Estudio para un retrato, Francis Bacon.
A V. M.
Santiago de Querétaro, Querétaro.
Sábado, 1 de noviembre de 2025.
Bar apetras.
RENÉ FALCÓ
De alguna manera, nunca lo había visto de esa forma: pasar tiempo de calidad. Vaya, siempre he sido una basura egoísta, sesgado por mis mambos místicos de adicción, donde las letras, la rumba y la bohemia comienzan a revelarse…
Tiempo de calidad…
¿Sabes? Hice muchas estupideces. Alguna vez te dije que ojalá nunca te hubiera conocido, y me arrepiento de eso como no tienes idea. Me castigo constantemente por ello, por no haberte dado el espacio que me pediste. Pero yo me hacía muchas ilusiones, y eso no justifica en absoluto mis decisiones de pusilánime.
No logro perdonarme. Porque, de todas las personas que han llegado a mi vida, tú fuiste una de las más especiales. Desde el primer momento en que te vi, quedé completamente enamorado.
Y sigo enamorado, y me siento muerto.
Muerto en todo lo que hago, en todas mis acciones. Pero, cuando digo muerto, hablo en el sentido metafórico de no pertenecer. Ya no pertenezco. Acudo a los lugares y pienso en lo que haría con la mujer que más amo, una mujer que no es mía y que mucho menos ha estado o estará conmigo.
Estoy muerto, y no necesito un ataúd para que la gente confirme el deceso de este cuerpo putrefacto que me he encargado de arrastrar hasta la más mínima de las tontas desgracias.
De hecho, los errores en el amor se cobran así: sin ataúd, sin flores, sin testigos; solo con la pérdida y la soledad de haber sido, de haber dado tiempo de calidad.
Quisiera, en este testamento, alejado de toda narrativa y de la espectacular literatura, decirle al amor de mi vida: amo tus brazos; extraño tus mensajes, nuestras llamadas nocturnas, tus ronquidos, tus rasgos, tus rizos, lo que eres.
Ahora vivo así, como un muerto que no quiere estar muerto y que se pierde en la palabra metáfora.
Necesito un abrazo tuyo, como último testimonio de que he amado, sin saber siquiera si nunca fuimos nada o si alguna vez fuimos algo. Y, si lo fuimos, prefiero que me niegues, porque fui una persona que no supo apreciar a la biotecnóloga más bella.
Soy el ultraje de una muerte que ya fue. De un amor. El amor como muerte.
Soy el noctívago de nuestros recuerdos, y los esparciré así, como un ritual de lo que fue: de los vidrios rotos, del vómito, de la ansiedad, de esto, de estas letras, de esto que soy y que espero viva eternamente en los recuerdos de lo que siento tan tiernamente por ti…
Pertenezco al club de las armas. Padezco un síndrome bolaniano. Un espíritu de Villaurrutia. Secuencias químicas. Nosotros. Elliott Smith y los gemidos.
Te anhelo tanto, nena.