ALEJANDRO A. CERVANTES HERNÁNDEZ
Sintonizar el cielo
un canal muerto en el televisor:
estática celeste,
piar estridente de aves sin rumbo
buscando interconexión infinita.
El sempiterno de los canales,
el batir de unas alas sin tregua
siguiendo el ruido de una señal perdida.
En la red tejida de mar
hay peces en soledad desmedida
detonando dolores antiguos
a la espera de ser archivados
en la memoria original.
A la orilla de ambos
la espera enturbia su esqueleto inasible
con la sangre y el llanto
que arrojan los vertederos del alma,
las cloacas del corazón humano.
Que la tierra se arrastre pendenciera
lamiendo los pies de quienes no la merecen,
que suba su cremallera ribeteada de mar y de cielo,
que ponga fin a su dolor más remoto.
El sueño del cielo y el mar
es el mismo en el horizonte,
el cielo y el mar son el mismo
en el ciberespacio:
aciago descanso de la vanidad,
inagotable en los límites de su propia carne
cubierta de cuatro paredes,
anodino lugar para guardar a dios esperando hacer nada.
Relicario de origen,
la diosa ha parido en vano
las constelaciones del mundo,
astros que nunca veremos morir en el fondo del ordenador.