ISVI RUBÉN ESPARZA GARCÍA
Crecimos escuchando y oyendo principalmente de nuestros papás cuentos infantiles y de hadas: Pinocho, La Cenicienta, Caperucita Roja, Pedro y el Lobo, y los Tres Cochinitos moldearon nuestra infancia hablándonos sutilmente sobre cosas increíbles como animales que echaban carreritas entre ellos, habichuelas que al plantarlas llegaban al cielo o incluso sobre genios mágicos que cumplían cualesquiera de tres deseos —¿por qué a nadie se le ocurrió pedir infinitos deseos?
En un abrir y cerrar de ojos pasamos de los brazos de nuestros padres y de necesitar del cuento nocturno para dormir, a pelear por el control de la televisión para sintonizar el mejor canal, ahí, películas de Disney y caricaturas se volvieron las encargadas de llevar la batuta de la imaginación y el entretenimiento, en algunos casos, adoctrinamiento puro. El Rey León, La Sirenita, El Chavo del 8, Los Thundercats y Los Caballeros del Zodiaco moldearon nuestro comportamiento y nos hicieron creer que podíamos atravesar paredes, teletransportarnos y echar poderes con las manos. La fantasía e imaginación se llevó al tope.
Los sábados de Nintendomanía, Los Supercampeones, Las Tortugas Ninja Mutantes y ya más reciente, Los Simpsons parecían una mejor opción de entretenimiento para niños que están a punto de dejar de serlo, justo cuando las cosas cambian. En esa época aparecen nuevos cuentos, más extensos que los infantiles y ya sin tantos dibujos que fueron escritos hace bastantes años atrás, pero que ya con la pubertad, por gusto u obligación escolar, comienzas a leer.
20 mil Leguas de Viaje Submarino, El Lobo Estepario, Alicia en el País de las Maravillas y El Principito comienzan a tratar de engancharte en la lectura, pero lo más importante es que vuelven a poner en la mente de las personas ideas abstractas, mundos fantásticos con simios que poco a poco adquieren la habilidad de hablar como los humanos, situaciones hipotéticas futuras en las que la humanidad está vigilada por un Gran Hermano, o mundos distópicos llenos de hambre, experimentos humanos y modificación genética.
Las tareas de la prepa, la universidad y demás ocupaciones crecen y cada vez se tiene menos tiempo para leer, hay veces en las que sólo quieres prender el televisor y dejarlo como ruido de fondo. En el mejor de los casos encuentras que ese libro que te interesaba y nunca pudiste leer alguien lo terminó haciendo obra de teatro, se comenta en un podcast, película, serie o miniserie, audiolibro, o ya de plano, hay un resumen decente de 2 minutos en Tiktok. Ahora puedes acceder a él casi en cualquier momento.
El problema no es tanto el empezar a ver esos tiktoks con resúmenes bien hechos de algún libro, el problema es que el algoritmo trae una capirotada de temas que en su mayoría están hechos para enganchar a las personas que casi siempre tienen el celular en mano y dejarlos ahí como zombis por muchísimo tiempo, tanto, que la realidad es que ni siquiera nos preocupa cuando parar, por lo que nos la pasamos scrolleando un buen rato hasta que nos detiene algo de interés.
De pronto aparece en pantalla un video sobre el 9/11 y el cómo es prácticamente imposible que las Torres hayan caído hasta sus cimientos por el impacto del avión y te hace bastante sentido lo que dicen, te quedas a verlo y terminas convencido al 100% de que es mentira la verdad histórica. Bajas la pantalla y te topas con otro reel sobre cómo reparar la fuga en tu llave del agua o cómo organizar mejor tu día, luego un anuncio sobre prestamos de dinero o incluso la última actualización de Abelito en la Casa de los Famosos, pero no tienes interés en esas tonterías, mejor sigues bajando y bajando hasta que sale otra cosa que llama más la atención.
Los secretos ocultos de los illumitani, los Masones que dominan el mundo y sus ritos extraños, los Rothschild que se casan con sus primas, los Medici y los Borgia, los Reptilianos, los Annunaki, los Hombres de Negro, la Reina Isabel que come niños…en fin, sin querer los viste todos y ahora estás convencido de que toda la vida que estas viviendo está controlada y dominada desde todos los sentidos y que prácticamente hay que creer 50-50 de todo lo que hayas escuchado hasta el momento.
Comienzas sin querer a llenarte de teorías cada vez más locochonas sobre animales fantásticos: el Monstruo del lago Ness, Pie Grande, los Hombres Lagarto, el Chupacabras (jajaja), o sobre Cantinflas que tenía una sirena cautiva de la que estaba enamorado y, aunque sabes que es prácticamente mentira todo lo que viste, te siembra una semilla y mientras tanto, le diste armas al algoritmo para predecir tus nuevos gustos.
Vuelves al día siguiente y al siguiente después de ese y los videos son cada vez más convincentes y cada vez te hacen dudar más, no porque en sí creas sobre lo que hablan, sino más bien porque la persona que relata el video parece hacer investigaciones exhaustivas en super laboratorios, habla inglés y viste de traje e incluso, muestra tal seguridad que casi te convence de que la Tierra es plana, o que es Hueca y adentro viven los extraterrestres, que ningún vuelo cruza por la Antártida porque por ahí se accede a la Tierra hueca o incluso, muestran pruebas contundentes de que el Apolo 11 nunca llegó a la Luna.
La ciencia ficción se apoderó de nuestras vidas: Yo robot, Duna, 1984, La Rebelión en la Granja, Gattaca y Star Wars hablan de mundos y tecnologías que exploran todos estos avances y visualizan como estos podrían afectar a la humanidad, viajes espaciales, robots, colonias en otros planetas, inteligencia artificial, clonación y viajes en el tiempo, en algunos casos hasta parecen profecías que terminan por cumplirse y es por eso que nos hacen dudar.
Las películas sobre naves espaciales se hicieron tan populares que incluso ahora contamos con al menos una Flota Estelar Estadounidense (situación real) dispuesta a actuar en caso de una invasión extraterrestre o justo como en el caso de la película Armageddon, desviar un asteroide cuya trayectoria se acerque medianamente a la órbita de la Tierra, no vaya siendo que otro objeto de estos quiera venir a extinguirnos justo como les pasó a los dinosaurios hace apenas 66 millones de años.
Y a propósito de naves espaciales, y porque siempre es bueno escuchar una nueva teoría de conspiración, ahora tenemos al 3i/Atlas, un asteroide que es apenas el tercer objeto interestelar confirmado que pasa por nuestro Sistema Solar y que fue descubierto apenitas el 01 de julio de este año —¡qué suertudos somos de vivir para verlo!—. Los videos del tiktok están a todo lo que dan asegurado que se trata de un asteroide con mucha cara de nave intergaláctica inteligente, que contiene metales o compuestos industriales, tecnología desconocida para la humanidad, que posee aleaciones que no se observan en cometas anteriores, que rebota todas las señales electromagnéticas que le envían y que viaja utilizando impulsos gravitacionales desconocidos.
Dicen que su trayectoria no está tan cerca a la de la Tierra, pero hay quienes ya aseguran que vendrá por nosotros, que usará su tecnología cuántica para interferir comunicaciones e infiltrarse entre nosotros. Hay quienes asocian a la supuesta nave con una colonización masiva del planeta, que vienen por nuestros recursos minerales y agua al más puro estilo de la Guerra de los Mundos, y que nos pudieron localizar gracias al chip, que con ayuda del gobierno reptiliano nos implantaron durante la pandemia del Covid 19 con las vacunas, principalmente, con la Astra Zeneca —quizás por eso dolía tanto.
Como sea, el punto es que ya nos detectaron, fijaron curso hacia la Tierra y nada podrá pararlos en lo inmediato, harán contacto. Trump y Putin pronto comenzarán a hacer pruebas nucleares por aquello de necesitarlo, aunque en mi opinión, y después de ver varias horas de tiktoks, quizá lo que más les interese a estos seres viajantes del universo profundo sea llegar a tiempo a hacer su pedido de Pasteles y Rosca de Reyes del Costco antes de que los revendedores hagan de las suyas y las suban los precios a propósito de las fiestas venideras.
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