DANIEL MARTÍNEZ
Se acaba de estrenar el documental Iron Maiden: Burning Ambition y, para cualquier fan de la banda, esta es una formidable noticia. Porque, como lo dicen las palabras con las que abre, “se trata de los fans, siempre se ha tratado de los fans”; de esa comunidad global de la Doncella de Hierro. Tanto es así que, en el documental podemos ver testimonios de fanáticos de varias latitudes, incluyendo hispanoparlantes latinoamericanos y españoles hablando sobre lo que significa para ellos la música de los heavymetaleros británicos. Y lo que lo vuelve aún más apetecible, es que entre los fans se incluyen a personalidades como Lars Ulrich, Scott Ian, Tom Morello y Javier Bardem hablando sobre su pasión por la banda londinense. En especial se disfruta viendo al actor español, que se expresa con un goce y una pasión que contagian. No soy lo que se suele llamar un “metalero”, pero de Iron Maiden sí soy, si no un fan, al menos un seguidor. De ese heavy metal tan fino y melódico a la vez que potente que hacen Steve Harris y compañía.
Iron Maiden: Burning Ambition nos presenta una visión más cruda y personal de la historia de la banda, en especial los años de formación e inicios. Narra de qué manera un barrendero londinense fundó una de las bandas más importantes de la historia del Metal: Steve Harris, bajista, líder, fundador y compositor principal. Cómo en sus primeros años tuvieron un gran vocalista que se dejó llevar por los excesos y decidió retirarse de la banda antes de que lo retiraran: Paul Di’Anno. Cómo llegó un nuevo cantante que al principio dividía opiniones y luego se volvió el corazón de la banda a tal punto de que resultó imprescindible: Bruce Dickinson. Cómo durante un lapso breve tuvieron a un tercer vocalista que convenció a muy pocos e hizo caer estrepitosamente la popularidad del grupo: Blaze Bayley. Cómo hubo relevos de guitarristas hasta llegar a tener tres que conformaron un acople increíble: Adrian Smith y compañía. Cómo Bruce Dickinson no pudo vivir sin su Doncella ―y viceversa―, volvió para el año 2000 y en 2014 venció a un cáncer de garganta. Y por último, de qué modo en 2024 el baterista Nicko McBrain se retiró de las presentaciones en vivo, el 28 de junio del siguiente año volvieron a casa y en el emblemático estadio de Wembley presentaron al relevo.
Pero como decíamos, “se trata de los fans”. Uno de los aspectos más llamativos de este documental es ver a los fanáticos, célebres o no, hablar en distintas lenguas y desde distintas naciones de su afición por la banda y lo que significa en sus vidas. Escuchar a algunos decir que la banda los ayudó a salir adelante de catástrofes como la guerra civil libanesa, la guerra de Yugoslavia o el derribamiento de las Torres Gemelas, conmueve porque le recuerda a uno que la música es mucho más que una simple afición: es algo que forma parte fundamental de nuestras vidas, la acompaña e incluso puede llegar a cambiarla. Que una canción nos puede recordar cómo nos levantamos de una caída muy dura o nos acompañó en nuestros momentos más dichosos; o que un álbum o un artista fueron la banda sonora de un capítulo fundamental de nuestras vidas.
Y es que, una vez que conoces a Iron Maiden, es imposible no sentirte atraído por su poder, por lo monumental e imponente que es todo lo que proyecta: las portadas de sus discos con su mascota Eddie en un montón de facetas; la parafernalia gigantesca de sus presentaciones en vivo, con Bruce Dickinson encaramándose aquí y allá, izando una bandera de reino unido, ondeando sus brazos mientras despliega su potencia vocal; por sus temas y letras, que son como una poesía épica moderna, cuando toca temas históricos; o hasta por detalles peculiares, como que su vocalista además de ser doctor en Historia es el piloto de su propio avión: el Ed Force One, un Boeing 747-400 que ostenta el logo de la banda y una colosal imagen de Eddie acorde a la gira en la que se encuentren.
Imperdible para todo fan y recomendable para cualquier aficionado de la música, aunque no sea seguidor. La historia y testimonios contagian con su entusiasmo, dan ganas de ponerlos a todo volumen y molestar a los vecinos pero, sobre todo, dan ganas de irlos a ver el próximo 2 de octubre en CDMX. Se antoja volver esa fecha inolvidable por un motivo más. Quizá próximamente en esta columna estemos escribiendo también una crónica de un concierto de los dioses del Metal, Iron Maiden. Nos leemos en la próxima.


