ÓSCAR ÉDGAR LÓPEZ
Las ranas siempre me han parecido bichos muy interesantes, algo repulsivos, pero inagotables en su adaptación y mutabilidad, desde su primera fase de vida como huevecillos: una baba espesa de diminutos ojuelos translucidos, luego sus días de renacuajo; y después parecidos a los ajolotes, cuando son renacuajos con patas; hasta la última transformación: como ranas adultas. Hay ranitas de arroyo, pequeñas, del color de las piedras, otras de estanque y unas muy grandes de tétrico croar. El sábado estábamos recordando a una rana muy peculiar, se trataba de uno de estos batracios, albina, que vivía como la mascota de un amigo, sus compañeros de hábitat eran pececillos minúsculos, de esos que les llaman “chinchorros”; la rana, quizá agobiada por el aburrimiento, el hambre y la general falta de atención del propietario, tenía por entretenimiento un peculiar deporte, se lanzaba cuan elástica era sobre los inocentes peces, los sujetaba con sus patas delanteras y bien asidos les propinaba unos decididos mordiscos que al ser desdentada no eran otra cosa que sendas chupadas, esta “rana mamadora” había encontrado la forma de vencer el cruel descuido del humano que la había adquirido apenas por unos pesos, para fortuna de los ágiles nadadores la rana era chimuela y de boca pequeña.
En el arte las ranas son símbolos bastante plurales, depende de la cultura y la época, pero suelen presentarse como un arquetipo de la transformación, la fecundidad acuática, la alegría y la renovación. En el antiguo Egipto la diosa Heket (cabeza de rana cuerpo humano), en México ranas de jade, invocadoras de las lluvias, en los ukiyo e como parte del mundo flotante entre lo humano y lo etéreo, las ranas decoradas de Joana Vasconcelos, entre muchos otros ejemplos. Este anfibio es un ser envidiable, como las aves: habita dos mundos, domina las aguas de los estanques y las secas rocas de las estepas. Cómo olvidar además al entrañable personaje de los Muppets, la Rana René, novio de una cerdita y fanático del cantante country folk Jhon Denver.
En esta litografía realizada en mármol e impresa en papel artesanal, José María Nava Jiménez, presenta a dos ranas fandangueras, una con la jarana y la otra con la voz, que parece croar una letra mortal, pero con su canto y con su danza lo que hace es espantar a la necia calavera que se pierde en una nube densa de humo expiatorio. Los dos bichos bailan sobre un fondo claroscuro en el que seguramente el bosque se pierde en su inmensidad. El uso del mármol en la litografía es reciente y tiene a uno de sus impulsores en el centro La Ceiba Gráfica en el estado de Veracruz; el pionero de la litografía Alois Senefelder desaconsejaba su uso para esta técnica, pero en la exploración y experimentación ha sido posible realizar obras de particular calidad sobre dicho material. Nava Jiménez creó su pieza “Fandango” cuando estuvo como residente en el centro de gráfica arriba mencionado en el año 2023, la pieza obtuvo mención honorífica en el Primer Concurso Nacional de Grabado en Pequeño Formato Reynaldo Velásquez. Estas cuestiones técnicas nos hablan también de las características de las ranas, la transformación, la evolución y la adaptabilidad. Conozcan la obra de Nava Jiménez, pongan los ojos en su pecera, pero: ¡cuidado con la rana mamadora!

Autor: José María Nava Jiménez
Técnica: Litografía en mármol blanco mexicano sobre papel artesanal
Medidas de la estampa: 10×15 cm / Papel: 21×28 cm
Instagram: @Chema.jiménez06