JOSÉ MÉNDEZ
Sal de sombra, huella arena mordedura que da vida.
Coronado de entierro entre piedras el mundo va
[desmembrando su memoria,]
su plumaje de ojos abiertos es ilegible a la niebla.
Negro es el pensar, la semilla amarga.
Ardiendo vacila el ocaso en la tiniebla,
siete letras hacen la noche.
Dedicado a tus astros el cielo se abriga, manchado resplandece,
súbita costura
entre el mar y su frontera,
incesante viste la piel la inocencia,
flores espinas susurros callejones.
Sobre las grietas de un grito cabe la mesura,
el tiempo pesa y raya la arrogancia,
la demora estalla y se carboniza.
Habla un pájaro de entrañas humanas demonio que de cielo muere.
Allá arriba hay una alcoba de uñas que se clavan,
siglos laberintos,
puertas de abismos que
se alargan.
Sobre el encanto, dos o tres manzanas se desnudan,
la colmena echa de menos la caricia, el tuétano se revierte
[en sus orígenes, vértebras submarinas,]
pecado a la garganta,
en medio de esta bruma, todo silencio es paraíso.
«… En medio de esta bruma, todo silencio es paraíso»… Simplemente genial