La claqueta siempre llega antes de la imagen. Es un gesto mínimo, casi discreto, que separa el murmullo del rodaje del comienzo de la escena. Un objeto que no pertenece del todo al mundo visible, pero sin el cual la imagen no podría existir. En la exposición colectiva Claquetas Intervenidas, presentada en el vestíbulo de la Cineteca Zacatecas, ese instante previo se convierte en materia poética, en superficie para la memoria y la imaginación.
Las claquetas, desprendidas de su función técnica, son aquí cuerpos que recuerdan. Cada una guarda una relación singular con el cine, no como industria ni como espectáculo, sino como experiencia íntima. El cine que se mira con los ojos cerrados, el que vuelve en forma de escena persistente o de película repetida hasta el desgaste. Al recorrer la muestra, no se avanza hacia una historia lineal, sino hacia una constelación de imágenes detenidas.
Hay claquetas que aluden a películas que forman parte del imaginario colectivo. Macario aparece como sombra, Alucarda como eco, no desde la cita exacta, sino desde el clima que dejaron en quienes las vieron. Otras piezas miran hacia lo cercano, hacia la imagen documentada de los rituales populares, como las Morismas de Bracho, donde el cine se entrelaza con la repetición del gesto y la herencia. El cine, en estos trabajos, no es sólo pantalla, es territorio.
Queridas lectoras y estimados lectores, el recorrido por Claquetas Intervenidas invita a desacelerar la mirada. A entender que antes del movimiento hubo una pausa, un silencio, una respiración compartida. La claqueta, acostumbrada a ordenar el caos, se entrega aquí al desorden creativo. Se deja pintar, herir, cubrir, transformar. En esa entrega hay una afirmación: las imágenes también se construyen desde lo invisible.
El vestíbulo de la Cineteca se vuelve una antesala expandida. No se entra a una proyección, sino a un estado de atención. Las claquetas no anuncian “acción”, anuncian memoria. Y en ese momento previo, suspendido, ocurre algo esencial: el cine se vuelve objeto, el objeto se vuelve arte, y la mirada aprende a esperar. No lo olviden, juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero