AGUSTÍN YEN HERNÁNDEZ
Cuando no te puedo ver
vuelco el mundo en palabras
subo al sauce, pronuncio tu nombre
en lengua de golondrinas.
Escucho el murmullo del bosque
desde la cúspide de la arbolada.
Al sur, el llanto salvaje del viento
se torna en febriles suspiros.
Mirada erguida sin rumbo
cielo abisal, incesante, perplejo.
Ante la opacidad de luz trepidante
abrazo la humedad de tus nubes,
Después de una tarde juntos
la lluvia moja nuestros cuerpos,
me condenso en ti, lento, sin prisa
para que precipites tus sueños en mí.
Tu voz es el templo a la diosa
mi respiración es el sanctum,
plegaria orgánica de deseo
eres mapa estelar en mis ojos.
Siento el verdor de hierba en mis pies
te sostengo en brazos junto a mí
mientras las hormigas reconstruyen
reinos subterráneos ocultos.
Se incendia el día en aleteos
decae el cénit, polvo y cenizas
desciendo, trazo el camino,
escribo tu nombre en las ramas.
Te invoco en la tormenta,
indómito rayo, resplandor boreal
tu mirada refracta en cristales
hexágonos de berilo cetrino.
Las redes del micelio se extienden
más allá de boscosas raíces
sintetizan lenguajes a impulsos,
murmullo vegetal palpitante.
Cuando no te puedo ver
no queda más que soñarte,
inventarte anticipados recuerdos
de mirlos distantes que se van.
Soy instante, silencio cotidiano
palabra escrita, código binario
disuelto entre los días, te busco en la radio,
en matices de imágenes repentinas.
Corpúsculos de luz flotan al aire:
¡Cuánta belleza atrapada en instantes!
¡Cuánto deseo acumulado en suspiros!
escribo para ti con pulso izquierdo.
—El amor es extraño— te dije alguna vez
me mantiene en ti, me aleja de ti.
Ahora lo sé: eres romancero gitano
floreces en campos de jaramagos.
Tus cabellos son ocaso enrojecido
El gato empañado de lluvia se va
se pierde silencioso en la noche
mientras la vida pasa en un Doppler.
Pienso en lo fútil del lenguaje
me hace sentir palabras vacuas,
llorar por las noches sin que lo sepas,
inventarte en poemas sin puerto.
Regreso en pasos andados
en la floresta, soy árbol petrificado
no soporto la ingravidez de no verte,
convexa e insoportable realidad.
Ante ti me vuelvo río, manantial,
laguna agitada, delta fugaz…
habitas la belleza en superposición
en la magnitud irreductible del spin.
Aroma a estío, tierra mojada
evoca el espacio-tiempo
que recorre mi aliento espiral
a las puertas de tu espina dorsal.
He llegado a la ribera del Lethe
navego sin prisa, barca a la deriva
mundo ordinario y eterno
aguas calmas ondulan al paso.
En mis manos te vuelves flor de cerezo
en sueños, recuento de vidas pasadas.
Apareces, rayo de luna en cada estación
llenas mi vida de bosques y mares fecundos.
Duermes apacible en el crisol de las eras
en el alfar, somos amalgama de arcilla.
Tengo mi corazón entre tus manos frías
en ellas soy sólo céfiro y suspiro lejano.