OSCAR ROMERO MERCADO
El relámpago iluminó el ambiente nocturno y permitió ver por unos segundos aquel cuerpo tendido entre los matorrales. Los nubarrones oscuros y densos envolvían la noche. El aire corría en un soplo helado que tensaba las mejillas, al menos así lo sentía el guardabosque quien había encontrado el cuerpo mientras hacia su recorrido habitual. Lanzó la luz de su lámpara y observó el rostro completamente carcomido. En un instinto de supervivencia dirigió la luz hacia su alrededor. Estaba solo. Tomó su viejo radio VHF que colgaba de su cintura y comenzó a llamar a la base. No hubo respuesta, sólo aquella estática entrecortada al cambiar una y otra vez de canales.
Sacó un pequeño cuaderno del bolsillo izquierdo de su chamarra, colocó la lámpara en su boca y comenzó a tomar nota. -Cuerpo encontrado al alrededor de las 8:45 de la noche, a 2 metros del Sendero Encinos marcado en el kilómetro 4.5. La tierra se encuentra húmeda, y no hay a la vista rastros de huellas recientes. Los matorrales están casi intactos; no hay señal de lucha, ni presencia de animales. El rostro muestra indicios de haber sido roído, sin embargo, es extraño porque no existe presencia de fauna salvaje en la zona- Guardó el cuaderno y volvió a tomar su linterna. Echó un vistazo hasta donde la luz se fundía con la oscuridad, pero siguió sin encontrar nada. Cerró los ojos y aguzó el oído. Sólo silencio.
Comenzó a caer la llovizna, el guardabosque supo que era cuestión de minutos para que aquello se llenara de neblina. Se dirigió de forma apresurada hacia las rocas que estaban esparcidas por el camino y formó un montículo a la altura exacta para marcar el sitio. Hizo una pausa, recordó que en la cabaña que servía como refugio al oeste había una radio con mayor frecuencia. Comenzó a correr. Sus pisadas se hundían entre el fango y la hojarasca. A cada paso sus pies se volvían más pesados, le hacían tambalear. La neblina se esparció por todo el entorno.
El sonido de unas pisadas que corrían justo detrás de él le hicieron detenerse en seco. Volteó y sostuvo la lámpara a la altura de su cabeza. Sin embargo, la luz no podía atravesar aquella bruma que se interponían frente a él. Esperó unos segundos en calma, luego volvió a correr. El miedo comenzó a erizar su piel, sentía aquella sensación extraña de que algo se aproximaba. Pronto vislumbró una farola. Provenía de la cabaña. Aminoró el paso, exhaló profundamente y volvió aspirar. Sintió como si la bocanada de aire frío rasgara su interior. Estaba a tan sólo unos pasos de la cabaña cuando sintió aquella mordida que le desgarró el cuello. Las cosas pasaron deprisa, las mordidas se extendieron por toda su cara y la sangre comenzó a brotar cegándolo al instante.
A la mañana siguiente un grupo de guardabosques salió en la búsqueda de su compañero. No había vuelto de su recorrido nocturno y el clima hacia difícil la comunicación por radio. Sobre el Sendero Encinos encontraron un pequeño montículo de piedras junto a los matorrales; de ahí un par de pesadas huellas se adentraban hacía el oeste, rumbo a la cabaña. Por los indicios parecían ser dos personas. Siguieron el rastro hasta donde terminaban los encinos, a la falda de la colina. Sólo encontraron una libreta ilegible manchada de sangre. Una lluvia intensa comenzó a diluir los indicios. Los guardabosques sabían que sería complicado seguir con la búsqueda.
Es un texto bastante entretenido, se siente una gran energía al momento de leerlo. Tiene un drama un poco confuso pero al momento de que te adentras al texto sientes totalmente la vibe de lo que se trata, muy buena escritura tanto muy buena lectura👍🏾👍🏾