MARÍA DE LOS ÁNGELES MORENO PADILLA
El 12 de septiembre, México conmemora el Día Nacional de la Mujer con Discapacidad, una fecha que no es solamente un recordatorio en el calendario, sino un acto de memoria y resistencia. Es la voz de quienes, a lo largo de la historia, han sido invisibilizadas, pero que hoy alzan la mirada para exigir derechos, dignidad y oportunidades reales.
Lucia Adriana Balboa Hernández, presidenta de la asociación civil IENLEC, lo expresa con contundencia: “Para mí, en el Día Nacional de la Mujer con Discapacidad es el recordatorio de que las mujeres con discapacidad no son sólo receptoras de políticas o discursos, sino creadoras de cambio. Conmemorarlo desde sus propias voces significa romper el silencio histórico y decirle al mundo: ‘Estamos aquí, tenemos nombre, historia y futuro, y lo contamos nosotras mismas’”.
Balboa reconoce la crudeza de la doble discriminación: ser mujer y vivir con discapacidad. “Yo sé que la doble discriminación no siempre grita, pero siempre pesa. Se vive en miradas que dudan, en oportunidades que nunca llegan, en espacios que no están pensados para ellas”, afirma, al tiempo que resalta la resistencia cotidiana de quienes desafían esas barreras. Para ella, la educación es la llave de la autonomía y el trabajo digno, la expresión más clara de la libertad: “El trabajo es, en sí mismo, una declaración de independencia”.
Su llamado es claro y urgente: “Escúchenos, pero no sólo para aplaudirnos; escúchenos para actuar. La inclusión real no se logra con discursos, sino con políticas, infraestructura y cultura construidas junto a las mujeres con discapacidad. La accesibilidad no es un favor, es un derecho”.
En sintonía con esta visión, Karla Patricia Romo Calvillo, psicóloga educativa, integrante del Colegio de Psicólogos Profesionales para el Bienestar Social y directora de la USAER “Sor Juana Inés de la Cruz” en Apozol, Zacatecas, comparte su experiencia de vida y de lucha. Para ella, esta conmemoración es un espacio para exigir igualdad: “El Día Nacional de la Mujer con Discapacidad es una oportunidad para visibilizar los retos que enfrentamos, exigir el cumplimiento de nuestros derechos y recordar que somos mujeres capaces de decidir, participar y aportar activamente a la vida social”.
Romo convive día a día con la parálisis cerebral, pero la convierte en fuerza y motor: “Desde niña me ha tocado enfrentar distintas percepciones sociales sobre la discapacidad, y aunque persisten estigmas, hoy vivimos un momento en que nuestras voces son más escuchadas. Para mí significa demostrar que los límites se superan con perseverancia y que las mujeres con discapacidad tenemos mucho que aportar en esta etapa de transformación social”.
No oculta las dificultades de un entorno que aún discrimina: “En mi vida profesional, he sentido que debo esforzarme el doble para que mi trabajo o mi liderazgo sea reconocido. No siempre bastan los resultados; muchas veces se duda de mí simplemente por ser mujer con discapacidad”. Pero también subraya la importancia del apoyo y la autoconfianza: “Lo más importante ha sido creer en mí misma y transformar cada obstáculo en motivación para seguir creciendo”.
Ambas voces convergen en un mismo clamor: pasar del discurso a la acción. Romo lo resume en un mensaje que resuena como eco de esperanza y exigencia: “La inclusión no es un favor, es un derecho. Necesitamos que las instituciones abran espacios reales y que la sociedad cambie su mirada: no somos una carga, somos mujeres con talentos, sueños y proyectos”.
En este Día Nacional de la Mujer con Discapacidad, México tiene la oportunidad de escuchar y, sobre todo, de actuar. Que las palabras de estas mujeres sean semilla de transformación y que el país que sueñan un país accesible, justo y libre de prejuicios se construya desde hoy, con su liderazgo, su voz y su dignidad como cimiento.