DANIEL MARTÍNEZ
Hace unas semanas hablábamos de fútbol y decíamos que José Emilio Pacheco le dijo alguna vez a su tocayo José Luis Martínez que “nuestra selección nacional poética jamás ha hecho ni hará el ridículo [fuera de México]”. Podemos complementar la frase añadiendo “en un Mundial”, porque en la máxima competición tenemos una buena lista de actuaciones deplorables o eliminaciones que todavía duelen: aquella ante Estados Unidos en el 2002 cuya herida aún sangra, el “no era penal” en contra de Países Bajos, o qué decir de la última participación, en la que ni de fase de grupos pasamos. Varios coincidiríamos con Pacheco: en este rubro México puede conformar una oncena de muy alto nivel que puede competirle a cualquiera. Quizá no gane un trofeo de campeón mundial, pero puede tener una actuación destacadísima, jugándole al tú por tú a cualquier potencia europea; y no tengo dudas de que tendría amplias posibilidades de ganar una Copa América. Imaginemos por un momento cuál sería nuestra selección nacional poética, el equipo que nos representaría en la justa mundialista ante potencias como Inglaterra, Francia, España o Argentina. Comencemos.
En la portería tenemos al que acabamos de mencionar: José Emilio Pacheco. Un guardameta muy versátil que sabe abarcar bien toda el área, usa bien los pies y es seguro en las salidas; un portero que inspira mucha confianza. El jefe de la defensa es Alfonso Reyes: un central impasable con mucho roce internacional y una amplia trayectoria; su experiencia y clase dan estabilidad a la línea defensiva. En la central lo acompaña el nayarita Amado Nervo, el otro veterano del equipo, y juntos conforman una defensa central infranqueable. Por la lateral de la derecha tenemos a José Gorostiza, un defensor que puede desempeñarse con la misma habilidad en el juego largo como en el achique y el juego corto, capaz de contrarrestar a cualquier extremo que encare. Autor de uno de los mejores goles de la historia de nuestra selección, en aquella ocasión en que hizo un largo ―muy largo― recorrido conduciendo la esférica por todo el campo con gran maestría y culminando con un fogonazo al ángulo desde el vértice del área (un gol digno del Premio Puskás). Y para cerrar con la línea defensiva, por la otra banda está José Juan Tablada, un caso peculiar con un pasado en ligas orientales y varios años figurando en la liga japonesa; un jugador innovador y vanguardista.
El cerebro del equipo es Jorge Cuesta: un medio de contención frío y certero, con un estilo sólido, rocoso ―casi podría decirse “mineral”―, representa un pilar fundamental en la escuadra mexicana. Como volante por derecha tenemos a Xavier “el cadáver” Villaurrutia, un mediocampista tan efectivo a la ofensiva como a la defensiva; junto a su compañero de club, Gorostiza, conforman una mortífera franja derecha. Por el otro lado tenemos a nuestra última gran figura: David Huerta, hijo del legendario Efraín, un medio combativo y aguerrido que se sabe mover particularmente bien por la izquierda; juega muy bien en corto y tiene también un amplio recorrido, como nos lo demostró en 1987. Nuestro diez y capitán es Octavio Paz: el líder, el creativo, el mariscal de la cancha, el cobrador oficial. A veces un poco mandón con el equipo, pero tiene las credenciales y los pantalones que se necesitan para capitanear. Suele incorporarse al área como falso nueve y nos ha regalado un amplio repertorio de goles bellísimos, que figuran entre los mejores de nuestra historia. Ha tenido una brillante trayectoria, con paso por el fútbol estadounidense y oriental, pero especialmente en la Liga francesa, en la que jugó con figuras de talla mundial como Albert Camus o André Breton. Es, además, nuestro único Balón de Oro en la historia. Sin duda nuestro exponente más sobresaliente.
No jugamos con un nueve nominal, sino con dos puntas. Por un lado, el chiapaneco Jaime Sabines quien, con su juego incisivo, directo y vertical, es el terror de cualquier defensa; un ofensor que entra al área chica con el cuchillo entre los dientes; por su contundencia apunta para ser uno de los goleadores del certamen. Y por último, el orgullo de Zacatecas, la joya del territorio de “tierra colorada y cielo cruel”: el jerezano Ramón López Velarde; un jugador peculiar, super habilidoso, quien con sus imprevistas piruetas puede sorprender a cualquier zaguero italiano o de cualquier parte del orbe.
En el banquillo tenemos estupendas opciones, con leyendas como Manuel “el romántico” Acuña, Chava Díaz Mirón, Gutiérrez Nájera o Enrique “el cisne” González Martínez; los contemporáneos Pellicer, Novo y Gilberto “Mazatleco” Owen; el español naturalizado mexicano Tomás Segovia, el otro nayarita Alí Chumacero, y Efraín “el ruso” Huerta, padre de nuestro volante por izquierda. Recuérdese que es la selección nacional poética, por lo que no podemos contar con figuras internacionales como Carlos Fuentes o Juan Rulfo, este último para muchos el mejor de la historia de nuestro país. Sobra decir que esta es la selección varonil, pero, aunque es una selección de hombres, no tiene un director, sino directora técnica: Juana “la monja” Ramírez. Exfutbolista retirada ya hace años, erudita, inteligentísima estratega, conocedora de este deporte como nadie. Nos presenta este cuadro titular, un 4-3-1-2 muy al estilo del fútbol moderno.
Aquí, como en el fútbol, se vale soñar. Yo creo que esta selección, en un día que salga inspirada y con la motivación de jugar en territorio azteca, podría llegar hasta semifinales y disputarse un tercer lugar. A diferencia de la real, la de fútbol, que nos ha dado más frustraciones que alegrías y que nunca ha logrado trascender en un campeonato mundial, esta sí tendría y mantendría un buen lugar en el ranking de la FIFA; de esta sí estaríamos sumamente orgullosos y despojados de todo complejo de inferioridad. Y claro, aunque no gane la Copa, “jamás ha hecho ni hará el ridículo”. Nos leemos en la próxima.
