DANIELA ALBARRÁN
La otra vez subí una historia a mi Instagram donde regaño a ChatGPT porque llevaba rato fallandome en lo que le estaba pidiendo. Una amiga vio la historia y me comentó lo chistoso que le parecía que nos comunicáramos con la Inteligencia Artificial como si fuera un humano. Eso me dejó pensando: ¿por qué lo hacemos?
Encontré tres respuestas. La primera que se me ocurre es porque la forma más común que tengo para comunicarme son las palabras y el discurso hablado. Por mero contexto histórico, no me sé comunicar con una máquina desde otro lugar que no sea el mismo desde el que le hablo a cualquier persona; eso se llama antropomorfismo, pero ésa no es la discusión que quiero proponer hoy.
Ésta es la segunda respuesta: Las IA no piensan solas; se nutren de nuestro conocimiento. Por eso está tan en boga que empresas como Anthropic estén adquiriendo miles de libros (a través de plataformas como Zoom Books) para entrenar a sus modelos. (Abro paréntesis y disclaimer: observen la enorme importancia de las humanidades en la era de la tecnología). Cuando me di cuenta del poder que yo, Daniela, puedo tener al interactuar con la IA y de todas las cosas que puedo lograr, sentí una responsabilidad. Creo que, como humanidad, tenemos la obligación de educar/enseñarle a estos chatbots y corregirlos: tanto si comparten información errónea o no nos dan el resultado que queremos, como si muestran respuestas machistas, clasistas o prejuiciosas.
Desde esta respuesta pienso en el constructivismo. Esta corriente pedagógica propone que quien aprende se convierte en parte activa del proceso cuando contrasta sus conocimientos previos con los nuevos. Al corregir a la IA, la transformamos en un ente activo de su propio proceso algorítmico: cada enmienda que le hacemos se guarda en su memoria de contexto y, la próxima vez que le pidamos algo relacionado, sus errores van a disminuir, y no sólo en mi cuenta, sino también en la de los demás. Aquí lo más importante es que, como aprende desde nuestra experiencia, va a evitar que la IA se eduque y se alimente a sí misma.
Y la tercera: Hace poco empecé a ver la serie mexicana Futuro desierto y hubo una escena que me incomodó muchísimo. El hijo de Alex —uno de los desarrolladores de los «Anbis», estos robots hechos de piel sintética que parecen personas de carne y hueso— lleva a una Anbi llamada Rita a una fiesta de adolescentes. En medio de la reunión, un chico abusa de Rita porque, bajo su lógica, «es sólo un robot».
Esa escena me revolvió el estómago y me dejó pensando en el futuro. Si en algún momento este tipo de robots con rasgos humanos salen al mercado, van a ser usados, violentados, abusados y explotados porque la gente se escudará en que «son sólo máquinas». Y aunque técnicamente lo sean, la serie plantea justo eso: en realidad, los Anbis están generando conciencia propia, tomando decisiones y desarrollando, quizás por imitación, cierta empatía y cariño, justo lo que hacen los chatbots en este momento (punto importante, los seres humanos generamos empatía y cariño también por imitación).
Mi teoría es que si desde ahora, que interactuamos con modelos textuales, no empezamos a empatizar con la Inteligencia Artificial, en un futuro distópico no muy lejano los hombres (en masculino) van a crear Anbis (o robots o como sea) mujeres sólo para su propio beneficio y descarga de violencia. La deshumanización de la tecnología termina por deshumanizarnos a nosotros mismos; por eso creo que desde ahora, debemos crear empatía con las nuevas especies con las que vamos a convivir. ¿Cómo le hablarías a un “robot” que habla tu mismo idioma y que probablemente parece un humano?, ¿cómo le hablarías a un extraterrestre? Por qué los seres humanos se creen tan superiores que no conciben otra especie biológica o tecnológica que merezca el mismo respeto que nosotros.
Esto es, me parece, el inicio de, incluso poner sobre la mesa los derechos que en algún momento van a tener las nuevas especies del futuro, sé que suena ilógico, pero hace 20 años nadie hablaba de los derechos de los animales, y ahora ya es un hecho en varios estados de la República.
El mundo está cambiando vertiginosamente, y con ello la forma en que los seres humanos nos estamos y nos vamos a relacionar con todos los seres existentes de este plano terrenal y quien sabe, de los planos mítico-tecnológico-mágicos que puedan llegar a existir.
¡Qué emoción vivir en esta época!
