Recomendación de ¿Dónde termina el verano?, de Elma Correa
DANIELA ALBARRÁN
¿Qué es lo que sostiene una amistad? A lo largo de mi vida he transitado muchas amistades y puedo responder a esa pregunta, un poco al tanteo, que es una combinación entre secretos, cercanía geográfica y afinidad entre estilos de vida, cultural y, ahora lo veo, económicos.
Traigo a colación esta pregunta porque creo que es, un poco, la pregunta vertebral que sostiene la novela Dónde termina el verano1 de la escritora mexicalense Elma Correa, y bajo esos ejes comenzaré a desentrañar la conversación que me surgió a través de su lectura.
Secretos: Aimé y Elisa: su amistad surge tal vez de la diferencia. Aimé pragmática, Elisa imaginativa. Si me lo preguntan, es el combo perfecto de una amistad. Pienso que algo que construye una amistad son esas diferencias que permiten observar en el otro nuestras carencias. Y creo que es desde ahí, desde el lugar de diferencia, donde ambas personajes comienzan su amistad, y en esa relación, en esa diferencia, de pronto surge el chispazo de algo en común. Por ejemplo, un secreto que es de pronto triste y doloroso. ¿Cuántas de nuestras amigas nos han contado sus secretos y tenemos que guardarlos? Y justo creo que la novela transita el silencio y la incomodidad de ver de frente a tu mejor amiga. Saber ese secreto. Tomarte el café en silencio y seguir sosteniendo una conversación que se salta el hablar de aquello que no se puede nombrar.
Cercanía Geográfica: Una amistad necesita casi siempre, para sostenerse, un territorio en común, aunque ese territorio sea un cuerpo ensangrentado, como bien lo pintó Bolaño2: lo que es la frontera. Tan cerca de EUA y tan lejos de México. Donde la precariedad laboral, la violencia sistémica, la violencia patriarcal y la violencia de saberse tan cerca de EUA —un “paraíso” que promete, pero nunca cumple— están presentes. Aimé y Elisa habitan los primeros años de su amistad juntas en esa frontera; una quizá menos pobre que la otra, pero pobres al fin, como sucede casi siempre en todas las amistades: una tendrá para invitarle el café a la otra, y la otra espera que cuando le invite el café a su amiga, ella pida el más barato. Cuando Elisa se va de Mexicali a cumplir su sueño de atleta, las dos niñas se separan. Siempre he pensado: ¿vale realmente la pena ir por tus sueños aunque tengas que dejar atrás a tu mejor amiga? ¿Cuántas veces en nuestra infancia no sufrimos porque nuestra mejor amiga se tuvo que cambiar de ciudad o de escuela por capricho de sus padres? Pienso en eso, pienso en el dolor que es dejar de ver a tu mejor amiga y pienso en lo bien que ese sentimiento, que quizá en la adultez ni siquiera hemos nombrado o sanado, lo pudo reflejar Elma en su novela.
Afinidad entre estilos de vida
Esta esfera es una de las más complicadas; he visto e intentado sostener amistades con personas cuyo estilo de vida ya no se parece al mío, y me aferro por los secretos, por el pasado. Quizá, y creo que ese es el primer síntoma de decir adiós: aferrarte, como cuando Elisa y Aimé mantienen conversaciones cada vez más espaciadas, cada vez más incómodas y cada vez más de compromiso. Qué tristeza ver una amistad fragmentarse poco a poco porque el estilo de vida es cada vez más distante. ¿Qué pasa con las amistades donde una de ellas, como Aimé, por cuestiones de la vida se vuelve rica? ¿O si su estilo de vida no congenia con nuestros valores? ¿Cómo recuperas eso?
El libro de Correa no sólo me gustó, sino que hizo que me cuestionara sobre las amistades que he sostenido; sobre por qué no centralizo mis amistades en vez del amor romántico. Pienso en que si confrontamos constantemente a nuestra pareja, si le cuestionamos, si intentamos resolver los problemas que surgen de compatibilidad, la culpa y la incomodidad, ¿por qué no hacemos eso con nuestra amistad? Si bien es una novela que transita muchos otros temas, me parece luminoso que haya encapsulado momentos de amistad entre niñas/mujeres de una manera tan emotiva, como la primera vez que te baja y te sincronizas con tu mejor amiga, o la vez que se enamoran del mismo chico, o el momento preciso en que sabes que algo entre ustedes se rompió y jamás podrás pegarlo, la rabia que sientes al saber que alguien lastimó a tu mejor amiga, el dolor que sientes cuando ella también siente dolor. Creo que de eso habla la amistad de Aimé y Elisa, del transitar de la vida, de volverse adulta, y del territorio, o de cómo diría Lawrence Durrell, “una ciudad es un mundo cuando ama a uno de sus habitantes”.
Referencias
1Novela ganadora del Premio Biblioteca Breve, 2026.
2En “La parte de los crímenes” de 2666.
