
Pero el poema, tal como el Kraken y su decápoda y salvaje bestialidad, no podrá amaestrarse jamás, y hasta los más pequeños organismos, los diminutos e invisibles virus, se niegan evolutivamente a ser domesticados y en la fragmentación de los tentáculos de su espiral de ADN nos muestran todo un código sin revelarnos nada: el orden natural no puede domeñarse, como tampoco su rebelde espíritu ni su universal dignidad, los cuales deben y deberán permanecer salvajes.
En toda EvA(RN) y todo AD(á)N se encuentra el indomable espíritu del Homo sapiens, y también del Architeuthis dux, el Kraken.
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Deducción b)
IX.
Homo midas está obsesionado con mascotizarlo y jardinizarlo todo: antropomorfizar los seis reinos de la naturaleza: Bacteria, Archaea, Protista, Plantae, Animalia y Fungi: cada ser no humano (unicelular o pluricelular) deberá sujetarse a los dominios y al toque domesticador de nuestra infinita ambición, todas y cada una de las especies del planeta que estén cerca o lejos del alcance de nuestra larga y destructiva mano, tarde o temprano serán sometidas, sojuzgadas y dominadas: al asomarse al estanque de la naturaleza amaestrada, el reflejo de las artificiales aguas devolverá únicamente nuestro rostro: Narciso sapiens, homínida mascota enamorada eternamente de su informe y solitaria imagen.
Referencias
1 (Architeuthis dux Steenstrup, 1857). (Dirección de Editorial Universitaria/Publicaciones UANL/Instituto de Cultura del Estado de Durango, México, 72 p., 2024). ISBN: 978-607-27-2553-9