DANIELA ALBARRÁN
Mi última columna en este maravilloso espacio de escritura, proponía que la literatura del futuro se realizaría con IA, y, aunque lo sostengo totalmente, también quisiera realizarme algunas otras preguntas que me surgen a raíz y en diálogo de un ensayo que estoy leyendo que se llama La obligación de ser genial de la escritora argentina Betina González, donde le dedica varias páginas a pensar sobre el proceso de la escritura, y es que justo ese es el punto que me parece contradictorio en mis posicionamientos y en mis cuestionamientos, así como de un poema de Rosalía que abordaré más adelante en este texto.
Sé que con la IA también hay un proceso de escritura, también se plantean dudas, se tiene una conversación probablemente muy activa, sin embargo, el proceso de la escritura como lo conocíamos es también importante. Qué confusión, y lo reconozco.
Pero aquí vienen las preguntas, quisiera saber ¿por qué utilizaríamos IA en textos creativos, académicos, artísticos? Es que creo que debemos empezar por acá, porque pienso que muchas veces queremos ya tener el producto en sí, pero sin pasar por el largo camino que es la escritura, y ya de ahí estamos cayendo en una situación simplista del uso de la IA en nuestra escritura, ¿porque querríamos tener un producto publicable sin en llagarnos con lo que significa escribir?
Por otro lado, creo que la IA en nuestra escritura tendría que ser desde el planteamiento del proceso, desde la curiosidad de la experimentación, no desde el fallo humano ni el miedo que implica enfrentarse a nuestra propia escritura, y eso es lo que me parece peligroso. La escritura es mucho pensar en la vulnerabilidad de quien escribe, seguir un camino sinuoso, que muchas veces no sabes para donde ir, o a donde terminará ese camino. Y ese es el miedo que da escribir, pero justo para eso escribimos, para encontrar ese camino, y quizá, la IA puede llegar a ser una luz en ese oscuro camino, un sostén si se quiere, pero qué miedo no sentir el vértigo que da enfrentarse a una hoja en blanco. Y es que la escritura es riesgo, es golpearse en el asfalto mil veces y aun así seguir haciéndolo, me da pavor que, con el uso de la IA en nuestros textos, estas preguntas vitales desaparezcan.
Soy fiel creyente que la IA nos da superpoderes, pero también quisiera pensar que hay momentos en los que no quiero esos superpoderes, en los que quiero envolverme en mi propia vulnerabilidad, abrazar mis fallos y no corregirlos. Qué miedo ser perfecto, qué maravillosa las posibilidades de la perfectibilidad. Pienso en este poema de Rosalía que dice:
“Todo el mundo tiene tanto miedo a equivocarse.
Pero, siendo honesta: ya estoy lista para fallar.
¿Cuándo es la próxima vez que voy a fallar?
Dios, estoy lista. Enséñame el camino para fallar de nuevo.
Enséñame a fallar tantas veces que llegue a dominar el arte del fallo y, por ello, seré magistral en intentar algo sin miedo”.
Y es que creo que lo maravilloso de leer un poema, una novela, un texto que se vuelva importante en nuestra vida es que traspasó la frontera del fallo, que el autor o la autora rompió la barrera del miedo para entregarnos un poquito de esperanza en las palabras. Y no quiero leer novelas perfectas, quiero leer el fallo, las preguntas titubeantes que seguro cuando somos lectores expertos, podemos leer entrelíneas de los autores que leemos.
La IAgen destruyó el mundo como lo conocíamos y también la forma en que hacemos arte, y qué miedo, qué miedo siento a veces, también cuanta confusión y cuantas preguntas todo el tiempo.