MARÍA DE LOS ÁNGELES MORENO PADILLA
En Guadalupe, Zacatecas, respira y sueña José Esteban Valdés Novella, conocido en el mundo del rap como “El Invidente”. A sus 37 años, ha tejido con rimas y silencios un destino donde la discapacidad visual no es frontera, sino semilla de creación, resistencia y esperanza.
Su infancia fue un edén de deporte, juegos y canciones heredadas de su madre. A los 13 años escribió sus primeras líneas, sin sospechar que aquel impulso se transformaría en refugio y estandarte. El 2019 trajo consigo un accidente que le arrebató la vista y, con ella, la forma habitual de caminar el mundo. Las calles, los trabajos, las escuelas y los espacios públicos mostraron su rostro más áspero. Sin embargo, en esa oscuridad nació otra luz:
“Mis canciones las hago completamente a ciegas; todas habitan en mi mente. Mi estilo es transparente, claro y directo”, afirma con un orgullo que ilumina.
Si con anterioridad, sus versos narraban calles duras y violencia, hoy laten con la vida cotidiana, la familia y la lucha de vivir con discapacidad en una sociedad que aún se resiste a abrir puertas. Sus canciones respiran un mensaje sencillo y poderoso: no existen límites cuando la pasión derriba las barreras.
Él lo menciona sin ambigüedad: “Quiero que las personas disfruten cada instante, que aprendan a valorar lo que tienen. Todo reto es enseñanza”. Sus sueños son grandes: sonar en la radio, pisar escenarios, recorrer festivales internacionales. Pero su anhelo más profundo no versa de fama ni de riqueza personal: desea abundancia para poder compartir y ayudar a quienes carecen de medicinas, terapias o prótesis.
La historia de “Invidente” es un espejo que refleja lo que nuestra sociedad debe transformar. Marcelino Marcial Carrillo, promotor de los derechos de las personas con discapacidad en Zacatecas, lo recuerda con firmeza: la cultura es un derecho humano. No basta con permitir la entrada a un concierto o a una galería: el derecho también implica crear, expresarse y ser una persona reconocida como parte viva del tejido cultural.
“Debemos erradicar la idea de que una persona con discapacidad no puede acceder a la cultura o crear arte. El derecho está ahí, y nos toca como sociedad generar las condiciones para hacerlo posible”, subraya.
La voz de José Esteban, su disciplina y su autenticidad nos recuerdan que el arte florece, incluso en la tierra más dura. Y que cuando una canción nace del alma, ninguna oscuridad puede silenciarla.
En cada verso, “Invidente” nos recuerda que la inclusión cultural es una deuda de justicia, debido a ello, resulta necesario abrir los escenarios y los micrófonos ya que el arte es de todos, todas y todes.

Fotografía: Cortesía