Un pequeño ejemplar de La rosa amarilla, publicado en México en 1982, sobrevivió durante más de cuatro décadas entre pérdidas, incendios, ventas y deudas. Su dueño lo compró cuando era adolescente y durante años lo conservó sin terminar de leerlo. Mór Jókai permaneció ahí, en esas páginas todavía pendientes, esperando a que el tiempo hiciera su trabajo sobre el lector y sobre el libro.
La historia que cuenta César Anguiano parte precisamente de ese regreso. Volver a una novela después de tantos años supone enfrentarse también a quien fuimos cuando la compramos, a las lecturas que entonces desconocíamos y a una memoria que conserva títulos, portadas y circunstancias incluso cuando la historia de esas páginas se ha borrado casi por completo. La lectura, en este caso, ocurre en dos tiempos: el de Jókai y el de un lector que descubre, décadas después, qué había quedado guardado junto con aquel volumen.
Mór Jókai ocupa un lugar importante dentro de la literatura húngara del siglo XIX. Su obra estuvo vinculada a las transformaciones políticas de su país y a la construcción de una literatura nacional posterior a las luchas por la independencia húngara. La rosa amarilla conduce esa historia hacia la gran llanura, la puszta, donde los caballos, los hombres, el paisaje y las tensiones amorosas forman el mundo de la novela. El recorrido que propone Anguiano permite acercarse a ese universo desde la experiencia de una relectura, con todas las asociaciones que una vida entera de lecturas puede depositar sobre un libro.
El rescate de una obra también pasa por estas pequeñas operaciones de la memoria. Volver a publicar, recomendar, reseñar o simplemente poner un nombre antiguo frente a nuevos lectores puede devolverle circulación a un autor que dejó de formar parte de nuestras conversaciones habituales. Las colecciones editoriales que llevaron a Jókai a las manos de lectores mexicanos forman parte de una historia de acceso a la literatura que merece ser revisada: los libros que llegaron desde otras lenguas, los autores que alguna vez estuvieron disponibles en nuestras librerías y bibliotecas, las traducciones que hicieron posible ese encuentro.
Anguiano escribe desde el interior de esa historia. Su lectura de La rosa amarilla termina siendo también una reflexión sobre el tiempo, la memoria y la persistencia de los libros. El ejemplar que conserva está envejecido; sus materiales comienzan a deshacerse y, tarde o temprano, desaparecerá. El texto queda entonces como otra forma de supervivencia.
Queridas lectoras y estimados lectores, quizá ese sea uno de los gestos más íntimos de la literatura: rescatar algo antes de que termine de perderse. Un autor, una novela, una traducción, un libro comprado a los dieciocho años. Incluso un lector que ya no existe del todo. No lo olviden: juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero