A vertical grey-scale shot of a street with old buildings and rainwater in the ground
BASILIO
1
Afuera, a cada paso
a cada ojo, la Guerra
La sangre tiene el candor del cielo
Una sombra se cierne sobre los brillantes cuerpos
que gimen, codo a codo
como los amantes al final del sexo.
El recuerdo de los muertos
va ululando por las calles
desbordando las avenidas
clamando, clamando estúpida piedad
Pues nosotros no sabemos
del ocaso de los muertos
ni su vagar campestre
Son nuestras las calles
y cenizas de la noche
Vamos con flechas en lugar de ojos
en espera de la lluvia
que nos lave la inmundicia
Pero no somos asesinos ¡No!
Somos penitentes del cuerpo
y nos pesan todas las palabras
En el fondo de la lengua
habitan las quimeras
y yo me temo, hermanos
que nunca las redimiremos.
2
Salgo. Bajo las escaleras
acompañado de un aire seco
Soy la marioneta del aire
El hijo perdido
de la sangrienta luna.
Paseo Bravo, doce y media de la tarde.
En busca del Bhagavad-gītā
del centro de Puebla
—no he comido nada, estoy quebrado—
mientras soporto el fuego de los cuerpos
apoltronados en sus carrozas fúnebres
y otros tantos parecidos
a animales disecados en un aparador.
No pienso cuestionar la salvación de nuestras almas.
Me encuentro bien así: aletargado
fumando como condenado a muerte
bajo este indiferente sol de octubre.
3
Si nos hubiéramos muerto
hace tiempo ya y nuestros cuerpos
se hubieran extendido en el silencio
no tendríamos al Espíritu
amarrado a nuestros vientres
Si nos hubiéramos muerto, digo
tú con somníferos y yo de un balazo
habríamos respondido a la cuestión
más importante:
¿A dónde irá la voz cuando uno muere?
Yo creo que va a las calles
roza los labios, mueve las flores
siempre encarcelada por el aire de la historia
Así, los besos de los muertos
son los besos de los vivos
El hambre de los muertos
es el hambre de los vivos
Y a los vivos nos queda
el hollar patético de nuestros pies
en una tierra mutilada por las sombras.