MARÍA DE LOS ÁNGELES MORENO PADILLA
La construcción de una comunidad educativa segura, incluyente y respetuosa de los derechos de niñas, niños y adolescentes exige que se atiendan, con responsabilidad y compromiso, las realidades que vulneran su desarrollo integral. Entre éstas, el abuso sexual y el maltrato infantil representan problemáticas que requieren no sólo ser visibilizadas, sino implementadas como acciones concretas y coordinadas por parte de todos los actores del entorno escolar.
La infancia, como lo han demostrado ampliamente diversas disciplinas como la psicología, constituye una etapa determinante en la vida de todo ser humano. Así lo señala la Dra. Aimé Alanís Pérez, activista por los derechos de las infancias en el estado de Zacatecas:
“A lo largo de los años, he confirmado lo que las teorías de la psicología sostienen: la infancia es determinante. Y cuando vemos que gran parte de niñas, niños y adolescentes en nuestro país son víctimas de distintas expresiones de violencia, debemos actuar. La violencia sexual, por ejemplo, suele ser tan sutil que las propias infancias no la reconocen, y la terminan normalizando.”
En este sentido, resulta alarmante que México ocupe los primeros lugares a nivel mundial en indicadores como abuso sexual infantil, acoso escolar y embarazo adolescente, de acuerdo con evaluaciones internacionales como las realizadas por la OCDE. Ante este contexto, el marco legal mexicano ha evolucionado para establecer obligaciones claras tanto al Estado como a las personas adultas en general. Desde la promulgación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en 2014, y con la emisión de los protocolos ASIAEM (Atención, prevención, detección y actuación en casos de abuso sexual infantil, acoso escolar y maltrato, actualizados en 2019), se subraya que la protección de la infancia ya no puede considerarse un asunto meramente doméstico.
“Ya no se trata de asuntos privados. La protección de las infancias nos compete a todas y todos. Activar un protocolo no implica una denuncia personal, sino dar cumplimiento a lo que la ley exige. No hacerlo puede constituirse en omisión, incluso en complicidad”, puntualiza la Dra. Alanís.
El papel de las y los docentes, así como del personal directivo, administrativo y de apoyo en los centros escolares, es fundamental para la detección oportuna de posibles situaciones de abuso o maltrato. Aunque cada niña, niño o adolescente es único, existen cambios conductuales que pueden representar señales de alerta: aislamiento repentino, alteraciones del sueño o del apetito, rechazo hacia determinadas personas, disminución en el rendimiento escolar, expresiones de miedo injustificado, pérdida de interés en actividades habituales, entre otros.
“El problema es que hoy en día muchas madres, padres y cuidadores están tan ocupados que no alcanzan a observar estos cambios. Pero si dejamos de mirar, dejamos de proteger”, advierte la Dra. Alanís.
Una experiencia significativa relatada por la propia especialista ejemplifica el impacto que puede tener una intervención oportuna. Durante una capacitación impartida a estudiantes y familias en un municipio del estado, una niña de 11 años se acercó para alertar sobre la situación de su amiga. Tras un abordaje respetuoso y cuidadoso, la víctima reveló:
“No es mi padrastro, es mi papá. Cuando mi mamá sale a vender, él me lleva a la recámara, me quita la ropa…”
La respuesta institucional fue inmediata: el protocolo ASIAEM fue activado por el personal docente y directivo, se elaboró el acta correspondiente y se notificó a las autoridades competentes, lo que permitió garantizar medidas de protección urgentes para la niña. Casos como éste evidencian la relevancia de contar con una comunidad educativa informada, comprometida y preparada para actuar conforme al marco normativo.
Desde la perspectiva de la Maestra Reyna Edith Escalante Oliván, Asesora Técnico Pedagógica en la Zona 24 de Preescolar de la Región 2 del Estado de Zacatecas, abordar de manera frontal estas problemáticas constituye un avance significativo en la cultura institucional:
“Hablar del abuso sexual y del maltrato infantil en el entorno escolar es el inicio de un cambio de paradigma. Aunque la jornada de concientización pudiera parecer un paso inicial, representa una gran oportunidad para brindar una educación integral y digna, tal como lo propone el modelo de la Nueva Escuela Mexicana.”
En el marco de esta jornada nacional, se propone una serie de actividades formativas, culturales y participativas orientadas a fomentar la prevención y la corresponsabilidad. Bajo el lema “Te veo, te creo, te cuido”, se plantean acciones como: reuniones informativas con instancias especializadas (SIPINNA, DIF, Comisión de Derechos Humanos, PPNNA), creación de murales colaborativos, lectura de cuentos y narraciones, exposiciones de carteles y dibujos, dramatizaciones escolares, elaboración de historietas, diseño de mapas escolares de ayuda, instalación de buzones simbólicos y presentaciones artísticas con mensajes de autocuidado y respeto.
Estas acciones buscan construir espacios seguros y respetuosos, donde niñas, niños y adolescentes puedan expresarse libremente, reconocer sus derechos y saber que no están solas ni solos. Se aspira a que toda la comunidad educativa –docentes, directivos, personal de apoyo, madres, padres y cuidadores– participe de manera activa en esta labor colectiva de prevención y protección.
Como lo recuerda la Dra. Alanís Pérez, cuidar sólo a quienes pertenecen a nuestro entorno cercano y desatender lo que sucede en otras infancias, es perpetuar un círculo de violencia que, tarde o temprano, nos alcanza a todas y todos:
“Si sólo cuido a los de mi casa e ignoro a los demás, esos otros pueden crecer con heridas que los lleven a dañar a los míos. Las infancias deben criarse con respeto, como sujetos de derecho. Como dice el psicoanalista Luciano Lutereau: ‘Más crianza, menos terapia’.”
Las escuelas tienen el deber de convertirse en espacios de paz, contención, cuidado y justicia. La prevención del abuso y el maltrato infantil no es responsabilidad exclusiva de especialistas ni de autoridades externas: es una responsabilidad compartida que comienza con la observación, la escucha activa, el conocimiento del marco legal y la decisión de actuar.
Porque cada niña, niño y adolescente merece crecer en entornos libres de violencia, con acceso pleno a sus derechos y con la certeza de que las personas adultas que los rodean están comprometidas genuinamente con su bienestar y desarrollo.
“Te veo. Te creo. Te cuido”.
Por una comunidad educativa que protege, acompaña y transforma.