DANIELA ALBARRÁN
En las últimas semanas se ha puesto de moda el trend de «ojitos mentirosos», donde se muestran personas disfrazadas de payasxs haciendo alusión a la película Chicuarotes de Gael García Bernal. Este trend generó controversia, pues muchos creadores de contenido, la mayoría de ellos blanqueados, participaron sin entender realmente el propósito del trend, cuyo punto focal es visibilizar la falta de oportunidades de las personas barrializadas.
Este fenómeno me hace pensar en cómo, en los últimos tiempos, también se ha reflexionado sobre el barrio y la barrialización, desde la literatura hasta un punto en el que parece haber un «barriómetro» que evalúa a quién respalda más su barrio. A raíz de este trend y de la búsqueda del significado de la barrialización, surge la pregunta fundamental: ¿qué es el barrio? He estado reflexionando sobre esta pregunta desde mi propio marco teórico y mi realidad. Mi vida ha estado profundamente marcada por el barrio, y ahora que lo veo desde fuera, tengo una ligera idea de lo que para mí es el barrio. Probablemente no tenga un interés público, o quizás sí, pero es un tema que llevo tiempo tratando de aterrizar, y tal vez esta columna sea el inicio de ello.
Parto de la idea de la identidad, porque me parece que éste es el punto focal de la barrialización. Ser de un barrio te da identidad, te da un gentilicio. Por ejemplo, la película Chicuarotes se llama así porque esa palabra es el gentilicio del barrio donde viven Cagalera y Moloteco. No digo que todos los barrios tengan gentilicios; por ejemplo, mi barrio no tiene uno. Jamás he escuchado a nadie decir «tlacotepeños» o «tlacotepenses», pero sí he escuchado: «¡Ah, esa persona es de Tlaco!» Ahora que no vivo allí, me parece importante hablar sobre lo que le da identidad a un lugar y, por ende, a una persona. La palabra que más tiene sentido es «hacer comunidad». Sé que suena a cliché, porque probablemente sea obvio, pero justamente hacia allá es donde quiero ir. ¿Qué es ser comunidad?
Byung-Chul Han, en su libro La desaparición de los rituales, menciona que son los «sentimientos colectivos los que consolidan la comunidad». ¿Cómo podríamos definir un sentimiento colectivo? Me parece que no hay mayor sentimiento colectivo que el caminar por las calles de tu barrio y que la gente te conozca, pero no por tu nombre, sino por alguna característica tuya o de tu familia. En mi barrio es común conocer a las personas por su oficio, lo cual también sirve como referencia geográfica: «Tal persona vive al lado de la casa del carnicero», «Ve a las tortillas que están enfrente de la casa del veterinario», «Esos clavos los encuentras en la ferretería que está por la escuela». Me refiero a identificadores que nos permiten entender el espacio, pero también entender el sistema de comunidad de un lugar. La comunidad y la identidad barrial se construyen a partir de la identificación de la otredad, de reconocer que hay otro, y que ese otro tiene un oficio, una familia, una casa: un lugar en el mundo, aunque ese mundo esté marcado por la precarización, y probablemente por muchas formas de violencia.
Me interesa mucho pensar que el barrio tiene su propio discurso, en el cual cada barrio crea sus propios símbolos, ritos y mitos que las personas aceptan sin cuestionarlos, porque ésa es la realidad que viven en su día a día. Y todos los barrios son diferentes entre sí, porque provienen de naturalezas distintas. Es decir, puedo hablar sobre que soy de un barrio en específico y escribir sobre él porque es algo que me pertenece, al igual que le pertenecería a mis vecinxs, pero eso no significa que mi experiencia de barrio sea la misma que la de otras personas barrializadas, cuya geografía sea diferente. Literalmente hablamos de que cada barrio es un mundo, con su propio ecosistema que permite, y me parece que exige, pensarse a sí mismo.
Mi postura es académica, por supuesto, y desde ahí estoy pensando mi identidad de barrio, y si es que la tengo o no. Finalmente, mi teorización del mundo proviene de allí, y mi visión del mismo también. Lo que me interesa explorar de la barrialización es la identidad a través de su sentimiento de comunidad, y justamente eso es lo que diferencia un barrio barrializado de uno que no lo está. El segundo no tiene identidad propia, no hay sentido de comunidad, y la diferencia es completamente abismal entre estar en un barrio barrializado y en uno que no lo está. Un barrio no barrializado es, en primera instancia, un sitio donde la comunidad no existe. Actualmente vivo en un barrio que no está barrializado, y ni siquiera sé cómo se llaman las personas que viven debajo del lugar donde yo vivo. Nunca he hablado con ningún vecinx, probablemente ni siquiera un saludo. No son sitios donde se pueda caminar, porque, aunque las condiciones físicas sean más propicias o «seguras», como tener una banqueta, no hay gente caminando, a diferencia del barrio barrializado, donde la vida transcurre a través de caminar las calles, incluso si eso se considera verdaderamente peligroso.
Me interesa pensar y probablemente narrar el barrio, porque quisiera reivindicar una idea de barrio que sea propia, que me dé identidad a mí, aunque esa identidad sea sólo mía. Y aquí quisiera también pensar en la deconstrucción de lo que pensamos sobre cómo se ve una persona que viene de un barrio. Digo esta última frase con pinzas, porque parte de la desconstrucción es también deconstruir nuestros propios prejuicios sobre lo que pensamos qué es o cómo debería ser el barrio y sus habitantes y también entender que no existe «el barrio», sino la barrialización de sitios geopolíticos.

