ENRIQUE GARRIDO
Voy a mandarles un mensaje, pondré mis dedos en las cienes, inclinaré un poco mi cabeza al frente… ¿Listos? [————————————————-], ¿les llegó?, bueno, va de nuevo: [————————————————-].
En 1978 se estableció, en Fort Meade, Maryland, la unidad secreta del Ejército de los Estados Unidos denominada “Proyecto Stargate”, por parte de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) y el Stanford Research Institute (SRI), para investigar el potencial de fenómenos psíquicos y sus aplicaciones en la inteligencia militar y doméstica. Su metodología consistía en concentrarse en coordenadas geográficas o imágenes externas para intentar describirlas mediante percepción extrasensorial en entornos controlados. La finalidad era comprobar si visores remotos, personas con supuestas habilidades psíquicas, podían obtener información sobre ubicaciones, objetos o personas a distancia. Para ello reclutaron y evaluaron unos 20 participantes, incluyendo figuras reconocidas como Ingo Swann y Uri Geller
La telepatía proviene de las raíces griegas τῆλε (tēle), ‘a distancia’, y πάθος (pathos), asociado a sensación o experiencia emocional; es decir, sentir a distancia”; por su parte, la RAE la define como la “coincidencia de pensamientos o sensaciones entre personas generalmente distantes entre sí, sin el concurso de los sentidos, y que induce a pensar en la existencia de una comunicación de índole desconocida”.
Resulta curioso que uno de los objetivos de los estudios sobre la telepatía sea el bélico, cuando es campo fértil para el amor. En psicología existe la sincronización emocional y comportamental, que deriva de la afinidad, el conocimiento mutuo y la empatía surgida entre los amantes, una sensación de conexión profunda sostenida por la neuroquímica cerebral, la dopamina, la serotonina y la oxitocina participan en esa sensación de conexión profunda: hilos invisibles, miradas que hablan y sonrisas que hipnotizan.
Octavio Paz habló de la erótica verbal, donde el lenguaje no sólo comunica información, sino que activa sentidos y emociones; poesía pura: transfigurar el deseo en palabra. Si bien no cumple los parámetros exigentes de la telepatía, su capacidad para evocar pasiones y emociones vuelve a la poesía una de las formas más concretas de esa experiencia, pues en ella cuerpo, deseo y lenguaje encuentran una forma de unidad espiritual. En palabras de Alejandra Pizarnik: “Y yo esperaba tu palabra escrita en el viento”.
La poesía, el amor y el erotismo son la apuesta mundana y terrenal de quienes aún perseguimos una telepatía realizable, al menos en esencia. Establecen un diálogo entre otredades sin mediaciones, donde la comunicación literal se vuelve insuficiente y el lenguaje poético termina por convertirse en un puente entre amantes. Si la guerra siempre ha soñado con anticiparse al enemigo, el amor intenta anticiparse al otro.
La verdadera telepatía nunca estuvo en laboratorios secretos ni en coordenadas militares, está entre dos personas frente a frente, en un silencio largo, en las sonrisas, en tocar sin tocar, decir sin decir y construir puentes invisibles en un mundo empeñado en destruir lo que podría amar, o para que quede más claro: [————————————————-].
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