DANIELA ALBARRÁN
Poco se ha hablado de la escritura de una tesis desde un lugar no académico; cuando se pronuncia la palabra “tesis” pareciera que estamos frente a una palabra que causa hasta terror, y no me extraña pensando en que, muchas veces, escribir una tesis es terrorífico cuando no se tienen las condiciones materiales ni espaciales para hacerlo, y que, por el contrario, cuando se tienen, puede ser un proceso idílico.
Recientemente una de mis mejores amigas se tituló con tesis, y más allá del logro que es escribir, investigar y al final terminarla, me gustaría traer a la mesa lo difícil que es seguir viviendo cuando uno termina de escribir una tesis.
Hablando con ella, me comentó que su relación con su tesis duró poco más de 10 años. Una década, una relación amorosa muy larga. Yo me tardé 5 años en mi tesis de maestría: un lustro. Y ahora que estoy iniciando la tesis de mi segunda licenciatura, pienso en el vacío que se siente cuando se termina y es que escribir una tesis no es terminar un trámite, es un estadio durante una época importante de tu vida.
Dedicar años de estudio a una obra literaria, a un tema científico, no es cosa fácil porque implica tiempo, recursos y un espacio mental que, cuando se está escribiendo, hace muy complicado pensar creativamente en otras cosas. Durante el tiempo que escribí mi tesis de maestría, no pude escribir ficción. Toda mi mente estaba en ese texto.
Recuerdo que cuando terminé mi tesis lo primero que pensé fue en que ya no iba a pensar ni escribir sobre Archimboldi (mi tesis fue sobre 2666 de Roberto Bolaño). Recuerdo que cuando la vi impresa, lloré; no por el logro en sí, sino porque ya iba a dejar de tener ese espacio mental ocupado. Sentí una tristeza muy grande que en ese momento no entendía por qué. Con el tiempo, comencé a teorizar por qué sentía esa tristeza: despedirse de la frase “estoy escribiendo mi tesis” es difícil, porque ese estadio, de alguna u otra forma, ya está muerto.
Lo mismo sucede cuando terminamos de leer un libro o cuando lo terminamos de escribir; pienso que germinamos relaciones parasociales con los textos que nos circundan, y que deberíamos tomar un tiempo de luto cuando terminamos de escribir un texto, el que sea, porque ahí en las palabras se drena nuestra mente, nuestras ideas y muchas veces los últimos vestigios de energía que nos quedan después de realizar una actividad creativa.
Terminar de escribir una tesis conlleva un luto, sí; el luto de quien tuvo una relación textual por años, y como toda relación amorosa, llega a su fin.

Mujer leyendo, Aaron Shikler.