Mujer sin rostro
¿De qué color será
el rubor que llevas puesto?
¿También te aterra
la tormenta?
*
*
*
Yo,
me debatí por vivir
y pacté con el polvo,
ahora soy espada y piedra.
Soy un mito, como el soplido del lobo.
SAID ANTONIO CRUZ
El 27 de agosto pasado, Kimi no na wa cumplió su décimo aniversario. Aún recuerdo verla hace diez años, fue como moldear un recuerdo en arcilla: tierno, sensual, efímero. Un recuerdo de mi época estudiantil, ya tan lejana como la fantasía. Logró desenmarañar el hilo rojo de mi destino.
En Your name, para los “latinos”, el cuerpo recuerda mucho antes que la mente, Makoto Shinkai convierte esta creencia en el eje narrativo de la película. El hilo rojo de la historia se manifiesta en el intercambio de cuerpos, en garabatos escritos en las palmas de las manos; en un cometa que separa, pero anuda. Mitsuha y Taki, los protagonistas, están unidos por una visión estrellada de media noche.
En la mitología japonesa, el hilo rojo del destino “Unmei no akai ito”, es una creencia profundamente arraigada, sostiene que dos personas están conectadas por un hilo invisible atado a sus meñiques. En Japón, el meñique está vinculado al corazón y a las promesas, lo que refuerza la idea de que este lazo es íntimo, emocional y eterno.
La imagen inicial y tra(u)ma central de la película es el cometa Tiamat, el cual, con su majestuosidad animada, refleja el terror del olvido ¿Acaso no es el olvido lo que en verdad se teme de la muerte? El olvido de los nombres, de los cuerpos, de los pactos que alguna vez nos salvaron.
Pero si el cine nos ha enseñado algo, es que cuando la mente falla, el cuerpo es el único lugar donde el olvido no triunfa: los amantes que siguen buscándose como en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos; Jason Bourne con amnesia, peleando, huyendo y sobreviviendo; Christopher Nolan, con Memento, nos recuerda que siempre habrá fotos, notas o tatuajes ¿Qué me dicen del Efecto Mariposa? Donde cada decisión mínima, ya sea un gesto o palabra no dicha, puede alterar el curso entero de una vida, al menos en la imaginación.
Con tantas odas brindadas al amor a primera vista, no es de extrañar que los encuentros furtivos en un metro, el de Tokio, sea el mejor escenario para los (des) encuentros amorosos. Shinkai, ha dicho que ver a estos viajantes lo llevó a preguntarse: ¿Y si dos de ellas estuvieran conectadas por algo más profundo? ¿Si aún no supieran que están unidas? Por un hilo rojo que no bien no se rompe, pero si va enredándose.
Ya que, entre millones de cuerpos comprimidos en silencio, ¿qué probabilidad hay de volver a ver a la misma persona en el mismo vagón? Y, entre cientos de artículos comprimidos en el denso internet ¿qué probabilidad hay de que leyeras este artículo?
*Said Antonio Cruz es un poeta novel, cinéfilo y gestor digital cuya escritura se mueve entre lo íntimo y lo colectivo. Es egresado de Administración Industrial por la UPIICSA-IPN y ha complementado su formación en talleres de creación literaria y narrativa en el Centro Cultural de España en México y en el Centro Cultural del México Contemporáneo. Su versatilidad en las letras lo ha llevado a colaborar en espacios de crítica y contracultura, escribiendo sobre séptimo arte en la plataforma Peliplat y publicando crónicas en Semanario Punk.
