SARA ANDRADE
Tienes que tomar una decisión y la tienes que tomar ya.
Todos los días te despiertas con la alarma del celular y todos los días tienes que recomponerte para aceptar que, de todas las vidas posibles, esta fue la que te toco. La de levantarte a las 5 de la mañana para poder llegar temprano a la oficina. La del tráfico en la mañana, la de ocho horas en una oficina, la de no alcanzar para la quincena, la de las deudas, la de la incertidumbre, la de la frustración. No es como que sea siempre así, te dices. Es imposible que una persona pueda pasar tanto tiempo sintiéndose mal por lo que, de manera instintiva, comienzas a buscar cosas que te hagan sentir bien o, si tienes la suerte, de que las cosas malas comiencen a sentirse como buenas. Sea cual sea tu mecanismo de defensa, la verdad se mantiene incontrovertible: mañana tienes que repetir el ciclo. Y el día después de mañana y el día siguiente y el día siguiente y así, hasta que el final te alcance, nunca simétrico y precioso como sucede en las novelas.
Por eso tienes que tomar la decisión ahora. De seguir en el carrusel de la inercia o la de saltar hacia afuera, hacia la tierra pisada, hacia los guijarros que cortan las rodillas, hacia el dolor que tiene significado porque, por lo menos, ha sido producido por tus manos.
Ves un robot en forma de perro en la pantalla. En la espalda tiene una ametralladora y los hombres en traje, que no importan nada y que, sin embargo, hacen tanto daño, le aplauden. Te ríes, porque es divertido. Pero la imagen del perro-máquina-para-matar se siente como un chiste hecho a tu costa. La sonrisa se convierte en una mueca. El video siguiente es el de una tambora tocando una canción para que el perro ametralladora baile. ¿No se siente la metáfora demasiado obvia? ¿No es la burla demasiado explícita? Este no es un avance por la paz, por el progreso de la humanidad, por la seguridad de ti y de tu familia. Esta es una carcajada cruel. Este es entretenimiento barato, quince segundos de un video que vas a pasar con el dedo y vas a olvidar inmediatamente.
Tú eres ese perro de metal. Tú eres la ametralladora sin balas. Tú eres la música discordante. Tú eres el video que se olvida. Tú eres la noticia ridícula. Tú eres la mugre debajo de los zapatos de los hombres de traje. Tú eres la lona que quitan del puente. Tú eres el presupuesto desperdiciado. Tú eres la víctima sin nombre. Tú eres la burla. Tú eres el chiste.
Todos los días te despiertas temiendo pasar por otro día pavoroso, por otro ciclo de terror, todos los días te recompones, te inventas una historia que te haga sobrellevar la crueldad y tu valentía no vale la pena, tu esfuerzo y tu entereza no importan un carajo, porque, si no tomas una decisión, ahora, en este preciso instante, tú vas a ser el chiste, hasta que ya no te quede carne sobre los huesos, ni risa sobre los labios.