MANÍCULA
Ahora di algo hermoso y sincero
SARA ANDRADE
Todo es un performance cuando todo es un escenario. Las ventanas que abre mi celular parecen más un escaparate que un agujero voyeur a la vida secreta de los demás. ¿Qué tan secreta puede ser cuando todos nosotros nos exhibimos frente a los espejuelos del Dr. Algoritmo? La luz verde del otro lado del muelle es el like y nosotros, pobres y patéticos Gatsbies, estamos tirando fiestas imaginarias para que todo el mundo nos admire.
Así que hacemos un espectáculo de esto. Posamos para la foto, la editamos, la cortamos, le agregamos stickers para que la escena no luzca tan aburrida como en realidad fue. Porque la vida es aburrida y asimétrica y con una tendencia al caos que no cabe en los límites cuadrados de la publicación de Instagram. Escribimos precioso para Facebook, tuiteamos cosas perfectamente divertidas, leemos con perfecta dicción para TikTok. Somos la invención de nosotros mismos, cerrados herméticamente como un cuento bien hecho, resumidos en una línea precisa, coloreados con los tonos Pantone de temporada.
Todo es una ilusión cuando nos negamos a abrir los ojos. Ver (y escuchar y tocar y oler y probar) es una faena imposible cuando el zopilote de la vida digital nos da de tragar directo a la boca nuestro reflejo diluido.
Pero siguiendo la analogía del Gran Gatsby, ¿no tenemos nosotros entonces valía en lo que nos hace a nosotros mismos? ¿No somos ricos en algo que nadie más tiene? ¿No es nuestra particularidad nuestro mayor patrimonio?
Si no quieres tomar la ruta radical de borrar todas tus redes sociales y, como el hombre recién salido de la cueva, enfrentarte a la luz del sol con solo tus puños, entonces lo que puedes empezar a hacer es a mostrarte feo, irregular y titubeante. No de manera reaccionaria, ni enarbolando la bandera de la idiocracia, sino atreviéndote a decir, así como vez por la ventana del Instagram, así es como soy yo en realidad. Con papada, con risas nasales, con nada qué decir, con mucho qué decir, pero sinceramente. No para incomodar, no para continuar la propaganda de ultra derecha, la política incel de los que se graban en sus autos para reclamarle al mundo por su soledad auto infligida, sino porque tú eres tú y porque ¿no vales la pena solo por serlo?
Me pregunto si más allá de los chistes, las máscaras de IA y las citas aesthetics de poemas oscuros podemos presentarnos como lo hacemos en la vida real: hola, mucho gusto, esta es mi cara, estas son mis imperfecciones, esta es mi voz fracturada, mis manos frías, mi ropa manchada. Me pregunto si podemos usar las redes sociales no como un templo a nuestra fobia a la imperfección sino como un minuto dilatado, en el que podamos preservarnos, insecto en el ámbar, en ese momento de perfecta vulgaridad, de preciosa asimetría, tal y como somos.
Así que no me entregues un poema, una foto de Europa de hace 6 años, una macro de una flor con una canción de moda: muéstrame tu cara, enfoca tu boca diciendo algo hermosa y sincero.