ENRIQUE GARRIDO
Existen muchas frases para no quedar como un zoquete en la vida, la que más gusta es: “yo sólo sé que no sé nada”. Suena fuerte, socrática, filosófica, no compromete, refleja profundidad y misterio, parece que sabes. Pero qué pasa cuando en realidad no sabes, bueno, allí sí deberías investigar y no dejarte guiar por reels, tiktoks, videos o posts de redes sociales. Hasta allí todo bien, sin embargo, es lo que tenemos a la mano, dónde más podemos buscar.
Vale la pena recuperar el término griego episteme, que alude al conocimiento sistemático, verificable y racional, distinto de la opinión (doxa), porque busca fundamentos y criterios que garanticen su validez. Aquí es importante destacar la diferencia de la opinión, pues, aunque suene lógico, existen todavía gente que quiere pasar por verdad opiniones personales o gerenciales. Así, considerando al conocimiento como el conjunto de creencias verdaderas y justificadas que una persona o una comunidad acepta como válidas para orientarse en el mundo, mencionemos a Michel Foucault cuando habla de las sociedades epistémicas o “epistemes”, sistemas históricos de pensamiento que determinan qué puede considerarse verdadero, qué métodos son legítimos, qué discursos tienen autoridad y qué formas de saber son descartadas.
Sé que resulta complejo para quienes no están familiarizados y reduccionista para los que sí, pero es importante plantear que el conocimiento científico no surge espontáneamente, como muchos creen, sino que pasa por un protocolo de verificación y validación por alguna institución certificada, ya sean universidades o centros de investigación con base en procesos de evaluación como pares ciegos o valoración directa por parte de un comité o consejo.
Por esto resulta alarmante lo que pasó con Science of the Total Environment. revista internacional científica enfocada en estudios multidisciplinarios del ambiente, la cual en recientes años aumentó exponencialmente el número de estudios publicados, llegando a casi 10,000 artículos anuales. Dicha política de alta publicación generó preocupaciones sobre la calidad del proceso de revisión por pares, detectándose revisiones ficticias y conflictos de interés. En consecuencia, Clarivate eliminó la revista de su base de datos el 18 de noviembre de 2025, alegando incumplimiento de criterios de calidad y Elsevier retractó y retiró decenas de sus artículos, incluyendo un estudio controversial sobre COVID-19 y el jade de medicina tradicional. Asimismo, la también publicación Profesional de la Información¸ después de ser comprada por la editorial OATex, tuvo un deterioro ético y editorial, señalado por su fundador.
Lo anterior evidencia un secreto a voces, muchas revistas científicas e indexadas son conocidas por prácticas como el cobro desmedido de publicación, dictaminaciones a modo, la publicación de investigadores sólo por nombre y no por contenido, el robo y plagio de artículos, tanto de otros investigadores como de becarios, y un largo etcétera.
Ahora bien, esto tampoco debería alentar la desconfianza de todos los estudios, sino más bien sería un llamado a la verificación de la información, de las fuentes, en exigir publicaciones confiables cuyos parámetros vayan más allá del interés económico, con ética tanto en su línea editorial como en su consejo, comité, investigadores y participantes, pues existe una responsabilidad en la construcción del discurso científico y académico, en las líneas de investigación que se abren.
Aceptar que no se sabe no es lo mismo que pasar estudios falsos o a medias como verdaderos sólo por puntos o apoyos, pues va más allá de quedar como zoquetes en una cena, se trata de abonar a esta era de la posverdad, donde las fake news se comparten con facilidad, donde todavía hay gente que cree que la tierra es plana, donde hay antivacunas. Seguir así es generar un caldo para el autoritarismo, el miedo, la ignorancia, y si no me creen, lean su horóscopo, allí lo verán.