Fotografías: Cortesía
PAOLA REYES
Tengo seis o siete años, un cuerpo lleno de energía, seguridad en mí misma porque mi mamá me ama, me divierto jugando, de entre los deportes, resulté buena en el fútbol, casi sin esfuerzo. Me va bien en todas las posiciones, principalmente como delantera y portera. No temo hacer movimientos, aventarme por el balón ni ensuciarme, menos por cómo me veo.
Meto goles, juego mejor que ellos. Me destaco sin esfuerzo. Pero la respuesta no es un aplauso; es un gesto de desaprobación y una palabra lanzada como un golpe: machorra. A esa edad, escuché por primera vez esa palabra, no hacía falta definición porque la violencia y el rechazo se entienden a través de los gestos y el tono de voz, lo que debió ser orgullo se convirtió en una profunda y solitaria tristeza.
Hoy pienso la munda distinta, o al menos la pienso desde la posibilidad de generar incomodidad en quienes nos quieren invisibilizar y discriminar, porque hoy decidimos no escondernos y reclamar el espacio que nos corresponde. Cada día conozco a más machorras, tortilleras, lesbianas ruidosas, inteligentes, corpulentas, barriales, sabias, serias, graciosas, tiernas, rebeldes, politizadas.
Hoy estamos aquí reunidas, Tortilleras, en esta exposición que nace de esa primera grieta que se narró al inicio. Nuestras trayectorias a lo largo de la vida, la calle, el barrio, la casa, las escuela, siempre destacamos, es innegable pero aún incomodamos.
Somos sobrevivientes, resistencia y transgresión, nuestra trayectoria nos ha permitido defender el amor entre mujeres. Aunque se nos señale de manera negativa como intensas y complejas, somos peores. Aunque nuestros afectos los hemos tenido que aprender y reaprender desde la absoluta soledad, sin la guía ni el sostén emocional necesario, preferimos proteger la ternura.
De la herida al retrato colectivo
¿Qué pasa cuando esa palabra que un día se usó para aislarte se reclama, se desarma y se convierte en un clamor de justicia y apropiación? «Tortilleras», la serie fotográfica de Paloma Lizardo y Diana Márquez, opera precisamente como un acto de justicia poética. Lo que en la infancia o en la provincia se susurra con desprecio, hoy se expone desde la disidencia y la politización. La muestra es un cruce multidisciplinario que conecta la memoria corporal y biográfica con el registro visual de la resistencia. Paloma y Diana retratan la existencia de mujeres lesbianas y sáficas en la provincia mexicana, específicamente en Zacatecas, un territorio donde la tradición y el conservadurismo suelen imponer el silencio.
Tortilleras no busca la asimilación discreta, sino la reivindicación de incomodar al hacernos presentes; la serie que se presenta retrata a mujeres que ya no están solas, que se sostienen mutuamente, que reclaman su espacio, en su cotidianidad y en su derecho al gozo.
Tortilleras es la respuesta colectiva a la niña a la que llamaron machorra o a la mujer que señalaron y marginaron porque amó a otras mujeres en secreto. A pesar de la soledad institucional y el desierto emocional de la periferia, las redes sáficas siempre encuentran la manera de florecer, de resistir, de acompañar y de inventar sus propios espacios de presencia, juego, libertad y memoria.
Tortillas de Zacatecas
La exposición multidisciplinaria «Tortillas de Zacatecas», creada por las artistas Paloma Lizardo Briseño y Diana Márquez Gómez, se inauguró en el marco del 21° Festival Cultural de la Diversidad Sexual de Zacatecas.
¿Dónde ver?
En Bóvedas del Centro Cultural Ciudadela del Arte. Se encuentra disponible de martes a domingo, de 10:00 AM a 5:00 PM, hasta el 4 de julio de 2026. La entrada es libre.




