AGUSTÍN YEN HERNÁNDEZ
A las afueras de la ciudad
te espero después de las nueve
los silencios urbanos
se extienden sobre el poniente.
Cierra los ojos, siente la oscuridad,
vuelca la realidad dentro del azogue.
Abre el umbral, de pie frente a tu lecho
lo intuyes: mira hacia dentro.
Eres el Ánima, la guardiana
te infiltras desde la vigilia
no deseas explicaciones,
palabras, formas, símbolos.
Respondes a tu nombre antiguo,
fuego primigenio de la mañana
no hay registro en la memoria
todo se graba en tu ensoñación.
Música lejana, diáfana en sueños.
arrullo de trenes que viajan vacíos
letanías de perros que ladran
a las ánimas y viajeros errantes.
Los grillos y las cigarras resuenan
tristes entre las madreselvas,
los capullos de las lilas
duermen protegidos por el cieno.
Todas mis ideas confluyen en ti,
en el murmullo de la noche.
El frío oscilante me estremece,
eres mía en la penumbra de tu alcoba.
Océanos infinitos de sueños
designio onírico de la conciencia
puedo ahí, tenerte sin reserva,
abrazarte a la deriva de ultramar.
Labios teñidos de vino y café,
te conviertes en liebre que huye
y se pierde pronta en el zarzal
sigo tus pasos, me adentro en ti.
Desciendo a las fauces de la ciudad
calles vaporosas, frías, sin lindes
edificaciones muriendo en silencio
llenas de fantasmas sin tiempo.
Tomo tu mano, soy el guía esperado,
caminamos sobre aceras mojadas
sin brújula, fuera de la continuidad
el espacio cartesiano es difuso.
Los charcos en el pavimento
reflejan la luz de tu rostro
te encuentro en el vacío,
somos átomos en rumbo de colisión.
Se desdibujan los ángulos a tu paso,
geometrías fragmentadas en gramática,
mantengo en la boca tu nombre
fuerza fulminante en mi interior.
Deambulamos sobre los tejados
cada uno habita un sueño
en el mar de la conciencia
nuestras miradas se acompañan.
En la inmediatez de un suspiro
hay eternidades inexploradas
palabras fugaces atrapadas
en un horizonte de sucesos.
Deseo habitar los satélites diagonales,
imperceptibles, que orbitan tus labios,
en los ritmos campeos de tu boca
queriéndote sin razón ni medida.
En el conteo de las eras,
en el recuerdo infinito de las vidas
apareces, espiral inalcanzable
envuelta en espuma marina.
Devenir de estaciones: afloras
semilla de vida, manantial de deshielo
calor del estío, rama reseca de otoño
cristal inamovible en la fuente.
Florecen los cerezos en marzo
lluvia de pétalos en tu vientre.
luz en cuarto menguante
de la luna en tus senos.
Mis palabras serán borradas
del sitio donde fueron dispuestas
tu mano gitana sostiene el destino,
dos puntos en fuga, partículas entrelazadas.