Entrevista a Mario Eduardo Ángeles González, director de La Testadura
Me llamo Mario Eduardo Ángeles González, soy director de una revista que se llama La Testadura. Es una publicación que ya tiene trece años de existencia, pues empezó a circular en 2012.
MARIO EDUARDO ÁNGELES GONZÁLEZ: Al principio yo estaba bien de salud, pero cuatro o cinco años después empecé a enfermar y no quería darles problemas a los demás. En La Testadura apoyamos en todo lo que se necesite, esa es la idea: tender la mano, que el otro no se preocupe. Y si a alguien tengo que nombrar aquí es a Jaqueline Estrada, que me está echando la mano al cien por ciento. Si ves una directora ejecutiva que me da vida, es ella.
EL MECHERO: Sabemos que La Testadura viene de proyectos anteriores como La Charola Literaria o Ediciones El Gallo. Háblanos del proceso de evolución de La Charola hacia La Testadura.
MARIO EDUARDO ÁNGELES GONZÁLEZ: Éste es ya un intento más de varios que he hecho. No es que fueran solo intentos, sino que con cada paso me iba especializando. Cuando me descubrí, me descubrí escritor. Desde los catorce años les mandaba poemas a mis amigas. Pero después me pregunté: “¿Cómo voy a ser escritor si nadie lee?”. Con tanta televisión y tecnología, la lectura iba quedando de lado. Entonces pensé: había que hacer una revista.
El primer paso fue La Lotería. Surgió de mi trabajo en el Conafe: yo iba a comunidades rurales con presupuestos estatales o federales, y de ahí nació la idea de un álbum literario. Tenías que recoger tradiciones, costumbres, remedios, historias locales. Eso me enseñó que si quería escribir, también necesitaba lectores. Ahí empezó mi interés por la promoción de la escritura y de la literatura.
Poco a poco fui dejando en segundo plano mi faceta de poeta para dedicarme más a publicar. De ahí nació La Charola. No entraré en todos los detalles de cada proyecto, pero sí en el sentido. La Charola se llamaba así porque en algunos lugares a la hoja donde limpias la marihuana le dicen “charola”, en otros “limpión”. La revista era una fotocopia: de un lado un poema con imágenes, del otro lado lo mismo. Algo accesible, barato, pensado para circular en las copiadoras de la universidad.
Más adelante se hizo más grande, en pliego de imprenta, con dos tintas. Eso ya encarecía el proyecto y rompía con la idea original. La intención siempre fue algo práctico, directo, que se pudiera encontrar en las mismas papelerías donde sacabas copias.
Después me distancié un poco de La Charola e intenté impulsar el recuerdito: pedir a los mayores anécdotas para plasmarlas en materiales que hasta podían usarse como mantelitos en cafeterías. Quería que circulara en lo cotidiano, que la literatura estuviera ahí, en la mesa de un café, entre un plato y un vaso. No funcionó del todo. En parte porque también existe lo que yo llamo la “mafia literaria”. Un funcionario tomó la idea y la convirtió en un anecdotario de lujo, con portadas duras y papel cuché. No era lo mismo, no competía con lo que yo proponía, que tenía un estilo cantinero, más inmediato, más popular.
Yo no soy el clásico literato de academia. Vengo más bien de la calle, de la banqueta. Con el tiempo sufrí una malformación arterial en la zona cero y se me paralizó el lado derecho del cuerpo. Eso es permanente. Ésas son las venturas y desventuras de un poeta, o de un director editorial, como quieras llamarle.
EL MECHERO: Para cerrar, Mario, háblanos de tu labor poética: ¿de qué va tu escritura, qué has publicado, qué recomiendas a la banda?
MARIO EDUARDO ÁNGELES GONZÁLEZ: Espero que aquí nos podamos detener un poco para entender, para yo darte a entender lo que para mí es publicar, ¿no? Lo que para mí es ser un escritor.
Todos mis escritos, o sea, no tengo tantos libros, realmente son dos o tres. Ninguno tiene derechos de autor, o sea, ninguno está registrado como derechos de autor, ni cosas así, porque, pues, mi manera de ver las publicaciones es: yo te publico, hacemos la presentación, este, vinitos, cervezas, lo que sea, igual refrescos o agua, pero ya de ahí hablo de mi libro, mi presentadora habla de su libro, mi representadora habla de su libro, todos hablan de mi libro, yo me sigo el refrescoso para acá, hablo de mi libro. O sea, todo está muy guay, muy chingón, muy chido.
Sabemos que todo eso lo estamos pagando, si no, económicamente, si con nuestra imagen. Prefiero, a ver, es el caso de tantos escritores que tienen fama, que se están volviendo famosos, que se empiezan a esconder, que empiezan a evitar a la gente. Bueno, no es cómo explicas eso, es una pregunta retórica.
Lo otro es: pues, ¿para qué escribías si no te querías volver popular? si no te querías volver toda una estrella. Si quieres volverte “estrellita”, entonces escribe, escribe pronto, y desde chico, escribe cosas fáciles, cosas preferibles. Si eres de consumo, no puedes ser de reflexión.
O sea, no sé, porque lo estaba viendo con un actor, de una serie antigua que se llama Bonanza, tal vez no te tocó, que era de vaqueros. Resulta que ahí uno de los actores, el hijo mayor, a la sexta temporada se desapareció, más bien renunció. ¿Por qué renunció? Porque él sentía los diálogos vacíos, sentía como muy repetitivo. Él era el hijo mayor, ya era de cuarenta años, y decirle a papá, pues era como vivir en Querétaro: un mayor de edad, un adulto, y todavía vivía en tu casa.
Pero no, ya vi que pasa en otro lado también. Este artista era más bien un soñador, un buscador de ilusiones que una persona cuadrada, ¿no? Una persona que ya se sabía el guion, que ya trabajaba sobre guiones, sobre clichés. Entonces esta persona, más bien, le gustaba la paz. Eran los sesenta, los años sesenta. La lucha entre negros y blancos estaba bien fuerte. Él salía ahí abrazado con el compañero de color que aparece, que es símbolo de él. No me acuerdo, pero que me disculpen todos los que me están leyendo por no acordarme nada de él. Él salía, era muy libertario, muy idealista. Fue, si le dijeron: “¿por qué pierdes un contrato de millones de dólares y te sales a esto, te sales a tu compañía teatral, montando una pastorela?”
Entonces, pues ya no. Y es lo mismo que pasa conmigo. O sea, a mí, si tú me dices: “Los concursos de poesía”, yo para mí los concursos de poesía, tú preguntando, yo te voy a decir: me van a volver a ir, ¿por qué? Porque necesitas estar más intrínseco, más sensible de tu ser para poder vomitar todo, ¿no? Eso es nada más en los poetas, en todo tipo de escritores, por supuesto, todo funciona.
Pero si tú me preguntaras: “¿Utilizas ahorita el dinero? ¿No quieres ser rico? ¿Te interesa el dinero?”, pues yo soy de esas personas que piensan que para dedicarte a algo, si no hay eso que te gusta para dedicarte, entonces trabajas en otra cosa para pagarte lo que te gusta.
Sí, yo por eso, clásico, me dedico. Por eso soy editor, trabajo por otro lado, gano dinero por otro lado. Ya acá edito trabajos, edito cosas, gente, e invierto yo, precisamente, pero ya es de mi dinero, ya me lo gané yo, ya lo invierto yo para pagar. Entonces, pues, el trabajo es de otros, pero a veces es así, a veces es mitad y mitad, a veces ya te lo pago, a veces tú pagas todo, depende, así es.









