ÓSCAR ÉDGAR LÓPEZ
La maestra con piernas de lechuga, un pene uniformado como soldado inglés, unas nalgas que parecen dos montañas, un gato incompleto: dos equis y un circulo, una viborilla entre página y portada, el candidato con pecas, coletas y dos dientes negros, un caracol debajo de la palabra “tarea”, las líneas amarillas de la carretera, un puerco sonríe dentro del cazo en el que se fríe, la cortina de metal vestida con garabatos de tinta azul, la ventana del autobús devela el paisaje entre líneas grabadas con piedra de afilar, una escultura horrible en un puente también horrible, del espejo retrovisor cuelga la estampa de “Rosita fresita”, en la mochila de los infantes un logotipo aburrido los hace parte de la estadística, la pantalla muestra un perro, que parece de carboncillo, bailar una conga. Éstos son apenas algunos dibujos que pude ver en el día.
El dibujo es dialéctica de la creación. Conversación sostenida entre el contenedor y lo contenido, el que dibuja con lo dibujado, aún antes de la palabra y como soporte de la misma: la grafía es también dibujo, el mundo entonces, como orden contrapuesto al caos, es composición, es punto y línea sobre el plano. Luego de ahí a la rugosa pared de la caverna, el salto al papel estucado y ahora en finas hojas bond, el ser humano no prescindirá nunca del dibujo, pues es a la par su consecuencia y origen de su historia. ¿Cómo interpretar la historia sin el dibujo?, acaso como una colección de accidentes en el vacío. Así de importante es, así de necesario y precioso es el trazado, el punto que crece, la mancha que invoca.
Existen varios tratados y métodos de dibujo, uno que ha sido muy importante es el de Kumon Nikolaides, este sistema, que exige disciplina y educa la mirada, fue analizado y adaptado por el artista Gilberto Aceves Navarro, quien impartió talleres de dibujo en su estudio y en centros académicos y formó a decenas de artistas plásticos, entre los cuales estuvo Emilio Carrasco, quien a su vez enseñó con este método a jóvenes dibujantes y pintores en Zacatecas (no es el caso en esta columna). La propuesta de Nikolaides es progresiva y va desarrollando la capacidad de abstraer de forma “natural” la realidad para “aprender a dibujar” no a hacer dibujos, esto es: no reproducir los vicios del vecino o del artista admirado, no copiar los yesos como hacen en la academia, sino dibujar como se habla, como se camina, de ahí el título de su obra “La forma natural de dibujar”.
Luz Posadas es una dibujante excepcional, lo demuestra su vasta producción y su diversidad formal. Sus temas suelen ser seres fantásticos provenientes de mundos alternos y bizarros en interacciones eróticas con gusto BDSM (bondange, sado, dominación, masoquismo), en sus dibujos brillan los estoperoles, huele a látex y cuero y se escucha la voz de Siouxsie Sioux. El trazo es dinámico y la composición abigarrada, los cuerpos tienen sensualidad, gracia y humor, las escenas porno, gore y oníricas proyectan tensión y equilibrio en escala de grises.
En el autorretrato “Ay, se me metió algo al ojo”, Posadas muestra un estilo de dibujo más contenido, la ejecución es más clásica, destaca su atinado uso del grafito y el asunto que muestra en esta obra es también uno recurrente en su trabajo: la infección e inoculación de un agente externo, ese “otro” chirriante, viscoso, cubierto de espinas, como un ciempiés longilineo, negro y brutal que nace del huevo podrido del paisaje pestilente, en una era decadente, en donde sólo los placeres extremos pueden acuciar nuestra sensibilidad apesadumbrada y enajenada por el festival virtual de la frivolidad. Éste y todos los Moustritos cachondos (título de uno de sus fanzines) de Luz Posadas nos confirman que el dibujo permanece en la estructura misma de nuestra identidades y que es posible y siempre válido replantear el mundo desde el arte, desde la línea que devora a la hoja.

Título: “Ay, algo se me metió algo al ojo”
Técnica: Grafito sobre papel
Autora: Luz Posadas
Instagram: @luzposadas