La exposición «Tiempo no tiempo» de los artistas alemanes Cora Van y Charlie Tomorrow es una de las propuestas visuales más destacadas del Festival Cultural Zacatecas 2026. Ubicada en la Galería Arroyo de la Plata, esta muestra invita a reflexionar sobre la percepción de la temporalidad a través de un lenguaje plástico contemporáneo.
PRISCILA SARAHÍ SÁNCHEZ LEAL
Es en la delicada frontera entre lo que surge y lo que se disipa donde cobra sentido esta obra en los márgenes de aquello que llamamos tiempo.
Hay una particular belleza que reside en el instante, ese momento en el que la experiencia se trastoca y no puede ser retenida, pues solo existe en su fugacidad.
“Tiempo no tiempo” es una obra que se instaura en el instante y explora la impronta que experimentan el pensamiento y la imaginación cuando se detienen ante una dimensión distinta, en donde el color y la forma abren la puerta hacia un tiempo y espacio otros.
En algunas piezas, los planos se organizan con una contención precisa, compuesta por rectángulos, bloques, zonas de color que se sostienen unas a otras; no obstante, tras dicha estructura subyace algo que se escapa, ciertos trazos que se resisten al encuadre.
Por el contrario, hay otras obras que se entregan a un movimiento expansivo y oscilatorio, que se torna inestable, a manera de una energía que se desborda en un continuo acontecer.
El tiempo no aparece linealmente, pero sí como una suspensión, que invita al espectador a salir del tiempo lineal y adentrarse en esta nueva realidad, que propone múltiples direcciones posibles.
El ojo se desplaza, va examinando el terreno, en un intento por construir su propio recorrido, en un movimiento que también implica un desajuste, donde la forma y el color devienen constantemente, como fragmentos de un ciclo sin principio ni fin.
El cuestionamiento en torno a estas obras surge del ritmo de tiempo que generan, medido en juegos de luz y oscuridad, de formas y colores, cuyos pulsos acontecen en el mundo interior del espectador, siempre al tiempo propio.
No puede hablarse de un antes o un después, sino de una experiencia que deviene de un tiempo que deja de fluir y se suspende en el instante, bajo la intensidad del ahora.
En ese punto de quietud, donde lo visible y lo invisible se conjugan, el tiempo se pliega sobre sí mismo y se transforma en una presencia activa, aunque fugaz.
Las obras de “Tiempo no tiempo” conducen al espectador a esa frontera, en la que el instante, más que desvanecerse adquiere una forma distinta de eternidad.



























