JULIÁN HUGO GUAJARDO ESPARZA
i Yo he comido waffles, y me gustan; por eso el otro día me compré una wafflera, pero como no sé prepararlos, entonces busqué la receta en YouTube, la encontré y la preparé. Compartí los waffles con mi familia, a mi sobrina le gustaron mucho, así que le compartí la receta y ahora ella también sabe cómo prepararlos.
En esta historia tan simple, se encuentran muchos procesos de aprendizaje que en algún momento de mi vida tuve: 1) Alguien me convidó waffles, 2) me gustaron, 3) aprendí a leer, 4) aprendí a usar computadoras y a navegar en Internet, 5) aprendí a usar un buscador, 6) aprendí como guardar la receta 7) la preparé porque ya antes sabía preparar comida, 8) le pasé la receta a mi sobrina, 9) a ella se le perdió la receta y la buscó también, 10) encontró otra receta, 11) ahora conocemos dos recetas diferentes.
Desde luego cada uno de los procesos anteriores de adquisición de conocimiento puede descomponerse a la vez en muchos aprendizajes más pequeños, pero ¿cómo es el proceso por el cual aprendemos cosas? ¿Por qué se nos olvidan los conocimientos que no usamos? ¿Por qué los mexicanos sabemos cosas diferentes que los australianos?
En la ciencia occidental se llama reduccionismo al proceso de dividir un problema en partes cada vez más pequeñas, hasta alcanzar una unidad que se pueda considerar básica e indivisible; esta forma de estudiar ha rendido grandes resultados en las ciencias en las que se ha aplicado, como en la biología con la célula, en la física con el átomo, en la óptica con el fotón, etcétera.
Pero aplicar este proceso a las ciencias sociales no fue tan sencillo, a pesar de los numerosos esfuerzos que se hicieron para encontrar una unidad de transmisión cultural que pudiera aplicarse por igual a todas las sociedades humanas. Durante más de siglo y medio, numerosos científicos sociales buscaron el término adecuado para referirse a las partes más básicas de la cultura, entre los cuales se encuentran las “ideas”, “creencias”, “valores”, “reglas”, “principios”, “símbolos”, “conceptos”, y algunos otros.
Pero no fue sino hasta 1976 cuando el biólogo y etólogo británico Richard Dawkins propuso el mejor concepto hasta la fecha para referirse a la unidad más básica de su modelo evolucionista de desarrollo cultural a la que llamó “meme”, combinando la palabra griega mimesis con la palabra gen, y aprovechando el parecido fonético que hay entre esas dos palabras en el idioma inglés.
Dawkins propuso que estas unidades culturales básicas funcionarían de manera análoga a los genes, los cuales individualmente portan y transmiten sólo alguna característica biológica al individuo, pero al conjuntarse con otros, la combinación genética es lo que hace único a cada ser vivo de nuestro planeta: lo que diferencia a un humano de una mosca, a una planta de un molusco. De la misma manera, cada unidad de información que reciben los seres humanos, ya sea por imitación, asimilación o enseñanza, y que se replican a sí mismos por mecanismos de imitación y transmisión de cerebro a cerebro, forman un amplio abanico de copias, y esa combinación es lo que forma las diversas culturas.
La idea es mucho más poderosa de lo que aparenta a primera vista: Todo lo que un humano sabe es producto de la transferencia de dichos memes a su cerebro, y a la vez será transmitido a otros seres humanos. Si una información cultural recibida no resulta útil, por ejemplo, porque no se pueda aplicar en un nuevo medio social, o porque haya mejores opciones disponibles y conocidas, se olvida y se pierde; si por el contrario resulta útil, se transmite y adapta a nuevas circunstancias rápidamente.
De esa forma todo, absolutamente todo lo que sabemos o creemos, nuestra manera de reaccionar al ambiente y a las situaciones determinadas que se nos presentan, la forma en que aprendemos o hacemos las cosas, la manera de relacionarnos con nuestro entorno y quienes nos rodean, es producto de esa conjunción de pequeños trozos de ideas, de unidades de información que en su conjunto van formando el rompecabezas que forman la cultura de una persona, de cada grupo social, y de las diferentes culturas alrededor del mundo.
Recibimos, creamos y emitimos memes culturales todo el tiempo. Por ello, cuando a finales del siglo XX surgieron los mensajes digitales graciosos que conocemos, y se observó que al igual que los memes culturales de Dawkins, se reproducían, compartían, mutaban y evolucionaban con gran facilidad y rapidez, resultó natural nombrarlos también memes. Pero esa es otra historia.
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i El presente trabajo forma parte de la tesis doctoral en proceso de escritura, bajo el título “La relación palabra-imagen en el contexto de la cibercultura: La utilización de los memes de Internet como difusores de conceptos filosóficos”.
¿Se nombró meme sa los cartones electrónicos por Dawkins o es mera casualidad?