Fotografías: Alberto Avendaño
ALBERTO AVENDAÑO
Visito el Museo MUSA, en Guadalajara, y entro a una exposición temporal de una artista plástica de nombre Martha Pacheco. El nombre de la exposición es Archivo y memoria. La artista vivió de 1957 a 2021; es mexicana y, al entrar, inicialmente no me llama la atención. Aparece su cronología, que comienza en 1957, el 10 de diciembre, cuando nace en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Es una artista tapatía, y la cronología termina en 2021, con su deceso.
Entro a la primera etapa de la exposición, que está curada por Patricia Montelongo Calleja, con Christopher Moreno Delgado como asistente de curaduría. Entro a la primera etapa de su lenguaje visual y lo primero que me llama la atención es un óleo de una mujer desnuda y tres pollos muertos. El nombre de la pintura es Pollos en Decrepitud. Me llama la atención, más que nada, el lenguaje semiótico de la pintura: la sexualidad en decadencia, todo el lenguaje. Hay una buena técnica, aunque la técnica no es principalmente lo que me sorprende.
Esta primera etapa lleva el nombre de Los personajes desalmados y fue hecha entre 1983 y 1989. Hay algunos óleos y se nota una exploración, una inquietud semiótica en cuanto a los motivos, a la sexualidad, a la decadencia.
Seguido paso a la siguiente sala y lo primero que veo son dos estudios que llevan por título Crónica de un instante. Tríptico de Farabeuf. Obviamente me llama la atención el título y comprendo que son las tres versiones de Farabeuf, desde la perspectiva de la fotografía de los chinos, de la enfermera amante del doctor Farabeuf y del doctor Farabeuf.
Me quedo impresionado por el fanatismo que tengo por Salvador Elizondo y por esta novela. Desde aquí comienza a llamar más mi atención. Doy la vuelta y me encuentro con un documento firmado por Salvador Elizondo, escrito para la artista y para Carmen Bordes, con quien hizo en colaboración esta serie.
Después seguimos con una exploración técnica, temática y semiótica. Nos habla desde un lenguaje muy semiótico aún, hay motivos parecidos a los de su primera etapa: la sexualidad, la decadencia, la gente común, pero comenzamos a ver una evolución en su lenguaje.
En la tercera sala, lo primero que me llama la atención es un grabado al aguafuerte y aguatinta de unos perros en cópula, y seguido veo que hay muchos motivos de perros. Algo que parece predominar en esta etapa media de su exploración semiótica, visual y de su propio lenguaje. Hay muchos dibujos de perros, dibujos sobre papel, grabados. Hay un autorretrato que me llama la atención porque se parece mucho a Janis Joplin; es ella desnuda, acompañada de una persona que, al parecer, padece de sus facultades mentales.
Luego hay otra sala titulada Exiliado del imperio de la razón, con motivos de gente con padecimientos psiquiátricos. Aquí hay una exploración más técnica, predomina el hiperrealismo al óleo, pero también se va desarrollando otro tipo de lenguaje, una sensibilidad más, no sé cómo decirlo, más cercana a una poesía visual de lo que es estar en el borderline, encerrado en tu propia mente y compartir contigo mismo todo tu mundo.
Igual se nota la obsesión, hay estudios repetidos de una sola persona, con diferente enfoque de la fotografía en hiperrealismo.
Para llegar después a la serie de los muertos, que es una serie que me llama mucho la atención, ya que son pinturas, dibujos, estudios más obsesivos. Se vuelve más obsesiva, hay fotografía, inicialmente sacada de la revista Alarma, aquella revista amarillista que muchos conocimos, de la que fuimos lectores. Yo fui lector de Alarma algunos años, y se nota la exploración por la muerte, por la vulnerabilidad y la decadencia humana. Los cuerpos no son cuerpos esbeltos, son cuerpos viejos, cuerpos marchitos, humanidad en toda su expresión.
Después de esta serie de Alarma, seguimos con Siete voces para una autopsia, en la que hace fotografía dentro de una morgue, y hay una evolución más de su obsesión. Va de la fotografía al dibujo, a explorar diferentes perspectivas, de ángulo, de un solo cuerpo; va al óleo también, con un solo cuerpo, y realmente me sorprende esta evolución, cómo va de la exploración de la marginalidad al gore, “sin ningún pudor”, como ella misma expone en uno de sus cuadros.
Hay una última etapa interesante antes de su etapa final, que es Ecos de la calle, una serie de estudios al óleo, al carboncillo, sobre papel, tinta sobre papel, de personas que trabajan en la calle: tragafuegos, limpiaparabrisas, payasos, gente que anda taloneando todos los días, buscando la papa. Creo que esta es su última gran etapa, para después seguir con ya el final de su vida, que sería Performance, que ya son colaboraciones, que no me llaman tanto la atención, aunque sí se nota su lenguaje, se sigue sintiendo que hay algo de ella. Se nota también mucho la influencia de los artistas con los que colabora.
Y termina con Máscaras, una serie que comenzó en 2018 y termina exponiendo en la ciudad de Querétaro, en diciembre de 2020. Es escultura, al parecer, solo trabajó la escultura al inicio de su trayectoria y al final.
Lo que particularmente me llama la atención de la artista es la exploración de la vulnerabilidad, la exploración del gore, de los padecimientos mentales, de la marginación, y se podría decir que hay una poética del límite.
Lo que me encanta de esta exposición es que trabaja no solo la vulnerabilidad, sino que se vulnera a sí misma. Convive con las personas de la calle a las que explora. Se interna en el manicomio un mes para llevar a cabo su plan de trabajo.
Y al ver los rostros de las otras personas que se encuentran viendo la exposición, noto cómo no comprenden una mierda de lo que hacía la señora. Se nota su incomodidad y cómo choca con su percepción de lo que debe ser el arte, o lo que nos venden que debe tratar el arte. Sé que estos temas vulnerables se han tratado a lo largo de la historia del arte. Hay muchísimos casos de artistas plásticos que tratan la vulnerabilidad.
Pero no es lo mismo saber que se han tratado a encontrarte con la muerte, con la vulnerabilidad, con la morgue, y no entenderlo. No entender por qué alguien quisiera explorar una poética de lo trágico.
Me recuerda mucho a poetas como Leopoldo María Panero, a mí mismo en mi propia poética. Creo que ella explora lo que a mí me gustaría explorar siempre. No irnos hacia la ternura, que es lo que está de moda, sino llevarnos al límite, a la locura, al dolor y al sufrimiento.
































