KAREN ARANTXA PADILLA MEDINA
La cultura visual barroca está plagada de dinamismo en las formas del espacio, la búsqueda de efectos dramáticos, los juegos de luz y sombra, los recursos ingeniosos que permiten el asombro y la persuasión, entre otras cualidades de la retórica permitieron el desarrollo de artificios en la literatura como el género híbrido verbovisual denominado emblemática. Desde el primer libro de emblemas realizado por Andrea Alciato hay una cierta predilección por hacer alegorías con elementos musicales sustentadas en la práctica musical, después durante el desarrollo de la emblemática, la música no sólo fue alegoría en elemento pictórico o verbal, sino que de ser un componente meramente visual y alegórico pasó a insertarse como un componente más de significación.
Los emblemas musicales que escribió Juan del Vado, maestro y compositor de la Capilla Real de Carlos II como parte de su Libro de misas para facistol (1677), contienen las características propias del emblema triplex (o de tres partes) del modelo de Alciato (mote, pictura y epigramma) y además incluyen el componente adicional del código musical, lo que permite sumar una fuente más de significación: la sonora. Los emblemas de Juan del Vado proponen un modelo cuádruple en el que la música conforma una sonorización de lo expresado también en lo visual y lo verbal. En la dinámica de lectura propuesta en el emblema de Juan del Vado se busca la resolución del enigma musical: la interpretación de la música.
En el emblema “El Carlos”, la música está inscrita en un pentagrama lineal y en uno circular, en ambos casos, su lectura es una forma musical en específico: el canon. Esta forma parte de la interpretación simultánea de una misma melodía varias veces a distancia temporal de una o varias notas. Es decir, que la música es interpretada cíclicamente. El poder monárquico, tanto en las picturae como en la configuración visual dedicada al rey Carlos II, se ve expresado en las columnas de Hércules y el plus ultra, donde la idea de la circularidad está “labrada” en éstas por el lema Vado et venido: Voy y vuelvo. Por lo que, entre los códigos verbal, visual y musical hay una relación de redundancia comunicativa: una reiteración de las ideas a través de la alegoría.
Este emblema utiliza los diferentes códigos visual, verbal y musical para formular una idea sobre el poder monárquico, donde la figura de Carlos I, quien fuera el primer rey Habsburgo y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, es el modelo a quien Carlos II debía imitar como su homónimo, y que, sin duda, el emblema habla de una continuidad monárquica, que está siendo representada en la circularidad de los conceptos de canon en la música, vado et venio de las columnas, y el epigrama de la parte superior: “Carlos soy y aunque segundo/ emulo soy y así el mismo”. Es decir que hay un ciclo que se mantiene y que, por lo tanto, es un círculo constante como la forma del canon.
En los emblemas de Juan del Vado como en este ejemplo mostrado, hay un juego del ser y parecer a través de la alegoría de la construcción del emblema y cuya idea de fondo es la continuidad de la Monarquía Católica al decir que el esplendor se mantenía desde el reinado de Carlos I hasta Carlos II. Sin embargo, como si de un augurio se tratara, el rey Carlos II no tuvo descendencia, por lo que con él se cierra el círculo, y sería el último rey de los Habsburgo, lo que pone fin al canon musical de esta Casa Real. En los emblemas musicales se ve expresado el arte del ingenio tan vasto como el lector esté dispuesto a participar en el juego.

Fig. 1. Del Vado, Juan (1677), “El Carlos”, Libro de misas para facistol, BNE.