Notas para recordar un borroso sentimiento casi inexistente
Fotografía: Valeria Esparza
GIBRÁN ALVARADO
Recuerdo que aquel sábado lluvioso fue de dar clases. Luego, casa, desayuno, deberes, pizza, copita de tinto, tiramisú y café. Después, a las prisas, centro de la ciudad, espacio minúsculo en la Aguascalientes, caminar por Hidalgo hasta el Callejón del Moral. Finalmente, pluma en mano, sacar los apuntes de la bolsa de la camisa, público expectante, sitio lleno. Todo bien, a divertirse.
Valeria Esparza es una autora que habla con su trabajo, siempre ha sido curiosa, escribe narrativa, es gestora y promotora cultural, trabaja con las infancias pero, sobre todo, es poeta, digamos que la considero una “escribidora”. En septiembre del año pasado presentó, en Rey Chanate Galería-Editorial, su primer fanzine: Recuerdos borrosos de un sentimiento casi inexistente… El volumen se compone de seis poemas, en ellos, encontramos una línea que pretende separar(se) de los otros, ¿por qué?
En las páginas que escribe Valeria, entre el ego literario y las promesas de la juventud, hay una voz poética que va de la bohemia a la pugna con las generaciones precedentes, en los versos se vislumbra la molestia de quienes acaban de entrar [aquí estamos, ya seguimos, apártenos mesa, no, no, no tenemos reserva pero ya nos corresponde un sitio] y desean un espacio. Estamos ante un prólogo, ante el rito iniciático, en un velorio, quizá. ¿Quién sigue?, ¿quién será el próximo?, ¿ya pagaron su cover?, ¿quién los invitó?, ¿quién los dejó entrar?
Ya en la mesa [no sabemos si es al fondo, si es en la barra], es hora de divertirse, qué más da, de mostrar los referentes y las inquietudes, que se vea, que se den cuenta de la incompetencia poética que impera. Basta de seriedad, estamos aquí por el juego, por el reto. Ahí van las notas a pie, los saltos, las negritas, las cursivas, los espacios, las preguntas, las bravatas, las imágenes, éntrenle. No nomás se trata de gritar o renegar sin sentido [porque no están aquí mis amigos, mis padrinos], hay que conocer las reglas, pensar los movimientos, mostrar audacia, hacer renegar a los [que se autonombran] rivales, ni modo.
Lo más fácil es soltar palabras al aire, que divaguen por ahí, en las hojas [en los perfiles falsos de las redes sociales]. Los poemas de Valeria Esparza anuncian la presencia generacional, esgrimen su poética, aluden las referencias y, lo más importante, dan cuenta de lo sabroso que se la pasó la poeta mientras los escribía. Ahora, lo difícil será saber cómo recordar ese borroso sentimiento casi inexistente, nomás recuerdo que aquel sábado lluvioso, ah, cómo nos divertimos.
alvaradohh92@gmail.com