Casa de la Jubilada y el Jubilado
del Municipio de Zacatecas
RUTH ÁNGEL RODRÍGUEZ
Hablar de los derechos de la mujer es hablar de una larga y permanente lucha que dio inicio desde hace mucho tiempo, en la que las mujeres, valientemente, levantan la voz para exigir ser escuchadas, defender y conquistar el derecho a la educación, a la igualdad de oportunidades profesionales, a la elección de ser y estar en el mundo.
En el ámbito de la literatura, a los escritores, a diferencia de las escritoras, por el simple hecho de ser hombres, se les adjudica el derecho de que sus textos se reproduzcan y sean leídos. Las mujeres, a pesar de tener el apoyo de sus iguales, en una acción de rebeldía, tuvieron que cambiar sus nombres por los de hombres, o utilizar homónimos masculinos para que sus textos pudieran imprimirse y ser distribuidos.
En este sentido, me es muy grato observar que mujeres preparadas se acompañen y continúen con la enorme e inacabada empresa de seguir conquistando con acciones el derecho de escribir, además de concientizar a través de sus escritos las conductas que de pronto, por nuestra cultura, normalizamos.
Las narraciones y textos poéticos que conforman el libro Plumas del desierto. 17 escritoras mexicanas, muestran, en su mayoría, los estereotipos que prevalecen en nuestra actual sociedad, las costumbres de pueblos indígenas que limitan y mutilan la libertad de las mujeres a través de las conductas abusivas, normas ancestrales injustas y el uso de la violencia para cumplirlas; la adjudicación de actividades, conductas y aspiraciones de acuerdo al sexo.
Cada creación nos permite reflexionar sobre la justificación romántica que se hace del abuso emocional, por ejemplo, las situaciones incómodas a que se enfrentan las chicas cuando se embarazan a una corta edad; la violencia psicológica y económica que permiten las mujeres por parte de la pareja, de los hijos e hijas; de la discriminación a que se enfrentan para conseguir un empleo cuando ya no se es joven, a pesar de que su preparación profesional sea óptima. Asimismo, las escritoras dan cuenta de la falta de empatía entre las mujeres, quienes también señalan, critican, difaman, castran; se expone, de una manera natural, lo que ha existido y existe, que los prejuicios de una sociedad hipócrita que se empeña en negar y señalar las diferentes preferencias sexuales condenando a este grupo a una vida de burla, discriminación y negación de su existencia. Y es que la sociedad tiende a silenciar lo que sale de la «normalidad», porque puede ser peligroso, porque romper con lo establecido incomoda.
Cabe mencionar a Valentina, la niña que rompe con los estereotipos, esa chiquilla valiente, intrépida, atrevida, inquieta, que cuestiona, que baila sin prejuicios, que es auténtica y vive, y que nos permite albergar la esperanza cuando con valentía viaja al interior para afrontar los miedos, para reconocerse, para vivir la vida con sus claros y sus oscuros, fortaleciendo el carácter y, con resiliencia, continuar adelante para ser dueñas de su propio destino; también sobresale Nakawe, la niña que escribe como un acto de catarsis creando un espacio íntimo; en fin, con cada una de las mujeres que se enuncian se entrelazan en la trama de sus narraciones que luchan para sacudirse una cultura que las somete y asfixia.
Hay textos que abordan temas mágicos, en los cuales las mujeres son depositarias de la sabiduría para poder restablecer el equilibrio, a ellas se les adjudica mayor cercanía a la naturaleza por su función reproductora; también, hay creaciones poéticas con tintes de melancolía, de reconocimiento y otras con un erotismo sutil que se disfruta, se paladea.
Acciones como las que la colectiva Plumas del desierto realiza al reunirse, conocer y compartir y difundir la literatura escrita por mujeres, así como reflexionar sobre la cultura que permea en nuestra sociedad y que daña el desarrollo, no sólo de las mujeres, sino de todos los seres humanos (porque hay prácticas que ocasionan desigualdades en diferentes ámbitos), nos muestran que las mujeres tenemos el talento y la inteligencia para proponer y hacer con la colaboración de todas, todos y todes una mejor sociedad: más igualitaria e integradora de las diferencias.
Isabel Allende menciona en su libro Mujeres del alma mía una frase muy ilustrativa de la poeta feminista estadounidense Adrienne Rich: “las conexiones entre mujeres son las más temidas, las más problemáticas y la fuerza potencialmente más transformadora del planeta”.