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DORALI ABARCA
Y como en todos los años, y como en todas las décadas, lxs estudiantes siguen ardiendo, aunque pregunten con cinismo si sus derechos no están ya concedidos, ya “libres”. Libres, dicen, pero en tanto la libertad que se condiciona desde arriba, una libertad administrada, domesticada, encadenada a reglamentos que el mismo poder redacta. Porque pasa el tiempo y cambian los uniformes, cambian los discursos, cambian hasta los rostros que presiden, pero no cambian las formas de oprimir al de menor rango, al que incomoda por cuestionar, al que se atreve a señalar la podredumbre del sistema que sigue sosteniéndose sobre cuerpos explotados y conciencias adormecidas.
Y como hace un siglo, cuando las asambleas gritaban desde adentro o desde afuera, hoy los gritos no se apagan: hoy gritan en la UDG, hoy gritan en la ENES, hoy gritan en la UAM, hoy gritan en las normales rurales, y en toda la educación “pública”, que de pública sólo le queda el estigma y la nota roja en los periódicos, cuando se destruyen monumentos que no significan nada, cuando protestan, cuando rompen.
Pero ahí sigue el estudiante, marchando en las calles, marchando en las avenidas tomadas, marchando con más de una bandera: palestina libre, educación libre, trabajo libre, voz libre, pueblos libres y justicia para todxs. Ese estudiante que entiende que su lucha no es suya solamente, sino la del compañero, de la compañera de enfrente, la del docente que resiste en silencio o que milita con miedo a perder su trabajo, la de la madre que sostiene con tres empleos al hijo que protesta, la del obrero que fabrica el futuro mientras apenas sobrevive al presente.
Esa estudiante, ese estudiante, es la verdadera memoria colectiva, que no se debe olvidar, la historia que se debe nombrar y las luchas que seguirán.
Porque si el poder se recicla, también lo hace la rebeldía, también lo hace la dignidad.
Las luchas seguirán, porque no se trata de esperar a que el sistema ceda, sino de recordar que nunca lo hará: por eso hay que romperlo, desmontarlo, prenderle fuego simbólico, uno real si es necesario.

Movimiento estudiantil de 1968 (autor desconocido, extraída de redes sociales).