IBÁN DE LEÓN
La obra poética de Balam Rodrigo posee, en su génesis, una íntima correspondencia con el paisaje de infancia del autor: la profusión selvática que conjuga torrenciales frondas, caudalosos e incesantes afluentes, el mundo indescifrable que se reproduce entre días lluviosos de montaña, colmados de sol y niebla al mismo tiempo, la verde y exuberante vegetación, el Soconusco, compendio de todo lo vivo. La fauna y sus ecos entrando por ventanas y puertas, a toda hora. Además de las voces humanas que atraviesan, cruzan, esa frontera al sur de nuestro país, Centroamérica, babel de carencias, donde infinidad de personas están sólo de paso, cuya urbanización crece también caprichosamente. La poesía de Balam se encuentra surcada por todos esos movimientos, como un entramado vital que procura salirse de los moldes, tocar un sitio para luego desplazarse y volver, sin permanecer nunca estático.
Se trata de una búsqueda continua: la maleza que reclama su reino y surge de nuevo tras ser arrasada, que invade en un descuido las hendiduras del concreto, que nace (o renace) en los lugares menos esperados, que regresa siempre para recuperar el territorio perdido: una pared, banquetas, azoteas. Eso significa, me parece, el trabajo del chiapaneco. El habla vivo que se regenera y muta, que se mueve o, mejor, que se expande. Poesía que es otra y siempre la misma. Yo diría que Balam es un niño jugando con el lenguaje y sus posibilidades en el patio de la casa materna. Su obra recoge definitivamente la exuberancia de lo selvático. Su aliento barroco (o neobarroco) incluye, además de la trasmigración de la forma, de la exploración y el cambio en el registro de voz, un variado repertorio temático. Como él mismo señala:
«He escrito sobre diversos temas, el mar, la muerte, las plantas, el fasto natural, el amor (ágape, filial, erótico), el lenguaje, la poesía, el acto de escribir, la fotografía, la migración, las tribulaciones estéticas y religiosas, etc. Es decir, intento que la poesía sea el eje principal de mi trabajo, más allá del tema elegido en mi obra.»1
Hay, pues, en el oficio de Balam Rodrigo una pluralidad de transiciones que desbordan la página, cuya poética podría definirse por su vocación renovadora, en la que prevalece, sobre todo, una apuesta personal de escritura, a la cual podríamos calificar como migratoria. No obstante, a pesar de los giros sorpresivos, del fasto en las imágenes que se alteran deliberadamente, se advierte una voz bien definida, madura, de una inteligencia fecunda: una voz propia que destaca frente al resto de voces de su entorno. En este punto, podríamos volver la mirada hacia libros como Silencia, cuya delicadeza de tono, la precisión del lenguaje, su empeño evocativo, lo convierten en uno de los libros más bellos que ha escrito Balam. En otro sitio hallamos el barroquismo, la ardua estructura que poseen títulos como Larva agonía. Y más allá el hermético acento de Iceberg negro, la pura intuición atravesada por la divinidad, el deslumbramiento de lo oscuro. Menciono estos tres títulos al azar, a manera de ejemplo, pues la producción del poeta chiapaneco es también abundante.
Me parece que estas búsquedas tienen su sitio más alto, quizá su puerto de llegada, en Libro centroamericano de los muertos: en él, y esta es una opinión personal, convergen los caminos trazados con anterioridad: los diferentes registros, la sintaxis compleja, los neologismos, las imágenes que proliferan y nublan la lectura, la polifonía de voces que alternan y se difuminan, entre otros. Estamos ante una pieza en la que el poeta ha conjugado las herramientas, los recursos, las propuestas de sus libros pasados.
En ese sentido, el Kraken surge como un momento de inflexión, una vuelta deliberada hacia otras rutas, esa necesidad cuyas exploraciones no claudican, no se dejan arrastrar hacia la temida zona de confort. Coloco al Kraken junto a los libros de poesía de Balam, aunque ganó un premio de ensayo, porque para mí es, esencialmente, un libro de poesía que se presenta como artículo científico. Ciertamente su hechura cumple con las características del ensayo de investigación, pero en el fondo no es difícil descubrir que la inquietud central sigue siendo, como el autor ha dicho, la poesía. Ahí, en medio de la meticulosa labor académica, podemos notar el ritmo del poema, las imágenes espléndidas a las que el poeta nos tiene acostumbrados, ciertas figuras dominantes, la adjetivación peculiar, entre otros recursos propios de la obra de Balam Rodrigo.
Esta circunstancia, que el texto tenga la disposición del ensayo, suscita en el lector la facilidad para adentrarse en las aguas complejas de la poesía. El libro nos muestra su estructura, nos dice de qué está hecho, mientras nos conduce por el sendero intermitente de los avistamientos del calamar gigante, sus apariciones en la literatura, su mítica anatomía, etc. Toda la información está ahí, entregada con honesta generosidad. Al ir comprendiendo qué es el kraken, sus implicaciones metafóricas en el mundo, o los mundos, vamos también recorriendo las preocupaciones estéticas y éticas de quien escribe, sus pesares y sus miedos, los miedos humanos, su fascinación por el misterio de la vida, su fugacidad. Y, a pesar de la evidente transparencia en los engranes del discurso, al final queda algo latiendo en las profundidades donde se mueve el cefalópodo, algo que no se puede decir, quizá, con las gastadas palabras de siempre, ese enigma que es el kraken literario, la poesía en su estado salvaje, no domesticado ni mascotizado, inaprehensible.
Referencias
1 Lucía Sarauz, “Entrevista a Balam Rodrigo”, en Diario Noticias, Voz e Imagen de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, diciembre de 2014.
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Balam Rodrigo (Villa de Comaltitlán, Soconusco, Chiapas, 1974). Exfutbolista, biólogo por la UNAM y diplomado en teología pastoral, autor de una cincuentena de libros de poesía y dos libros de ensayo. Obra literaria reciente: Álbum familiar centroamericano (Metáfora Editores, Quetzaltenango, Guatemala, 2026), Livre centre-américain des morts (L’extrême contemporain, Saint-Gilles, France, 2026), Libro centroamericano dei morti (Edizioni Ensemble, Roma, Italia, 2026), Machete sin hoja al que le falta el mango (FCE, México, 2025), Ceibario (versión kaqchikel-español, Metáfora Editores, Quetzaltenango, Guatemala, 2025), Kraken (UANL/ICED, México, 2025), Iceberg negro (La Primera Vértebra, Argentina, 2024), Machete sin hoja al que le falta el mango (Editorial Cultura, Guatemala, 2023), Áspero clamor de cuerda rota (prosario lírico para Gilberto Owen) (Typotaller/Fomento Editorial Guadalajara, México, 2023), Ceibario (Lengua de Barro, México, 2023), Central American Book of The Dead (FlowerSong Press, McAllen Texas, USA, 2023) y Marabunta (Editorial Arte y Literatura, Cuba, 2022). Sus poemas, que aparecen en antologías, revistas y diarios de México y otros 15 países, se han traducido al francés, inglés, italiano, kaqchikel, macedonio, polaco, portugués y zapoteco. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México (emisiones 2013, 2017 y 2022) y becario de la Borchard Foundation Center on Literary Arts (2024-2026). En las últimas décadas su obra literaria se ha centrado en la defensa de los derechos humanos de personas migrantes y víctimas de desaparición forzada. Actualmente analiza representaciones de la naturaleza en la literatura desde una perspectiva biocéntrica y ecocrítica.