Hola, mi nombre es Edgar Rodolfo Pérez Anaya. Tengo un proyecto que se llama Librería Esteroide B612. Es una librería que estaba en el centro de San Luis Potosí.
EDGAR RODOLFO PÉREZ ANAYA: Ahora sólo funciona de manera virtual, ya que la pérdida del espacio obligó a eso. Durante algunos momentos de ocio en la librería me ponía a escribir un poco. Estos escritos fueron tomando forma y, como también me dedico a la narración oral, a veces ha habido la necesidad de transformar esos cuentos de la narración oral a narraciones escritas, o de las narraciones escritas tomar elementos para ir a las escuelas con los niños a contar los cuentos.
Esa dicotomía se ha complementado muy bien, pero en este momento justo se llega al punto en el que la parte escrita alcanza una meta y se refleja en la edición de un primer libro. Mucho de la escritura también tiene que ver con reseñas de libros que se hacen en la página, pero en este caso es narrativa lo que sale en un primer libro.
EL MECHERO: Sabemos que la temática, el género sobre el que escribes, es ciencia ficción. ¿Nos podrías hablar un poco de qué va tu primer libro?
EDGAR RODOLFO PÉREZ ANAYA: Sí, claro. Justo lo que más escribo es ciencia ficción o terror.
En Latinoamérica le pusieron un nombre muy específico. Yo he leído a Bioy Casares y sus cuentos me parecen por completo ciencia ficción. Algunos de Borges también lo son, pero acá les pusieron otra clasificación.
Yo me declaro partidario del nombre de la ciencia ficción. Entonces los cuentos que están ahí escritos van en ese sentido y van desde la especulación científica hasta dinámicas que pueden ser horror cósmico o terror en toda la expresión de la palabra. Ciencia ficción porque, decía Stanisław Lem, tiene el objetivo de crear una distorsión cognitiva en el lector. Entonces, en esta idea de querer romper con la cotidianidad y con la realidad, me puse a escribir ciencia ficción. Es una manera también de evadirse de la cotidianidad o de la precariedad en la que uno vive.
Y eso se puede transformar en relatos de esa misma cotidianidad, pero llevados a la ciencia ficción. La mayoría de la ciencia ficción que yo he leído es muy política. Recuerdo, por ejemplo, Las Torres del Silencio de Turner. Es muy política. Bueno, clásicos como 1984 o Un mundo feliz de Aldous Huxley son muy políticos.
EL MECHERO: ¿Cómo interpretas o cómo asumes tú este choque de lo político con crear mundos aleatorios al nuestro, mundos diferentes al que estamos viviendo, o distopías, se podría decir?
EDGAR RODOLFO PÉREZ ANAYA: Sí, están completamente vinculados porque imaginar escenarios futuros posibles o imposibles siempre va acompañado de una visión o crítica social, a partir de la cual fue necesario llegar a ese punto.
Entonces la ciencia ficción siempre va a tener una liga muy estrecha con la crítica social. Sobre todo se da más en las novelas, porque ahí hay una manera de expandir el entorno, la vida de los personajes. En los cuentos, aunque pudiera ser, más bien depende del entorno o de la situación en la cual se desarrollan.
Pero como el cuento debe ser más breve, a veces no alcanza tanto para hacer la crítica social que sí alcanzan otras novelas, que puede ser muy mordaz y acertada. Decía un escritor en una conferencia, no hace tantos días, que en los setentas los grupos políticos radicales de izquierda, en vez de ponerse a leer a Marx o a Lenin, o aburrirse sólo con Marx y Lenin, empezaron a leer ciencia ficción. Y cuando alguien los cuestionó, respondieron: “es que justo de eso se trata, de romper la realidad, de romper con lo que estamos y de soñar con algo distinto en el futuro”.
Entonces creo que siempre va muy ligada la crítica social con la ciencia ficción. Sí, claro, por eso tanto auge de la ciencia ficción rusa durante el siglo XX, por esta ligadura de crítica social con mundos posibles o imposibles, como lo mencionas.
EL MECHERO: Por otro lado, hablando sobre tu libro, ¿de cuántos cuentos está compuesto?
EDGAR RODOLFO PÉREZ ANAYA: Son 20 cuentos, pero por una cuestión de facilidad en la distribución y en la difusión de la lectura —porque por experiencia propia, cuando voy a escuelas, sobre todo secundarias o bachilleratos, el uso de la tecnología ha hecho que la lectura se vea en tercer, cuarto o quinto plano— casi no hay un acercamiento a ella. Y que los jóvenes se acerquen a un libro ya de antemano, y que además sea bastante grueso, para ellos es un freno.
Entonces se partió en dos. Esta primera antología tiene 10 cuentos y los otros 10 están en la segunda. Ambas se llaman Crisantemos, lo único que cambia es el color del crisantemo en la portada. La selección de cuentos fue elegida para que cada parte tenga lo necesario. Hay unos que en lo personal me parecen muy chingones, y otros que quizá mantienen un ritmo distinto, que le pueden gustar a un tipo de lector u a otro.
Algunos cuentos son muy potosinos, y quien sea de San Luis Potosí se va a identificar con ellos por las referencias, aunque un lector de otro sitio quizá no las capte. Eso no quiere decir que la historia no le guste, porque la trama corre en paralelo a esas referencias.
En este primer tomo hay de todo: una maldición en una casa en Iztapalapa, un paseo por el Panteón y el Jardín de San Fernando donde se reúnen libreros, o especulación científica al estilo de la ciencia ficción rusa. El último cuento, La torpeza de las lagartijas, simula esa tradición rusa y termina con un apocalipsis. No se centra tanto en que el mundo se va a acabar, sino en cómo se va a acabar.
En otros relatos hay ecos de series como Black Mirror (aunque sólo he visto algún capítulo suelto). Que alguien me diga que un cuento mío se parece a esa serie me halaga, porque quiere decir que está bien logrado.
EL MECHERO: ¿Hay planes de introducir algo de estos textos en tu proyecto de narración oral?
EDGAR RODOLFO PÉREZ ANAYA: Sí, sobre todo en secundaria, para llamar la atención. En primaria hago otros cuentos. En este libro hay relatos cortos de terror que se pueden leer en voz alta. Uno que me gusta es La guerra de los osos, donde todo el escrito es un clímax, como si se tratara de una guerra entre humanos y osos.
También hay cuentos que permiten hablar de hechos históricos. Por ejemplo, el 2 de octubre en Tlatelolco. En esa dinámica política se puede hacer conciencia y luego preguntar: ¿qué pasaría si, además del encuentro entre estudiantes y soldados, hubiera habido un tercer actor? Ese cuento introduce una criatura que se lleva entre sus garras tanto a soldados como a militantes.
Eso me gusta llamarlo “terror histórico”: a partir de un suceso real se desarrolla una situación de terror. En este caso no es un vampiro guapetón estilo Crepúsculo, sino un ser descarnado, deforme y malvado. Cuando lo cuento en escuelas, sobre todo de nivel superior, los estudiantes se quedan intrigados y quieren leer más.
EL MECHERO: Para finalizar, ¿algo que quieras agregar para los lectores de El Mechero?
EDGAR RODOLFO PÉREZ ANAYA: Ya participé en El Mechero con una comparación entre una novela de ciencia ficción y la especulación científica de la que hablaba.
Me gustaría que los lectores supieran que, como se dice en el prólogo de Crisantemos, esta obra no pretende volverse la revelación de las letras latinoamericanas. La intención es la difusión de la lectura, salir a las calles, hacerla amigable. Estos cuentos buscan ser un desestrés, una distracción, un rato curioso. Puede que dejen datos o palabras interesantes que sorprendan al lector. A lo mejor no soy un gran científico, pero al menos leo.
Entonces, los cuentos llevan esa intención de difusión y me gustaría que los lectores de El Mechero lo tuvieran en cuenta.






