ENRIQUE GARRIDO
En uno de sus poemas más eróticos, Gioconda Belli dice “Aspira suspira / Muérete un poco / Dulce lentamente muérete / Agoniza contra la pupila extiende el goce / Dobla el mástil hincha las velas / Navega dobla hacia Venus / estrella de la mañana / —el mar como un vasto cristal azogado— / Duérmete náufrago”. Al pensar el encuentro erótico como navegar en medio de la penumbra, un naufragio en la inmensidad del mar, un dejarse ir fuera del tiempo, de la rutina, de la muerte, surge un enigma: ¿cómo se sentirá el placer sin gravedad? Si en el erotismo, al momento de la comunión corporal, podemos suspender la asincronía, ¿cómo será con el firmamento como escenario, con las estrellas, los planetas y el infinito que cual cama insustancial nos mece mientras buscamos el clímax?
El erotismo espacial sigue en el terreno de la poesía y la imaginación, pues resulta que hasta ahora nadie ha tenido sexo en la noche permanente del universo. A raíz de recientes eventos geopolíticos, resurge la idea de la conquista del espacio, como el planeta Marte, ante una posible escalada nuclear; y si bien aspectos como la nave, los trajes y la logística están muy estudiados, hasta el momento no se había planteado con seriedad la importancia de la reproducción humana fuera de la Tierra (bueno, Stephen Hawking lo sugirió, pero… ustedes entienden) como un método para evitar la extinción.
Además de lo poético del erotismo sobre el manto estelar, debemos considerar lo prosaico, pues la ingravidez dificulta el contacto y los movimientos durante las relaciones sexuales debido a principios físicos como la tercera ley de Newton, que explica cómo los cuerpos se separan al ejercer fuerza. Por otro lado, se considera que el sexo entre miembros de una tripulación podría afectar las relaciones laborales y el funcionamiento del equipo en misiones largas y aisladas. Sin embargo, hubo especulaciones sobre si astronautas han tenido relaciones en misiones espaciales, como el caso de la misión STS-47 con una pareja casada, aunque nunca se confirmó.
Factores como el confinamiento y el estrés de las misiones espaciales pueden influir en el deseo sexual y en la dinámica emocional de la tripulación, pese a ello, la esperanza del placer sin gravedad prevalece. En recientes fechas se han realizado algunos estudios sobre reproducción en microgravedad con animales como ratas para analizar los efectos de la gravedad reducida en el sistema reproductivo; incluso se ha avanzado en el aspecto de la moda.
En 2006, la escritora e investigadora espacial Vanna Bonta, tras experimentar la ingravidez en vuelos parabólicos organizados por la National Space Society creó el 2Suit, una prenda diseñada para facilitar el contacto físico entre dos personas en condiciones donde la falta de gravedad dificulte mantenerse juntos. Consiste en una estructura que permite unir dos cuerpos mediante velcro, arneses y puntos de sujeción para estabilizarlos. Su prototipo fue probado en 2008 en el documental The Universe del History Channel. Su finalidad es permitir que dos personas permanezcan unidas en el espacio, lo que abre la posibilidad de estudiar la intimidad y la reproducción humana en futuras misiones o colonias espaciales.
El erotismo es una experiencia casi mística, una suspensión del tiempo, una comunión de dos cuerpos que desborda la reproducción y cualquier finalidad productiva. Su fuerza no es útil, es creativa, poética. Como escribió Octavio Paz en “Bajo tu clara sombra”, ese encuentro es “un cuerpo, un cuerpo solo, un solo cuerpo / un cuerpo como día derramado / y noche devorada; / la luz de unos cabellos / que no apaciguan nunca / la sombra de mi tacto; / una garganta, un vientre que amanece / como el mar que se enciende / cuando toca la frente de la aurora”.
Y, sin embargo, no puedo evitar preguntarme si en la insoportable levedad del espacio ese misterio seguiría intacto o si, como todo allá arriba, sólo sería polvo de estrellas. Porque aquí el deseo tiene peso, cae, insiste, se aferra. Allá, en cambio, todo flota, carece de pesadez y requiere de arneses y velcro para estar unido. Tal vez por eso, antes de conquistar otros planetas, deberíamos asegurarnos de no perder algo más básico: la capacidad de tocarnos sin salir orbitando en un orgasmo cósmico.
Contacto: quiqueescritor@gmail.com
Me heche a reír un poco.
Me la pasé imaginado todo.
Puntos suspensivos… Jajaja