ÓSCAR ÉDGAR LÓPEZ
En otras ocasiones han paseado su famélica estampa canes y perrillos de aguas por esta columna, hoy también vendrá un colipeludo a ladrar y aullar entre los ebrios renglones, el afamado y temido Cerbero, guardián apostado en el río Estigia, hijo de Equidna y Tifón, monstruos serpenteantes; tricéfalo y de ladrido constante, ojos inyectados de sangre, pero también dócil y domesticable. Psique lo domó con una tarta de cebada y miel, Orfeo endulzó con la lira su perruno sueño y Heracles le enterró una mortal flecha. Dante lo describe en el “Canto VI/ Círculo de los glotones” en la Divina Comedia:
El Cerbero, animal feroz y gurvio, por sus tres fauces ladra de continuo, y es de los anegados el disturbio. De negro hocico y ojo purpurino, de vientre obeso y manos unguladas, muerde a las almas con furor canino. Las sombras, por las lluvias maceradas, ladran también cual can, y se resguardan, unas contra las otras apiñadas, cuando el ataque del Cerbero aguardan; y al verle abrir la boca sanguinosa, temblorosas se esconden, y acobardan.
Esta grotesca bestia que Hades tenía por portero del inframundo y que pertenece de forma esencial a otras tradiciones mitológicas, nos hace pensar que será un perro, terrible o no, el que nos abra las puertas de ese espacio psíquico que es el reino de las almas atormentadas, la casa de los muertos indignos, los que se arrastran y trepidan las cavernas sulfurosas donde Satán guisa viandas malditas. Pero ¿qué es el infierno sino una experiencia?, igual que el cielo de los benditos, el infierno es un estado emocional, al que además socorremos con extrema vivacidad, ahí despertamos casi todos los días, este tránsito de existir es puro dolor y puro sufrimiento, ¿qué otra cosa, amigos, es el infierno?
Al ver la foto de Andrés Sánchez es imposible no conmoverse: el ramaje fantástico que se alza formando un portal, el ambiente neblinoso, de frío melancólico, de helada penumbra y ese cánido tan calmo que parece esperar al viajero y decirle en ladrido profético: “por aquí, penitente, es por aquí”. La imagen goza de una espléndida composición con tres triángulos, el del centro invertido y en grises claros, a los flancos otros dos, pero oscuros y que muestran un ramaje ralo, el perro personaje al centro, la luz viene de afuera, ¡entonces no es la entrada, sino la salida del infierno! Luego, pues, este perro es un guía bondadoso, por su postura, por su pelaje blanco y porque vuelve la cabeza para mirar al penitente y animarlo a continuar. La imagen posee una amplia variedad tonal en escala de grises, manifestando así la pericia del artista.
Pensemos en las tres cabezas de Cerbero; Veltesta (izquierda), la de su familia canina, hermano de los lobos, zorros y coyotes, su parte salvaje, animal puro; Drittesta (derecha), su parte humana, como “cosa” creada por los humanos y Tretesta (centro) la cabeza híbrida y por lo tanto abyecta, enferma, demoniaca, brutal. Todo perrito, aún el más tierno posee estas tres cabezas, el de la fotografía de Sánchez también, por eso al ver su retrato vamos del dolor del mundo infernal a la gloria del blanco silencio de la bruma.

Fotografía de Andrés Sánchez
Instagram: @andres_wancha