JIMENA CERÓN
Cansados. Hablando de la percepción general de las personas que sigo en las redes sociales no puedo permitirme omitir el hecho de que siempre sobresale cuando se trata de hablar de su vida adulta y de la forma en que sobrellevan sus actividades cotidianas, pues en aquellas actividades tan sencillas (y no por lo fácil, sino por lo básico) como trabajar, relacionarse con sus entornos familiares o estudiar, existe un adjetivo que es repetitivo para describir la manera en que se sienten habitualmente: cansados.
Cansados de repetir una y sin fin de veces las actividades que están «obligados» a realizar para poder vivir, pero ¿realmente eso es lo cansado? Byung-Chul Han en el análisis de las sociedades de occidente detecta una fijación por el quehacer que progresivamente desenlaza en el agotamiento individual de lo cotidiano, lo cual repercute directamente en la manera de ejecutar las actividades básicas que señalé anteriormente.
En la actualidad podemos interpretar la fijación por el quehacer como el siempre estar ocupado, pero además está ocupación debe de tener un objetivo directo. Por decir si vas diariamente al trabajo pareciera no ser suficiente si esa actividad no está ligada al desarrollo de otra y/o a un objetivo más grande por ejemplo obtener un aumento, ser reconocido e inclusive actividades indirectas como el comprar algo con el dinero obtenido por la actividad laboral. Y no es que antes no fueran importantes este tipo de «recompensas», sino que ahora son visibles.
Retomo ahora la idea de la segunda oración de este texto. Culturalmente el peso que ahora tiene la aprobación digital pareciera estar ligado a la cantidad de «éxito» que puede o no tener una persona, pero esto, claro, no es proporcional porque de qué manera podríamos considerar estándares si no podemos saber el peso justo que debería tener cada forma de aprobar lo compartido (si quisiéramos por ejemplo cuantificar los likes o los compartir), teniendo que definir si es más satisfactorio que las personas cercanas a tu vida reconozcan lo que haces y compartes o, por el contrario, aquellas personas para las que en realidad eres un extraño fuera de las redes sociales, pero que coincides porque pertenecen al círculo de aquella actividad compartida, por ejemplo, los colegas o bien de aquella gente que selecciona sólo reaccionar cuando pareces triunfar, pero no cuando fracasas o peor aún al contrario.
Si es fin lo contrario. Por ejemplo cuando te muestras vulnerable o simplemente cansado, ¿qué es lo que gusta, que fracases, que te sea difícil, que estés estancado? Y, siguiendo con los cuestionamientos, ¿a qué viene la reacción, se trata de empatía, de sentirse identificado o es satisfactorio saber que el otro vive las consecuencias de ser visible, de estar atrapado en el quehacer?
En su libro La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han hace énfasis en la manera en que la incesante autoexigencia nos lleva al infierno de lo igual teniendo siempre que tener un enfoque positivo sobre lo vivido y entonces sólo insistir en publicar y en hacer visible lo que es «bueno», como si lo demás tuviese que minimizarse o no visualizarse, como si de algo menos importante se tratase.
Pero ¿a quién le importa? ¿Quién está cerca cuando todo está mal? «Tómate un descanso», exigen las redes sociales cuando el reflector no es hacia lo poco positivo, «pero tómalo lejos», también sugieren, «desconéctate» del mundo digital sólo es para lo bueno lo demás debes de hacerlo en la vida real, escondido o mejor dicho visible para quien realmente está en tu vida, sea publicada o no.
¿Qué tendría que suceder entonces realmente después del descanso? Florecer, resurgir y, si mejor lo puedes, olvidar. Guardar en un cajón el proceso y sólo mostrar la mejor cara, entonces regresar a lo mismo, la sociedad del cansancio, de lo efímero, de lo ficticio de lo poco real y quizás lo menos gozoso, ¿por qué habría tiempo de documentar todo lo vivido y por qué tendría además que querer compartirlo? Es sencillo: porque entonces trae consigo la frustración no en el no comparar, sino en el no lograr. Si no hay un objetivo entonces quizás las acciones son innecesarias, están demás, son rutinarias y aburridas. Cansado. Adiós.

Fotografía: Cortesía