ÓSCAR ÉDGAR LÓPEZ
A unos metros de la entrada norte del municipio de Tabasco, Zacatecas, muy cerca de la gasolinera y frente a una tienda de pinturas hay… una cosa, ¿qué es?, ¿un monumento, una escultura, una instalación, una pieza de arte objeto, una declaración de principios, una estatua, un monolito sagrado, un tótem, una maqueta, una alucinación encarnada, la exigencia de un santo, una ensoñación material, un divertimento plástico, un túmulo de bienvenida, una broma colectiva, un chiste local, un altar, una ofrenda?
El objeto en cuestión está conformado por: una gran roca de forma irregular aproximadamente de cuatro metros de circunferencia, la cual supongo ya estaba ahí desde tiempos incalculables; fotografías de Pancho Villa, Emiliano Zapata, Lázaro Cárdenas, retratos a color en hojas impresas de Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz, Leona Vicario, los Niños Héroes, Benito Juárez, escudos del Ejercito Mexicano y el Colegio Militar, un letrero de metal con letras pintadas de color blanco: “Roca de la paz”, y otro: “El arcoíris de la paz”, en el suelo uno más que dice “Viva San-Nicolás y Tabasco, Zac” en la cumbre de la piedra un rin de automóvil pintado de negro y bordeado con espuelas metálicas con el letrero: “Tabasco, Zac” sirve de receptáculo de una gran biznaga enmarcada por un arcoíris de luces, éste es base de una varilla terminada en cruz de la que se ramifican la imagen de San Nicolás de Tolentino, Santo Santiago de Huiscolco, El Cristo de la Paz, La Virgen de Guadalupe, San Juan Pablo II, Santo Niño de Atocha. También hay elementos vegetales: pinos de aguja, biznaga gigante, rosa del desierto, pitayos, arbustos pequeños y otras plantas de ornato, además de flores de plástico. Al centro de la piedra una imagen de la Natividad en mosaicos con terminación en arco, piedras de obsidiana, ladrillos, pitayas de barro, pulseras de tejido, herraduras con crucifijos, rocas negras parecidas al estaño, cuarzo, rosas de hule, papeles decorativos de fiestas patrias, velas y veladoras decoradas con motivos religiosos y posiblemente otros elementos que escapan a mi registro y a mi memoria.
Para mí se trata de una obra de arte bruto, una expresión artística que por su pureza y honestidad escapará para siempre de lo que se llega a tomar por “arte”, claro no se trata de la idea de un personaje-artista famoso ni existe un mamotreto teórico que le dé sustento argumentativo, pero existe como expresión material de un amplio, contradictorio y complejo entramado semiótico; amplio por su variedad de elementos, contradictorio por algunas obviedades repelentes de la historia patria como la convivencia entre las figuras religiosas y Benito Juárez, por su naturaleza artificial que también la convierten en una “naturaleza muerta” y complejo por su bastedad de significantes y posibilidades interpretativas.
No quise investigar acerca de esta obra aun siendo vecino del municipio, quise enfrentarme a ella como a cualquier otra pieza de arte, el artista habrá tenido sus motivos y su personal lectura, la mía, como ya lo expresé arriba: es una obra de arte que orada entre altar sacro, monumento patriótico, escultura expandida en tanto modifica el paisaje y ofrenda votiva. Si en algún momento recibo mayor información de los motivos del creador, espero no sea en detrimento de mi percepción de esta peculiar manifestación de arte bruto, entiéndase el término por el de un arte puro, sin filtros de academia ni fantasmas teóricos, una expresión artística que, por su franqueza, cumple con movernos a la curiosidad, la sorpresa, la risa, el respeto y hasta la solemnidad.




Fotografías: Cortesía