ENRIQUE GARRIDO
Hay errores que nos constituyen, nos humanizan, nos dan sentido. Cuando decidí estudiar letras, el coro fue unánime: “es un error, te vas a morir de hambre”. En una sociedad que valora más lo funcional, adentrarse al espíritu era una proeza digna de cualquier marinero con propensión al naufragio. Y sí, buscar vivir de la literatura me ha dado todo, menos riqueza. Siguiendo el rumbo del azar bajo la brújula de la improvisación, pienso qué pasaría si pudiera dar vuelta atrás, tomar otro camino, ya saben, saber siempre el rumbo más conveniente, el más seguro, la ruta más corta.
La improvisación y el error están más cerca de la creatividad que de la funcionalidad, de lo humano que de lo programable. Su presencia luce sospechosa, es mal vista, ronda cual fantasma todo lo que hacemos. Para Friedrich Nietzsche no es un fracaso, sino una interpretación creativa del mundo. Así, una “mala” decisión puede llevarnos a espacios que jamás hubiéramos explorado, lo que en la creatividad es fundamental.
En 1989, Soda Stereo estaba de gira. En una simple prueba de sonido en México, Gustavo Cerati agarró la guitarra y tocó 4 acordes icónicos, Así nació “De música ligera”. Fue improvisado, a manera de juego, de suerte, fue al salirse del guion. Gustavo Cerati falleció el 4 de septiembre de 2014 en Buenos Aires, pero su legado musical sigue intacto.
Por ello resulta desconcertante la nueva gira de Soda llamada Ecos, donde aparece un holograma a partir de IA. Más allá de la economía de la nostalgia, los promotores se han empeñado en decirnos que es Cerati; sin embargo, sabemos que está muy lejos. Para el artista que escribió “Saber decir adiós es crecer”, que no lo dejen despedirse debe ser una verdadera tragedia.
Este holograma puede parecerse a Cerati, pero no tiene su tiempo, su error, ni su desgaste, tampoco su genio ni su capacidad de improvisación. Es una copia programada, perfecta. Walter Benjamin en su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936) señala que el arte, cuando se reproduce hasta el infinito, pierde su “aura”, esa distancia casi sagrada que lo hacía único, situado en un aquí y un ahora irrepetible.
Hay algo inquietante en intentar borrar la imperfección. La tecnología como herramienta para corregir aquello que nos hace humanos, lo irrepetible. Cada show de Soda Stereo será idéntico, perfecto dentro lo programable, sin improvisaciones, sin eso que los hacia único. Existe un ideal japonés llamado wabi-sabi que celebra lo incompleto, lo desgastado, lo que carga el paso del tiempo. Apreciar la belleza en lo imperfecto, en lo viejo, en lo rugoso; en lo improvisado, en lo complejo, en lo diferente, en lo que está fuera de la caja, de nuestra zona de comfort. Renunciar a esto y celebrar espectáculos y obras artísticas artificiales es celebrar lo genérico, elimina el error bajo el anticipo de la programación, y también elimina la posibilidad del hallazgo, del accidente feliz, del desvío que nos transforma.
Cuando seguí mi corazonada de estudiar letras, experimenté el amor fati: Nietzsche lo definía como amar el destino en sus grietas, porque son ellas las que nos permiten llegar a ser quienes somos. El verdadero naufragio está en no saber vivir lo humano, el no querer arriesgarse, pues donde no hay riesgo, tampoco hay descubrimiento. No hay caída, pero tampoco hay música ligera.
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Wooo, que maravilla de reflexión, sin duda el miedo a equivocarse, paradójicocamente suele estar en paralelo con el crecimiento humano, y no así visto como una maravilla de la naturaleza humana, donde solo se puede llegar a la consumación del ser siendo imperfecto.
Wooo, que maravilla de reflexión, sin duda el miedo a equivocarse, paradójicocamente suele estar en paralelo con el crecimiento humano, y no así visto como una maravilla de la naturaleza humana, donde solo se podría llegar a la consumación del ser siendo imperfecto, porque la imperfeccion no es una decisión conciente, si no una manera de descubrir que nunca llegarás a la perfección.