JOSÉ MÉNDEZ
El animal se equivoca, suelta la tarascada, no es un alfa, su manada no responde a sus aullidos. Se echa a tragar donde nadie lo rodea, sus patas delanteras sepultan lo últimos huesos que le quedan, los que le han dejado. Su vejez no le vale ser líder, muerde, pela los dientes, gruñe para intimidar no para marcar territorio. Su jauría con constancia le relega, ya no va al frente, la bestia ha olvidado quién lo puso ahí. Ellos mandan, corrigen la brecha, olfatean y ciñen para no ser vistos, ya no es aquel lobo prometido, los mismos que lo adoptaron ahora le arrebatan la corona. La jauría le prohíbe la caza, es lento, su mandíbula se traba, la presa juega entre sus colmillos, corre, vuelve a su encuentro, se burla de sus movimientos, él en su arrogancia cree ser el ejemplo, tosco en su andar, no tanto como su protección a la cría. No comparte su instinto, en términos de humano la moral, es narcisista, superfluo, ignorante en su filosofía. El lobo nació para ser perseguido, para traer detrás el ojo discreto del cazador, este ya no seduce, acecha entre la línea de lo absurdo y la nostalgia, su aullido no llama, no espanta, no acobarda, no vale la última bala, no lanza, no la trampa, otra vez no vale la última bala, mucho menos la palabra.
El lobo se repliega, no va de frente, ataca por la espalda, un movimiento retroceso fusil en el hombro, primer disparo ahuyenta el silencio, huele a pólvora, a carnada de diablo, en el giro las fauces directo a los brazos, la piel el abrigo la carnaza detienen la mordida, cuchillo en mano perfora los pulmones el grito el sonido no bloquea el lamento, afuera hay espectadores, una misma manada deja la lucha violenta entre humano y bestia, la nieve cambia escarlata la pólvora rompe de nuevo el silencio, mirada ojos ajenos ven caer los años del líder, las patas tiemblan, carecen de estática, el lobo los pulmones la baba la nieve la jauría la batalla que ha ganado el hombre que también es lobo la razón el silencio el que calla otorga, el vencedor siente lástima, lo deja al destino, las rodillas en el piso una oración en su sangre, el hombre es un azar sin refugio.