Fotografía extraída de FB: @María Andrea
Gallinas que alzan el vuelo al pulso de la manecilla
tropiezo vacilante mezclado con tierra roja
borrosa de lluvia borrosa de piedras mojadas
Me encuentro de un lado siguiendo un benteveo
del otro lado revoloteando para caer sin fin
Gallinas llorando el rocío en mi garganta
Estoy siguiendo un vuelo que no alcanza
Dejarse caer pero allá lejos en la carretera
Dejarse vivir pero inútilmente como un milagro
pobre que no alcanza y otra vez perderse del todo
Con el sol dormido del medio día beber del regato
o buscar el licor santo de la iglesia de allá lejos
en el patio de una infancia todavía sedienta
ahí donde una niña eterna come naranjas
dibuja vacas y bueyes como si fueran árboles
pero en las noches sueña con un benteveo cautivo
en el lugar de mi corazón su chillido de mal agüero
Me encuentro toda sobre el monte pelado
ni matorrales ni huizaches ay corazón mío
sólo las gallinas enturbian el horizonte.
BALBUCEO DE UN TRASIEGO
I.
Chapuzón en lo intempestivo aguijón en la frecuencia
Esbozo de un nuevo color a la altura de secas ramas
o cicatrices sin cuerpo nada más el cielo azul mordiente
y mi cuerpecillo atolondrado del grito un remanso
Novísima discontinuidad los tepozanes dan granadas
A la vera del camino me acostumbro al desvarío
coinciden allí los ladridos de las azoteas una promesa o un garabato
también los temores rosales que ríen espinas de un amor desguarecido
Pero alegría frenesí de los rehiletes ventanitas luminosas candil o cirio
Indicio de recuperación de las veladas familiares
Transporto abrazos a lomo de mula y tres corazones
más el mío que masca el sabor de la guayaba en el centro de la sala
La casa ha de ser una guarida intervalo del vacío tronante
o exilio sin fin de un suspiro que pertenece a otro infinito
Lágrimas gruesas siguen la veredita Andreíta no sabe volver
II.
El rumor de un nuevo caserío pregunta si de las cabañuelas soy
el débil anverso o si a la vera a la verita me aclimato con el fluir de los días
Ay corazones corazones soy la hija mayor que va por las avenidas
a paso provinciano al ritmo aleve de una sombra que resombra desde la distancia
trotecito que prefiere contar los nogales de aquella montaña
La soledad cautiva entre mis manos pájaros sin nido quisieran beber agua
el vino no pasa por sus gargantas que pierden el extravío con el canto
La ciudad tiembla como la voz y la casa sola grita de dolores ilesos
de llanto que no se oirá hasta que se cumpla la voluntad del terruño
Sonrío de pena pensando en mí persigo la ondulación de los chopos una visita
o el pan de cada día pero el horizonte trepida como una soguita en tensión
A pleno sol la casa vacía no disipa la metamorfosis enorme montón de adelfas
Un calvario rico de puro presente santo santo santo yo suplico
Qué alegría o qué tristeza Andreíta no sabe escribir
Tajos de silencio sobre cemento y cal yo suplico dime algo cuéntame lo que me pasa
vuélveme a los lomeríos a la semillita del árbol genealógico
al medio día de la esperanza pleno el mugido de las vacas yo suplico
si quiero llorar de claveles marchitos las boñigas circulares de las vacas
no marcan el camino y Andreíta no sabe volver
Una mujer sentada en una banca juega
con su sombra recibe la vacilación de la luz
Es otra cuando habla da la mano contiene la risa
De dónde viene con tanta pena y unas botas viejecitas
Tiene un grito de hambre en el lugar del corazón y
Un rostro despintado por las lluvias y el sol
Sabe sin haber escuchado el bandoneón que la vida
es una herida absurda que es todo una curda
ella canta su canción de belleza a la intemperie
por el camino que baja del Ajusco y no quiere ser niña otra vez
Frente al ruido de los automóviles y las moscas y los faroles
es un clavel con olor a gasolina que se resiste a morir de frío
y sereno todas las noches duerme a cielo abierto
con el rocío menudito cada mañana mea en aquella esquina
su cabeza revuelta de piojos y esperanzas chiquitas y alabanzas
olvidó si tuvo o no hijos si aprendió a tejer una letra con otra
a darse golpes en el pecho en señal de arrepentimiento
No importa dice la palabra que me nombra ni los años
que me atraviesan cuántos van no sabe no importa
dice nunca nadie se sentó a mi lado a contar las campanadas
una dos tres cuatro cinco y fuma y fuma y fumamos
Sobre sí se encorva y me regala un nosotros compartido
Y un futuro idéntico porque nuestros cuerpos dice
Sabrán imitar las raíces bajo la tierra