Version 1.0.0
IMAGEN: Los amantes en las lilas, Marc Chagall.
LILA MARTÍNEZ
Único… y en cada paso que daba, aquella aura quedaba impregnada en mentes ajenas. Fluía con mi inspiración y contrastó a la dulce realidad. Até mi cuerpo a la sombra que siempre le seguí; sobre la madera clavé su melancolía mientras en sueños la atrapaba, pero jamás me atreví a mirarle ¡ni aún teniéndola sobre mí quise verla! Pues no me sentía digna de su belleza.
Sentí la divinidad de aquella figura vanidosa; el cómo rasguñaba la habitación para no sentirse presa del deseo y el cómo atravesó las paredes con sus gritos ¡pero no le fue suficiente! Se obstinaba de mi presencia y huía con su cordura sobre mis manos.
Mi desesperado corazón agonizaba por tenerla y, cuando prisionera de lo que algún día nuestra obsesión fue, se convirtió en el temor a perderla. Y es que ella cree estar atrapada en la livianez de lo que algún día fueron nuestras caricias ¡y le juro que aún existen! Más la mirada de mi querida Valeria me hace creer lo contrario ¿¡o es acaso que ella nunca me amó!?
Ayer por la noche le pregunté sobre su sentir, se resignó a resoplar y mirarme con esa indiferencia tan propia de ella. ¿Qué podía hacer yo, dolida de su hermosa frialdad? Le dije mil veces que las puertas de nuestro hogar estaban abiertas si quería marcharse o si quería que yo lo hiciese… quedaba muda e inmóvil con la mirada fija sobre el piso.
Nunca te logré entender mi querida Valeria, en serio que esforzaba por mantenerte como el primer día que nos volvimos una sola, pero te negabas a pertenecerme ¡aún sabiendo que mis tímidos ojos no podían mirarte! Y es que aún me sentía cautivada por tu reflejo, por tu andar… más nunca me devolviste la palabra amor mío.
Y siempre que volvía, te buscaba. Pasabas el tiempo en aquel sótano lleno de polvo y telarañas, cada vez me mirabas mas fría, más apagada; pocos movimientos hacías, en ti cundía el terror, el pánico de que me olvidase de ti ¡y pasó por mi mente! Tan sólo una vez fue suficiente para darme cuenta de que ya no te apetecía estar cerca de mí; entonces me fui, esperando tu regreso o aquel inédito sentimiento de que llegaras a extrañarme, pero jamás pasó.
Y durante todo ese tiempo, mi querida Valeria, estuve pensando no sólo en ti, sino en nosotras; quería regresar al momento en el que no sólo fuiste mía, en el que yo también te pertenecí, en la única vez que había podido mirarte y sentirte.
Después lo decidí ¡y ahora heme aquí! Con lágrimas en los ojos y abrazando a puño cerrado lo que queda de ti. Te resististe a mi amor y con el desdén de tu bienvenida, sucumbiste a la demencia con la que nos habíamos recorrido, con la que nos habíamos encontrado… pero esta vez
No hubo un alto
No hubo una salida
Esta vez perdimos el control
Las hojas y el viento lloraron tu nombre, sobre la madera se esculpió tu dispersa figura y aquella silla en la que solías indiferenciarme crujía de tus lamentos y placeres
Y yo… ¡yo te seguía viendo! Tan cruel como perspicaz caminabas en mi mente hasta que por primera vez me dejaste abrazarte… manché de ti lo que quedaba de mí.
Que si algún día no supe cómo amarte te pido perdón, más sé que cuidaré de ti, protegeré cada añico tuyo como si aún te perteneciera, esperando asaltes mis ahora solitarias noches con tus frívolos pensares, con tus delicadas caricias, con la fiereza de tu voz y tu cuerpo sobre mi culpa…
Te prometí, mi Valeria, que no dejaría de amarte ¡y aquí me tienes! Arrodillada a tus rojizos pies, sé testigo de cómo te adoro aún en tu ausencia, de cómo extraño la suavidad de tu bella piel y el crujir de tu garganta al llamarme, que sigas en apile hacia la oscuridad que te había consumido; pues aún sigues hecha pedazos en aquel sucio sótano ¡y yo! Que no he podido saber cómo desamarrar este afecto visceral que aún tengo y tendré por ti, me reniego de indicio y por última vez a olvidar lo poco que queda de ti sobre mis manos.