ADSO E. GUTIÉRREZ ESPINOZA
Hay algo extraño en Zach Cregger: antes de aprender a asustarnos, aprendió a hacernos reír. El director estadounidense comenzó en la comedia, como integrante de The Whitest Kids U’ Know, y quizá por eso sus películas de terror tienen siempre una pequeña grieta por donde se cuela lo absurdo. Después de Barbarian y Weapons (o La hora de la desaparición), Cregger llega a Resident Evil: Noche cero para enfrentarse a uno de los monstruos más conocidos de la cultura popular: una franquicia que lleva décadas intentando convertir el miedo de un videojuego en miedo cinematográfico, pero tanto las películas (a excepción de las animadas) como la serie de Netflix (¿para qué clonar a Wesker y hacerlo afrodescendiente?, no era necesario) no han sido precisamente buenas adaptaciones y a veces de Resident Evil sólo tiene el título. Su apuesta, sin embargo, no parece consistir en repetir la fórmula, sino en regresar a esa sensación primitiva de no saber qué hay detrás de la siguiente puerta, imitando a su vez cómo se viven los videojuegos de Survivor Horror.
Todo inicia cuando el joven Bryan (Austin Abrams), un repartidor de equipos médicos y de vez en cuando de órganos donados para pacientes, recibe la noticia de que va a ser padre, la cual le toma por sorpresa y le genera cierta inseguridad y preocupación (¿y ahora dejará en serio su poca seriedad y madurará en un padre responsable?), y la oferta de llevar un paquete a Ciudad Mapache (o Racoon City). En un principio, el repartidor no quiere hacerlo, pues deseaba resolver las cosas con su novia y embarazo, pero la oferta era demasiada tentadora, aunque el destino bastante lejos (y más en una noche tan peculiar). Y así comienza su viaje a Ciudad Mapache.
Aquí, el primer punto que no encantó al fandom nocivo de la saga: nevaba en Ciudad Mapache. En las primeras dos entregas de la saga de videojuegos no había nieve, si acaso hubo lluvia y humedad. El cambio de clima en esta adaptación es peculiar y le imprime una visión fría y doblemente peligrosa (¿nunca han tomado objetos de metal en noches nevadas, deseando que éstos no se peguen a sus dedos, que el propio cuerpo se congele o sudar entre capas y capas de ropa?), en el sentido de que da una visión distinta y el fandom no lo aceptaría. De hecho, ocurrió lo segundo: el fandom no lo aceptó y lo sintió un tanto ofensivo, tanto como la saga del Wesker afrodescendiente y una Evelyn Marcus bailarina y con serios problemas para manejar la ira como la propia de Milla Jovovich (extraño, porque ésta tampoco es una buena adaptación, pero resultó exitosa (tan mala que resultó tan buena)). Aquí, se desató un malestar, pues el fandom realmente desea una adaptación que le dé Resident Evil, con todos sus elementos y, aunque sea, parte de sus protagonistas (aún recuerdan que la cuota racial le tocó a Leon S. Kennedy y Jill Valentine, pero olvidan la desastrosa interpretación de Johann Urb), pues en su lógica las últimas adaptaciones sólo tienen de Resident Evil su título y uno que otro elemento (aún se preguntan, me imagino, ¿qué tan difícil es hacer una adaptación de un equipo táctico encerrado en una mansión o una ciudad contaminada con zombis y armas biológicas?). En parte entiendo su frustración, pero también lo tomo con cierto humor (a pesar de que soy fanático de la saga), pues realmente no me tomo tan en serio la narrativa de la saga, aunque de vez en cuando cuentan historias brillantes y realmente aterradoras (koff, koff, Resident Evil 7 🙈). Es decir, la propia saga ha cometido sus errores y no siempre entrega historias redondas y sin huecos argumentativos (¿se acuerdan de Chris golpeando una roca o Jill Valentine sobreviviendo a una caída?).
El segundo detalle es que la adaptación de Cregger no colocó a ninguno de los miembros del equipo de Vengadores de Ciudad Mapache, no puso a sus mujeres con serios problemas con el manejo de la ira y mucho menos a sus varones con serios problemas de confianza y para manejar la culpa. En cambio, dio el paso para contar la historia de un joven sin experiencia militar y mucho menos conoce de armas (así como ciertos personajes de Resident Evil: Outbreak), pero tan entrañable y divertido, pues sus situaciones argumentativas lo llevan a situaciones que el propio Cregger se cuestionaba en esta adaptación: ¿cómo lo viviría el ciudadano común un brote zombi?
Bryan no es precisamente astuto en el manejo de las armas, además de que comete errores durante la historia, desde ayudar a la anciana campesina y arrojar la escalera al perro hasta destruir sus dos vehículos, esto por no tener cuidado con el manejo de las armas. Sin embargo, considerando la premisa, no todos sabemos manejarlas y nos abre el panorama de qué pasaría si un ciudadano común debe usarlas durante un brote zombi. Touché, ¿a poco todos sabemos usar rifles y cuernos de chivo?
Su poca preparación no es solo su detalle, sino también el estrés y la ansiedad provocan que Bryan cometa errores, de novato, sí, pero al final del día errores. ¿Para qué tirar la escalera, para qué quedarse a mirar al obeso de la alcantarilla? Es decir, la propia torpeza del personaje es también uno de sus enemigos, pero aún así lo vuelve humano (también habría cometido errores así, o mucho peores si me tocara sobrevivir un brote zombi). Si fuera Bryan, también habría sido torpe con el manejo de las armas, más allá de que éstas no me gusten, por los motivos que fueren.
Zach Cregger ya había trabajado con Austin Abrams. En Weapons, por ejemplo, Abrams interpretó al joven James, un adicto y fisgón, quien también fue víctima de Tía Gladys. En ambas películas, los personajes, además de ser notablemente descuidados, son divertidos, cómicos, más que nada por las situaciones peculiares que viven: una posible recompensa por informar sobre dónde están los niños y un pago por llevar un paquete a Ciudad Mapache. Lo peculiar es que los personajes de Abrams tienden a ser raros, y que les va mal, desde el herido adolescente Ron Anderson (The Walking Dead) hasta el buzo tragado por un cachalote (La caída de la ballena). Tal vez, Austin Abrams le gusta hacer ese tipo de personajes, extraños, carismáticos e incluso torpes, pero al final del día siempre les va mal (tal vez me falta echar mano a todo su trabajo para confirmar mi hipótesis).
Un tercer detalle es que hay zombis, poco a mi gusto, al igual que pocos seres o armas biológicas, como la saga. Lo curioso es que sale un perro, pero no es el perro de la saga, ni mucho menos de esa serie de Netflix. Es un perro vigila, de raza un poco común, que se podría encontrar en cualquier lado. Ese perro es el que notablemente ataca al protagonista, en un momento dado ya no supe hacia dónde iba, pero el ataque se volvió en una escena de comedia involuntaria, que muestra los posibles errores que tendría un ciudadano sin preparación en un brote zombi. Honestamente, bajo el influjo del pánico, habría cometido sus mismos errores.
También, se encuentra ese parásito, que nos recuerda tanto al ganado de Resident Evil 4 como al Cadæux (o Cadou) del 8, sin olvidar a la capacidad de unión, que también nos recuerda a la masa amorfa del 5. Ese parásito también es un guiño a The Last of Us, a toda su parafernalia fúngica y fungicida. Sin embargo, es un guiño al terror corporal, a la mancha voraz, a las entidades devoradoras. El camino que traza Cregger no es solo por Resident Evil, a veces por Silent Hill y siempre por el terror corporal, el humor negro.
Se encuentran tantos bicharrajos no todos tomados de Resident Evil, pero con el tiempo (y el manejo visual), aún no sé si es solo un recorrido por un zoológico de especies aterradoras o solo desea contar una historia.
El humor corporal y los chistes son frecuentes —no son elementos gratuitos, también la saga de videojuegos tiene su propio humor, desde los comentarios sarcásticos de Kennedy hasta los insultos viscerales de Jill Valentine, supongo que el fandom también lo olvida—, los cuales acompañan a Bryan en su recorrido y nos transmite, justamente, su torpeza y su encanto. En un punto no estaba seguro si reírme de él o quitarle el seguro a su arma para que lo pudiera utilizar.
Ahora bien, ¿bajo qué premisa se constituirá un nuevo arco argumental, si es que se logra hacer una nueva saga?