(Traducción)
TEODORO PEREIRA
Lucía tiene las manos atadas a la cama, la razón, ni ella la conoce. Recuerda la noche anterior. Bullicio, estridencia, unos tacones cerca vuelven por los mismos pasos que la muerte ha intentado otras ocasiones, se parecen a los suyos. Voces ilegibles de hombres y mujeres. La angustia la ensordece, no distingue nada, las palabras rebotan, no las mantiene. No sabe de silencios cuando el miedo se atraganta, silba una melodía irreconocible que le bombea el corazón, el recuerdo le refiere a un lugar que se repite.
Una gitana le ofrece en la mano un destino, no hay nada, sólo volverse por los mismos pasos. El andar es firme, unos zapatos rojoterciopelo, falda negra, medias a las rodillas. En la oscuridad se alcanza a la distancia. Las manos siguen sujetas a la cama, en el baño un silbido de una melodía irreconocible. La llave deja el agua corriente, tras la puerta, unos zapatos rojoterciopelo falda negra medias a las rodillas.
La soga lija las tímidas muñecas que desprenden olor a hierro, jazmín y gardenias. Los hilitos de vapor se cuelan por debajo de la puerta mientras Lucía carraspea frágilmente. Quiere gritar, pero no puede, su voz se ha ido sin ella. Todos los finales son el mismo repetido, había dicho la gitana. Lucía siente las rodillas temblorosas como si no le pertenecieran, rosan con la alfombra parecida a textura de zapatos. El cuerpo se le ha vuelto insostenible, casi ajeno. Los suspiros mantienen trabajando a los pulmones.
La melodía se parece a una canción de cuna o quizás a algo que se cante en las iglesias, hasta podría ser algún fragmento de Sinatra. La perilla de latón bloqueada se agita reflejando la lánguida silueta de Lucía. Primero un zapato rojoterciopelo, luego el otro y la falda negra sobre medias hasta las trémulas rodillas. Afuera las voces sin rostro parecen gritar un nombre, adentro se rompe seco y crepitante un hermético silencio. Los tacones se amortiguan en la alfombra de denso tejido. Al encuentro, Lucía aprieta una mano con la otra.
Reconoce en el rostro algo familiar, en el reflejo no sólo ve la lucha de las mismas cicatrices, los mismos lunares contados a nota, efectivamente, de Sinatra Fly me to the moon, let me play among the stars. Let me see what spring is like on Jupiter and Mars, sus labios imitan lo que de ellos (que son los suyos) arrojan al viento. Siente vértigo, un miedo que roe a aquel nido donde alguna vez volaron mariposas. De nuevo a la memoria, el bullicio la estridencia un tumulto un griterío. En el trajín de una mano contra la otra siente libre, prepara el golpe donde siempre ha procurado la mejilla, este insulto no es de ella, es de aquella que es ella misma, los pasos la perilla el agua corriente el silbido que no es oración ni cuna un tacón junto al otro rompen la caja de silencios. Lucía espera la acometida, la mano que es aire libera la que oprime, ya no hay gitana ni destino, el tiempo que ahora reinventa compone un nuevo azar, una moneda en el aire, sigue siendo mas no los mismos años, busca en ella que no es la otra un objeto que lleve el sitio donde esto ha comenzado, origen es destino.
El ruido aturde suficiente, las últimas voces gritan algo familiar como el nombre de cualquiera, luego un silencio, el más propio. Un objeto punzante apaga la música. Un cuerpo queda suspendido en la alfombra y una mano libre acaricia con calma un terciopelo tan rojovivo como nunca. No importa que siempre sea hoy, como no maldijo nunca ninguna gitana. Así que esto era la calma y los pulmones regresan a su estado primigenio sin necesidad de seguir forzando nada. La angustia se cuela entre hilitos de vapor que salen de lo que antes era boca, mariposa o nido y se estrellan para empañar el espejo. Que bien le viene la decrepitud a unos cuerpos.
La puerta se abre por fin y adentro no hay nada. Zapatos rojoterciopelo, falda negra medias a las rodillas pasa acompañando sus pasos, luego, asegura la perilla. En el espejo, al otro lado, nadie escucha melodías ni el par de tacones que se alejan de la cama en silencio.
Afuera, la noche nota la ausencia de alguien, sobre los mismos pasos una joven camina con miedo a la oscuridad que se retuerce, silba para no ser sola, en una esquina doblan gritos y barullos, le da alcance, como gitana, le ofrece un destino en una mano donde estuvo una soga.