ÓSCAR ÉDGAR LÓPEZ
El problema es el individuo, pretender que la existencia se limita a la sensibilidad del sujeto y que ahí la vida se ve finiquitada; nada más erróneo que pretendernos únicos, debemos comprender que la forma: nuestro cuerpo y mente, como fenómenos inseparables, experimentan la realidad por fragmentos y dada la bastedad inconmensurable de lo eterno nos resulta imposible atisbar lo real de eso real fuera de nuestros límites. Como el trance de estar vivos se percibe por los sentidos, pasamos por alto que hay una “inteligencia” infinita que al percibirse a sí misma se presume finita y limitada, pero ¿no es acaso la muerte el motor de la vida, no es justamente eso que tomamos por barrera lo que asegura la eternidad?
Aquí, el capitalismo sanguinario del que todos formamos parte en la actualidad nos instruye desde el nacimiento para fortalecer el ego individualista y nos “invita” a diseñar un personaje capaz de encajar en alguna de las múltiples ofertas de consumo que constantemente reorganiza para darle frescura y actualidad a los ya oxidados modelos y estereotipos: desde el empresario-emprendedor al adicto-redentor pachamamón, todos formamos parte de este ridículo entremés sanguinario y déspota, pues ya desde que somos un “proyecto amatorio” de nuestros padres formamos parte de la tecnología sistémica que prefigura el cómo y el por qué habremos de existir. Por lo tanto, nuestro conocimiento es encajonado y, si percibimos la eternidad, la entendemos de forma exotérica: algo que está allá en las estrellas y no en nuestra propia corporeidad, porque vivimos desde la agonía del instante y no en el gozo de lo infinito. Nunca observaremos al humano por fuera de lo humano, ni besando ranas tóxicas ni bailándole a un figurín de escayola.
Zeus Sánchez es un artista con un discurso tan bien cimentado que se traduce en una producción plástica coherente, él sí tiene “qué decir” y dice de una manera aberrante, visceral y perturbadora, sus imágenes son complejas, la interpretación no puede ser lineal ni se agota en una simple lectura impresionista, aunque la primera impresión sí que deslumbra y retumba.
Considero que en el grabado a la punta seca “Recreación de un límite” Sánchez nos habla de esa eternidad de la carne y la finitud del personaje (s) que suele vestir el ego humano en su cuerpo finito siempre en degeneración. Vemos a un hombre joven en cuclillas, de su espalda brotan nuevas ramas del viejo árbol de la vida, hay dos ancianos como frutos casi podridos que se renuevan en las vísceras del nuevo portador del disfraz humano; también vemos una mano, de una víctima de homicidio quizá, que sujeta un papel en el que se lee “ZAC” abreviatura de Zacatecas, estado de la República Mexicana que padece una muy larga historia de saqueos, impunidad, miseria política y crueldad. El árbol puede ser un mezquite y aparecen también unos nopales, símbolos de identidad local y nacional. Uno de los ancianos parece un retrato de Diógenes de Sinope con la linterna en plena búsqueda “del hombre honesto”, ¿acaso es el mismo que aparece en la parte inferior de la obra? Posiblemente, como un símbolo de que la única honestidad de un ser humano viene al fenecer y así: continuar.

Título: “Recreación de un instante”
Técnica: Grabado a la punta seca
Medidas: 18.5 x 13 cm (imagen)
Autor: Zeus Sánchez
Instagram: @Zeus Sánchez